Hace unos días, busqué en Netflix el nuevo documental Brave Blue World, donde se hace un recorrido por la situación mundial del agua de la mano de actores como Matt Damon o Liam Neeson. El documental pretende plasmar las carencias, las innovaciones y la perspectiva de futuro del agua tanto a nivel global como local. Está rodado en diferentes partes del mundo y cuenta con la colaboración de grandes y pequeñas empresas. En él se ponen de manifiesto los enormes contrastes que existen, la escasez del recurso y las soluciones tan variopintas que se pueden dar al mismo problema. Lo recomiendo a cualquier persona que esté leyendo esto. Además de ser muy curioso, es un tema que nos concierne a todos. Y no se me ocurre manera más amena de aprender que… ¡viendo Netflix!
Entre las innovaciones que se presentan en el documental, me llamó especialmente la atención Aquaporin, una empresa danesa que se dedica a la fabricación de productos de purificación de agua a partir de membranas. Hasta aquí, nada reseñable. Sin embargo, sus membranas son especiales. Se basan en las membranas biológicas que todos tenemos en nuestro organismo. Y, ¿qué tienen estas membranas? Acuaporinas. Unas proteínas que controlan la dinámica del transporte de agua en las membranas biológicas, las cuales están continuamente sometidas a variaciones osmóticas. Fueron descubiertas en 1992 por Peter Agre, cuyo trabajo se ha reconocido con el Premio Nobel de Química en 2003. Este hallazgo cambió por completo el conocimiento sobre las células.
Las acuaporinas se integran en las membranas celulares facilitando el paso del agua por difusión. En definitiva, son canales capaces de transportarla. Entonces, si transportan agua… ¡bingo! ¿Por qué no usar estas membranas a escala industrial para purificar agua? Esto fue lo que hizo Aquaporin. Actualmente, cuenta con una gran variedad de productos que integran este tipo de membranas. Se centra tanto en soluciones industriales de ósmosis directa, como en el acceso a agua potable en zonas con recursos hídricos limitados.
La ósmosis directa no utiliza presión externa, al contrario que la ósmosis inversa, lo que conlleva un menor gasto energético. Se puede aplicar para la concentración un producto valioso o un residuo. Se extrae el agua selectivamente y, por ende, esta se recupera.
Aquaporin trabaja en varios proyectos para industrias como la farmacéutica, textil, cervecera, la industria del café o la leche de coco. También para el tratamiento de agua residual de las industria de los semiconductores. Además, está embarcado en un proyecto con la NASA para llevar esta tecnología al espacio, donde la necesidad de agua potable es imperativa y se necesitan técnicas muy eficientes para purificarla.
No es la primera vez que la naturaleza nos da la respuesta y, muy probablemente, no será la última. El ciclo natural es sabio, ya que recircula y reutiliza infinitamente los recursos. Peter Holme Jensen, CEO de Aquaporin, habla de biomimetismo. Debemos imitar a la naturaleza. Por ejemplo, para conseguir una economía circular que permita no agotar los recursos naturales, al igual que para devolver el agua que utilizamos con la menor alteración posible al cauce de los ríos. Este es otro caso en el que las respuestas están a nuestro alcance. Sólo hay que observar y profundizar en el saber que la naturaleza nos brinda.