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Redacción iAgua
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Jordi Rovira

En el siglo XVIII el financiero escocés John Law se refirió al valor del agua comparándola con los diamantes. El agua, aseguraba este experto, tiene un valor ínfimo, casi imperceptible, a pesar de ser un elemento básico para la vida humana. El problema es que al disponer de ella en grandes cantidades no se aprecia su auténtica valía. Los diamantes, en cambio, son de escasa utilidad pero están muy valorados por ser difíciles de obtener. Lo que Law desconocía es que dos siglos después los diamantes seguirían siendo codiciados en el mundo entero pero el agua empezaría a ser vista como una auténtica joya de la humanidad.

Los datos aportados por el IV Foro Mundial del Agua que estos días tiene lugar en Ciudad de México apuntan en este sentido. El panorama es desalentador. Los expertos reunidos en este encuentro internacional recuerdan que actualmente 1.000 millones de personas carecen de agua potable en el planeta. Es precisamente la percepción social de que el agua es un bien finito lo que ha permitido que en los últimos años se haya producido un cambio en la mentalidad tanto de muchas administraciones como de una parte de la opinión pública. Para seguir incidiendo en este punto, a las puertas del Día Mundial del Agua, que se conmemora el próximo miércoles, Barcelona acoge este fin de semana la Festa de l´Aigua en el Arc de Triomf. Pero lo que muchos ciudadanos quizás desconocen es que lejos de la calle, en las altas esferas políticas, hace unos años que se está llevando a cabo una auténtica revolución azul.

Una conjunción de factores han permitido este cambio radical. La victoria del PSOE en las últimas elecciones generales y la llegada del gobierno tripartito a Catalunya han permitido dar un impulso a los principios de la Nueva Política del Agua, que tiene en la directiva marco del Agua europea - de obligado cumplimiento para los países miembros-su máxima expresión. El objetivo de esta normativa es asegurar un "buen estado" de las aguas para el 2015. "La directiva se centra en la calidad y no tanto en la cantidad y nos dice que el agua, aparte de ser un bien del que disponemos para su uso, también es un activo medioambiental", recalca Narcís Prat, catedrático de Ecología de la Universidad de Barcelona. "Las administraciones han pasado de gestionar la madera a gestionar el bosque", ilustra a modo de ejemplo Pedro Arrojo, doctor en Ciencias Físicas por la Universitat de Zaragoza y presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua que en el 2003 obtuvo el premio Goldman, considerado el Nobel del medio ambiente.

Alternativas al trasvase "En el último cuarto de siglo, los problemas se han solucionado a base de trasvases. La calidad del agua en los ríos es una garantía y un trasvase es la negación de todo esto", critica Narcís Prat. Pero todo indica que los grandes obras hidráulicas han pasado a la historia. Sin embargo, ese cambio de paradigma no es fácil de asumir para algunos que llevan años aplicando el mismo modelo. La directiva marco, por ejemplo, exige que se analice la calidad de las aguas a partir de unos indicadores biológicos. "En España eso supone toda una revolución pues hasta ahora los indicadores biológicos estaban marginados. Ahora los profesionales de las administraciones están obligados a pensar de otra manera y a algunos eso les está costando mucho", afirma Prat. "Antes, el componente de la construcción era muy importante entre los técnicos de la casa. Ahora con esta nueva manera de ver las cosas hay más trabajo para las industrias del medio ambiente y menos para los constructores del hormigón. Algunos técnicos han entendido este cambio rápidamente. A otros les ha llevado más tiempo", reconoce Jaume Solà, director de l´Agència Catalana de l´Aigua.

La visualización de toda esta nueva política se observa en la batería de iniciativas que la Agència Catalana de l´Aigua presentó el pasado 19 de enero como alternativas al trasvase del Ebro. Se trata de 30 actuaciones con una inversión que asciende a 1.333 millones de euros. Precisamente algunos de los ejes principales de esta nueva manera de trabajar (desaladoras y reutilización) son las que estos días se señalan como alternativas por tener en cuenta en el IV Foro Mundial del Agua. "Las desaladoras permiten obtener un agua pura, sin contenido alguno de salinidad", asegura Solà. La que se está construyendo en el Llobregat es la principal baza de las actuaciones presentadas en enero. Se espera tenerla finalizada este próximo verano. También está previsto construir dos más en el Tordera y el Garraf. No obstante, las organizaciones ecologistas advierten de la gran cantidad de energía que consumen este tipo de instalaciones.

Otro punto clave de la nueva gestión del agua es la apuesta por la reutilización del agua; es decir, la reintroducción en el sistema de unos caudales de agua que hasta ahora se perdían en el mar tras un primer uso. "Dentro de diez años en Catalunya no habrá agua de depuradora que no sea utilizada de nuevo. Y los payeses saben, y así me lo han reconocido, que al final sólo les quedará el agua de las depuradoras, que es una fuente inagotable", afirma Solà.

Para Lleonart Carcolé, director general de Catalunya y Baleares del sector del agua de Aigües de Barcelona (del grupo Agbar) la reutilización del agua "es un elemento más de esta nueva política, pero no es la solución absoluta porque no se podrá utilizar nunca el 100% de la misma. Algunas aguas residuales no podrán utilizarse como agua doméstica mientras que sí podrán aprovecharse para el riego de zonas verdes y agrícolas y en determinados usos industriales".

Hoy en La Vanguardia.

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