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Santa Cruz de Tenerife y el agua (Parte I)

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Sobre el blog

Yuri Rubio Mora
Yuri Rubio Mora es Ingeniero civil especializado en hidráulica e hidrología.
Global Omnium
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He aquí la historia de un pueblo de pescadores, los chicharreros, que primero fueron aborígenes asentados en cuevas naturales de los montes de Anaga para algunos cientos de años más tarde terminar convirtiéndose en ciudadanos de un área metropolitana compartida que es capital de provincia de las Islas Canarias, España. He aquí el devenir de un pueblo que como todo pueblo tiene una historia vinculada al agua. En memoria de mi abuelo que me regalo esta historia, Don Palmiro Mora Vargas, gracias abuelo. Bienvenidos/as a Santa Cruz de Tenerife, la ciudad donde nací.

Santa Cruz de Tenerife tiene una historia vinculada al agua

Antes de 1500

La historia del agua de Santa Cruz de Añazo, comienza en los frondosos montes de Anaga que era auténtica masa vegetal de captación del agua. Las xerófilas de costa, el bosque de Laurisilva y las formaciones de fayal-brezal procuraban la actividad infiltradora. Los ricos manantiales brotaban en las cumbres incesantes, la vida se desarrollaba en aquel lugar, en torno al agua fresca de Anaga. La cumbre y la costa de Santa Cruz estaba unida por multitud de barrancos con corrientes de agua semipermanentes que desembocaban en la playas de Añazo, entre las más destacadas de estas corrientes: Santos, Tahodio, Bufadero, San Andrés, Almáciga, Benijos,... Las cuevas eran abundantes en los cauces de estos barrancos. Siendo especialmente intensa la ocupación en el de Santos y en los del entorno de Taganana. Era la llamada natural de la costa, de los recursos naturales como el chicharro, de los climas más venideros. El agua en la época anterior a la conquista no debía escasear. Pues si por algo se caracterizaban los guanches era por vivir en armonía con la naturaleza, al margen de lo superfluo e innecesario. 

Los montes de Anaga un manantial de agua fresca para los guanches de Añazo


Monte de Anaga

Entre 1500-1600

La presencia de agua no constituyó un obstáculo para el desarrollo de la ciudad en los primeros años de su historia. En 1552 Santa Cruz poseía una población de 446 habitantes asentados en unas 200 casas en las inmediaciones del barranco de Santos. Los caudales necesarios para el abastecimiento no eran considerables. Los vecinos se abastecían sobre todo, de los pozos, extrayéndose el agua por medio de norias. La ciudad conserva hoy una calle paralela y anexa al barranco "De la Noria" o debería ser "De las Norias" en recuerdo del sistema de extracción del agua. En la Santa Cruz de 1500 existían pozos y aljibes particulares en las casas y también había pozos públicos "de un pozo de agua dulce, que desde tiempo inmemorial se hallaba situado en la orilla meridional del barranco, al lado derecho del puente que allí remata". Mientras que el agua de los barrancos se empleaba para abrevar ganado, para los riegos y para lavar la ropa y las prendas domésticas. 

Los pozos y aljibes eran los protagonistas del abasto

Aunque la presencia de agua no constituyó un impedimento para el desarrollo inicial (de baja demanda) hubo un hecho producido en estos primeros años, tras la conquista, que tendría sus implicaciones y no fue otro que la explotación y tala del bosque de Anaga, que proveía buenas maderas. Si tenemos en cuenta que la mayoría de las corrientes tenían su nacimiento en el macizo, es de suponer que, las corrientes semipermanentes que recorrían los barrancos de la ciudad no comenzaran a ser tan abundantes, salvo en las épocas de precipitaciones. Esa actividad maderera, unida a los incendios, mermaba y ponía en peligro no solo el suministro de agua de Santa Cruz sino el del municipio de La Laguna. 

Con el crecimiento de la población, y aún siendo un caserío en comparación con La Laguna, ya no resultaban tan sencillas las labores de suministro a propios y extraños (navíos del puerto); a los pozos y aljibes se unieron las aguas traídas desde La Laguna, o incluso desde Candelaria, residencia de nuestra patrona. Los pozos se secaban en verano y ya era un hecho constatado y evidente en 1600 que el agua proporcionada por los pozos o la que corría por los cauces no era suficiente.


Santa Cruz según Torriani, año 1588.

Entre 1600-1800

Así se empezó a estudiar la posibilidad de complementar el sistema de abasto de la ciudad basado en los pozos y aljibes. Pero la escasez de recursos económicos motivó que este continuase siendo por mucho tiempo (1600-1700) el único sistema de abastecimiento con que contaba la población. Así, en 1670 se hace una recopilación de las ordenanzas de conservación y aprovechamiento de las aguas que prohibían expresamente la generación de fuegos en las proximidades de los nacientes, entre otras "que no traigan ganado cerca del nacimiento de las aguas ni hagan fuego" "que no echen vasura en La Laguna".

Entre los estudios para complementar el sistema de abastecimiento figuraban la elección del tipo de infraestructura hidráulica, de los manantiales que habrían de servir de fuente, de la financiación de las obras y de los materiales con los que debían realizarse los trabajos. Se optó por construir un canal elevado que hiciera las veces de acueducto para conducir las aguas desde los manantiales del Valle de Aguirre situadas en La Laguna, unas aguas que hasta entonces discurrían por el barranco de Tahodio. El material elegido fue la madera porque las montañas de Anaga permitían disponer de la materia prima "in situ", aunque desde el punto de vista ingenieril fue un error bastante grave pues el agua y la madera solo son amigas en los navíos. El canal se construyó rápidamente (1707-1708) pero pronto se observó que las pérdidas de agua eran constantes, superiores al 50% de lo alumbrado, al igual que eran constantes las reparaciones necesarias para su conservación.

Un canal de madera condujo las aguas hasta el corazón de Santa Cruz


Traza del canal sobre plano de 1740.

La obra de conducción no se limitaba exclusivamente al tendido del canal de madera desde los nacientes de Aguirre hasta Santa Cruz, sino que también había que atender a la distribución en el interior de la ciudad. Así el canal después de recorrer varios kilómetros serpenteando las montañas desde Aguirre entraba en la población a la altura del actual Parque García Sanabria, discurriendo por el interior de la ciudad hasta llegar a la Casa del Agua, que hacía las veces de depósito municipal, ubicada junto al Convento de Santo Domingo. Desde el depósito partían otros canales descubiertos, primero de madera y después ejecutados en mampostería, que conducían las aguas a las fuentes públicas gratuitas, a aljibes y a las aguadas del puerto. La primera de estas fuentes públicas que se construyó fue la de La Pila (1708-1709) ubicada en lo que hoy es la Plaza de la Candelaria. Le secundo la pila de Santo Domingo (1709) que primero estuvo ubicada en la Calle del Pilar y ahora ocupa un puesto noble en las inmediaciones del Teatro Guimera. Posteriormente se construyeron otras como la de los Caballos (1805), la de Puerto Escondido (1820), la de Morales (1837), la de Isabel II (1845)... Muchas de las cuales pueden ser visitas en la actualidad.


La Pila primer ornato público de la capital tinerfeña, vestigio civil más antiguo de la ciudad.

Había horas para llenar los aljibes o abrir las fuentes públicas de la ciudad. Las aguadoras acudían diariamente al encuentro del agua. Había algarabía alrededor de las pilas de las que manaba el agua y cada cual con su cacharro o cántaro tomaba y llevaba a su casa el agua necesaria. Las lavanderas seguían lavando las prendas en los barrancos de Santos y Tahodio teniendo que recorrer distancias enormes y realizar aquella función en condiciones higiénicas deficientes.

La población obtenía el agua de las fuentes públicas que estaban repartidas por la ciudad

En 1776 se iniciarían las obras para sustituir el acueducto de madera, por una atarjea de mampostería, obras que estuvieron bastantes años paradas, periodo durante el cual lo único que se logró fue sustituir los canales descubiertos que existían dentro de la población por tubos de barro cocido enterrados en el suelo. Al disponer las conducciones bajo tierra se consiguió evitar la rapiña de los particulares y se mejoró notablemente la potabilidad de las aguas de abasto.

La financiación de las obras siempre fue uno de los grandes problemas cuya solución se daría por diferentes cauces: La Real Hacienda, pósitos del Cabildo y aportación voluntaria de los vecinos del lugar. En función de las mismas, los vecinos recibían una recompensa o un trato preferencial en cuanto al uso de las aguas una vez llegaban a Santa Cruz. Una concesión de privilegios que también se dio a la Iglesia. Tanto para la conservación como para la sustitución del acueducto de madera se recurrió al dinero que reportaba la compra de los derechos de aguada del puerto.

Pese a la existencia de los pozos y aljibes y las nuevas fuentes públicas, el acueducto de madera fue el auténtico protagonista de esta época y su importancia para la población no solo era evidenciada por los santacruceros también lo fue por el Almirante Nelson (1797) al entrar entre sus planes de ataque a Santa Cruz el destruir el acueducto de madera en algún punto. Entendía estrategia clave lograr el desabastecimiento de agua para lograr la rendición de la plaza. Nelson fracasó.

El Almirante Nelson trato de atacar el acueducto de madera que abastecía a Santa Cruz

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Redacción iAgua

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