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Santa Cruz de Tenerife y el agua (Parte II)

  • Santa Cruz Tenerife y agua (Parte II)

Sobre el blog

Yuri Rubio Mora
Yuri Rubio Mora es Ingeniero civil especializado en hidráulica e hidrología.

Cuenta la leyenda que en el Monte de Anaga nacían unas aguas frescas que daban de beber a los guanches de Añazo. Cuenta la leyenda que los barrancos corrieron y trasladaron la vida de la cumbre a la costa. Cuentan los primeros pobladores de Santa Cruz que sus pozos, aljibes y las aguas de Anaga corriendo sus cauces les eran suficientes. Pero también cuentan que tan pronto crecieron en número debieron construir un canal de madera para conducir el recurso y así poder desarrollarse como núcleo poblacional, como plaza. Cuenta la leyenda que historia fue la primera parte. Y que he aquí la segunda parte de esta aventura. A mi familia los Mora. Bienvenidos/as a Santa Cruz de Tenerife, la ciudad donde nací.

Santa Cruz de Tenerife tiene una historia vinculada al agua

Entre 1800-1835

Para cuando fue consumada la famosa victoria sobre las fragatas del inglés Horacio Nelson Santa Cruz contaba con 6889 habitantes repartidos en 17oo hogares y unas pocas cuevas habitadas, en torno a 20. La evolución de la población santacrucera se caracterizó a lo largo de este periodo por su irregularidad y sus saltos bruscos. Así por ejemplo fue azotada en 1810-1812 por la fiebre amarilla en la que falleció el 25% de su población. Durante estos años podemos establecer unos 7200 habitantes a los que había que facilitar el suministro de agua. En el inicio de este siglo hubieron dos acontecimientos que marcaron el devenir de la empresa del agua. De una parte la creación del Ayuntamiento que supuso el traspaso competencial de los capitanes generales a la administración municipal y de otra parte la continuación de la obra de la atarjea de mampostería que sustituiría al canal de madera. 

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife se creó en 1803 y una vez constituido mantuvo grandes pleitos para solventar los obstáculos que la asunción de las competencias requería. Una comisión municipal destacó la importancia de lo útil de la administración del ramo del agua, las aguas de abasto público "y con beneficio y utilidad común" con esta premisa el Ayuntamiento buscaba responsabilizarse de una serie de obligaciones, entre ellas la de asegurar el suministro. Así los pleitos se trasladaron a la La Laguna en la lucha por la propiedad de los manantiales, quedando el monte de Aguirre a censo de reserva del Ayuntamiento de Santa Cruz por unos sesenta pesos al año. En el año 1810 el Ayuntamiento recibió la administración del servicio de aguas. En ese mismo año aprobó su primer reglamento del agua que venía a declarar que la administración del agua a partir de ahora le correspondía; definiendo a los agentes, sus funciones, retribuciones, de aquella manera en el reglamento figuraban el alcalde del agua, el canalero, el depositario de los fondos del ramo.


Fachada del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife

El Ayuntamiento comenzó la administración del servicio de aguas en 1810.  

Asumida la nueva responsabilidad surge la urgente necesidad de conseguir una normalización de caudales de abasto. El abasto a la población, mediante las fuentes públicas, se convierte en el principal objeto de atención y homogeneización por parte de los municipales. Así, "éstas (aguas) correrán desde el amanecer hasta el anochecer, salvo las cuatro horas de la siesta que se destinarán para proporcionar agua a los aljibes y buques".  La escasez del recurso y en muchos casos la ausencia total del mismo era un fenómeno frecuente en Santa Cruz. En momentos de escasez el grupo municipal era capaz de adoptar medidas de emergencia, como por ejemplo en 1825 que se tuvieron que traer aguas desde el Valle de San Andrés. En realidad las medidas de emergencia eran intentos de normalización que se repitieron más de una vez. 

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Estaba claro que si Santa Cruz quería llegar a convertirse en una villa en expansión debía proveer los medios adecuados para aumentar el agua y mejorar su conducción "Santa Cruz será siempre sin agua un pueblo de corto vecindario, que no podrá con su poco consumo dar fomento y aumentar las producciones" "La necesidad que hay de aumentar y aprovechar bien las aguas que sirven actualmente para el abasto público". La idea era meridiana, retomar el fallido inició de las obras de sustitución del canal de madera por la atarjea de mampostería. Conseguir ejecutar una nueva conducción que fuera lo suficientemente sólida y resistente para transportar el caudal en términos de eficiencia desde los valles de Aguirre hasta el corazón de la ciudad. Y de aquella manera, acabar de una vez por toda con las reiteradas escaseces.

Retomar las obras de la atarjea de mampostería desde Aguirre sería la apuesta del grupo municipal

La atarjea de mampostería se convertiría en el proyecto más ambicioso de la corporación. Tan ambiciosa era la enmienda que requirió respuesta real en forma de autorización para introducir ciertos arbitrios que permitieran la financiación. En 1827 se consiguió dar de nuevo inicio a la atarjea, en ese momento se contaba con aproximadamente un tercio de la misma ya ejecutada, desde los nacientes de Aguirre hasta el valle de Tahodio a un lugar denominado Los Charcos, por lo que la obra nueva discurriría desde allí hasta el Barranco de Almeida entrando por la Calle San Martín a la población. La longitud total de la atarjea era de 9-10 kilómetros por lo que faltaban más de 6 largos kilómetros por construir. La ejecución de la atarjea se realizaba por tramos provocando la derivación del propio canal de madera para no cortar el suministro de la ciudad. Se tardaron siete años en concluir las obras (1834) ascendiendo el coste a ocho mil duros. Acto seguido la nueva atarjea de mampostería entraba en funcionamiento (1835) siendo capaz de transportar 200 pipas de agua cada hora (1 pipa son 500 litros de agua aproximadamente). La abundancia de agua llegada entonces a la población motivó una nueva reglamentación del agua más detallista por parte del Ayuntamiento.

La atarjea de mampostería solucionó el problema de abastecimiento secular de la ciudad de Santa Cruz

Con todo el sistema de abastecimiento desplegado compuesto por la nueva atarjea (1835) y la distribución interior ejecutada años antes (1816-1819) se conseguía surtir las fuentes públicas de Santo Domingo, Calle del Pilar, Puerto Escondido, la del Castilo, etc. También se proporcionaba, previo pago, agua a los aljibes particulares y a las huertas. Las aguadoras, que tenían una fuente pública asignada para surtirse, se encargaban de la distribución actuando como un servicio a domicilio para aquellas familias que podían adquirirla. El agua de los barrancos en sus tramos inferiores aún seguían utilizándose para abrevar ganados y por las lavanderas. 

Entre 1836-1896

Los esfuerzos empezaron a centrarse en la mejora de los servicios. Entre las líneas de trabajo figuraba en primer lugar incrementar los caudales de captación así en 1848 se comenzaron a conceder licencias de explotación de nacientes a particulares (Sociedad de Pozos Artesianos creada en 1844). Los cuales no tardaron en abrir nuevas galerías en Aguirre disfrutando en propiedad del agua y pagando como canon el tercio de las aguas alumbradas que debía ser dispuesto en la atarjea. Con los nuevos alumbramientos se consiguió duplicar el número de horas de agua mensuales con que contaba la población. Pero en 1957 tras la concesión de nuevas licencias se dieron problemas en el acuífero puesto que las nuevas galerías empezaban a pisar el caudal de las preexistentes. Una de estás situaciones provoco incluso escasez extrema, momento en el que Ayuntamiento descartó nuevas concesiones manteniendo algunos particulares las aguas en propiedad durante muchos años. El Ayuntamiento no fue capaz de recuperar todas las concesiones hasta bien entrado el siglo XX.

La mejora de los servicios públicos del agua marcarían este periodo.

La segunda línea de trabajo se centro en el control de las pérdidas de agua que se sufrían a lo largo de la atarjea, pero también desde los nacientes al "tomadero" (el tomadero era el punto donde se unían todas las aguas de los diferentes manantiales "nacientes" de Aguirre y donde comenzaba la atarjea), y también las pérdidas que se sufrían en la red del interior de la población. Las pérdidas se debían fundamentalmente a "salideros" y a la evaporación. Las fuertes lluvias de invierno capaces de arrastrar gran cantidad de tierras, piedras y raíces obstruían la atarjea provocando los mencionadas salidas de aguas. Incluso una de las veces una de esas obstrucciones arruinó 37 metros de la atarjea provocando el corte del suministro "a resultas del crecimiento de las aguas y del mucho entullo de raíces y arbolados que traía". Para controlar las pérdidas de agua al mantenimiento de la atarjea se unía la medida con frecuencia de los caudales. Así por ejemplo para controlar las pérdidas en la atarjea se media el caudal a la entrada del tomadero y el caudal a la entrada en la población (en calle San Martín). Por si fuera poco, a las perdidas había que sumar el derroche que suponía mantener las fuentes siempre abiertas, al ser un sistema fluyendo continuamente se intentó colocar grifos en las fuentes públicas con el fin de ahorrar; sin embargo, el sistema, tanto la atarjea como la distribución del interior de la ciudad, no era capaz de trabajar en presión.

Las pérdidas de agua lastraban la regularidad y calidad del servicio de abasto

El servicio de agua para riego representó durante muchísimos años un porcentaje elevado del caudal del agua que requería Santa Cruz, que por aquel entonces era un gran huerto. Las tierras de cultivo eran bastantes numerosas pues se habían multiplicado tras el canal de madera. La peculiaridad del servicio de riego era que el usuario debía pagarlo, igual que debían pagar los propietarios por rellenar sus aljibes particulares, la diferencia radicaba en que el agua de riego se cobraba a un precio bastante inferior al agua de los aljibes. Recordemos que el agua de consumo humano de las fuentes públicas era gratuita, excepto cuando las aguadoras o aguaderas realizaban el servicio de transporte a los domicilios. Con todo, el agua destinada al consumo humano, fuentes públicas y aljibes, tenía prioridad sobre las aguas para riegos. Para mantener los huertos de Santa Cruz se hizo necesario la búsqueda de otros caudales de agua diferentes a los Aguirre, caudales que ni siquiera debían poseer una calidad de aguas ni parecidas a las alumbradas hasta el momento, pues el riego se podía proveer con peores aguas. Exploraciones de manantiales en Tahodio y Valleseco sumados ha intentos de pequeñas presas en el cauce del Barranco de Santos nunca resultaron suficientes para mantener el gran huerto urbano. Así cuando entre los años 1878 y 1898 Santa Cruz duplicó su población, pasando de 16.000 a 38.000 habitantes, los usos agrícolas en Santa Cruz se fueron perdiendo. Las huertas fueron desapareciendo al no poder proveer unas aguas con inferior calidad, de manera suficiente y de una manera regular. Algunas huertas sirvieron años más tarde de espacios verdes de la ciudad como es el Parque Municipal, la Plaza del Príncipe (antigua huerta del Convento Franciscano).

Santa Cruz era un gran huerto urbano para el cual no pudieron conseguirse aguas adecuadas

Los servicios de lavandería, mejor dicho los lavaderos públicos, también serían protagonista en los inicios de este periodo. Así, en 1939 se inicia la construcción de los lavaderos que se edificaron en un solar próximo al barranco de Almeyda y calle de las Canales Bajas, cedidos a cambio de los sobrantes del agua de lavado. La edificación de planta cuadrada con su centro ocupado por un gran estanque alrededor del cual y adosadas a la pared existían hasta 60 bancas para lavar. Con los lavaderos públicos se mejoraban las condiciones higiénicas de los barrancos notablemente.


Lavadera de Santa Cruz.

Junto con el servicio de abasto a la población los servicios de aguada al puerto resultaban de vital importancia para los santacruceros, pues el dinamismo de Santa Cruz estaba íntimamente ligado con su puerto. Los servicios de aguada del puerto siempre fueron preocupación desde los tiempos de los capitanes generales. Los barcos se surtían desde finales del siglo XVIII por medios de caños, los caños se alimentaban del agua de la pila. En este periodo se estableció un acueducto que partía desde la Fuente de Isabel II llegando hasta el muelle, donde remataban don grifos que facilitaban enormemente las aguadas, entendidas como la operación de aprovisionamiento de las aguas por parte de las embarcaciones. En los últimos años era un buque-aljibe el que realizaba esta operación.

Entre 1897-1911

La época de transición a la red de agua a presión de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife se inició en 1897 con la aprobación por parte del Gobierno Civil del plan de obras municipales, en el que se incluía el proyecto "Conducción a esta ciudad para el abastecimiento de la población, previa expropiación si fuere necesario de las aguas que brotan en los nacientes de este término municipal llamados Roque Negro y Catalanes". El proyecto constaba de dos fases bien diferencias, por un lado la captación de las aguas de los citados nacientes y su reunión por medio de un túnel que discurriera desde Roque Negro a la zona de Catalanes. Y por otro lado la construcción de los acueductos necesarios para conducir los caudales desde Catalanes a la ciudad. Con estás obras se quería quintuplicar los caudales históricos de Aguirre. 


Túnel en las inmediaciones de Catalanes.

Un gran proyecto marcó la transición a la red de agua a presión para la ciudad de Santa Cruz de Tenerife

La construcción del canal Catalanes-Santa Cruz se efectuó sin mayor contratiempo quedando disponible en 1900. El problema del proyecto sobrevino en la construcción del túnel que debía atravesar la cumbre para lograr reunir las aguas de Roque Negro en Catalanes. Ante las complicaciones de carácter técnico que se presentaban para ejecutar el túnel se tuvo que redactar un modificado del proyecto "Modificación del proyecto de abastecimiento de agua de Santa Cruz de Tenerife". Luego una serie de accidentes e incidentes complicaron la empresa del túnel quedando paradas las obras durante un año diciembre 1912-diciembre 1913. Los continuos desprendimientos no impidieron que las obras del túnel fueran llevadas a buen puerto en 1916. En cualquier caso, la inexistencia de una red de distribución adecuada en el interior de la ciudad impidió cuantificar los beneficios que reportaba el proyecto Roque Negro - Catalanes - Santa Cruz de Tenerife. La ciudad necesitaba un gran depósito regulador si quería empezar a soñar con una red a presión. Habría que esperar algunos años para que se comenzase a desplegar la red de agua presión. La historia moderna del agua de la ciudad.

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Redacción iAgua

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