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Cómo evitar inundaciones y la pérdida de suelo a través de la reforestación

Sobre el blog

Manuel Martín Arroyo
Ingeniero de Montes e Ingeniero Técnico Agrícola con certificación en Marketing y Comunicación, especializado en la dirección de proyectos y obras en los ámbitos del agua y la agricultura.
  • Cómo evitar inundaciones y pérdida suelo través reforestación

La Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación define la desertificación como la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, principalmente, las variaciones climáticas y las actividades humanas, ambos, cada vez más interrelacionados.

El uso inadecuado del terreno y a la sobreexplotación del suelo son dos de los mayores condicionantes de la desertificación, empeorando la vulnerabilidad de los ecosistemas de las regiones áridas y haciéndolos más propensos a sufrir este fenómeno. Es importante diferenciar los conceptos de desertificación y desertización, pues este último se trata de un proceso natural y que no está provocado por la mano del hombre.

Si la desertificación se produce, mayoritariamente, por la acción del ser humano, estamos obligados como sociedad a frenar su avance y, por lo tanto, sus dañinos efectos en el medioambiente, así como en aquellas actividades económicas que dependen de la buena salud del suelo. Más aún, si tenemos en cuenta que se trata de actividades consideradas estratégicas, como es el caso de la agricultura, que está llamada a garantizar el abastecimiento de alimentos para la población mundial creciente con el reto de hacerlo optimizando el uso de recursos.

Las consecuencias de la desertificación no solo afectan a la biodiversidad; también tienen efectos sobre la seguridad alimentaria, la erradicación de la pobreza y la sostenibilidad, desde el punto de vista económico, social y medioambiental. Los expertos estiman que en 2025, alrededor de 1.800 millones de personas sufrirán de escasez total de agua en el mundo, mientras que dos tercios no dispondrán de suficientes recursos. La desertificación empujará aún más los movimientos migratorios en busca de unas mejores condiciones de vida y se calcula que en 2045, en torno a 135 millones de personas se habrán desplazado como consecuencia de este fenómeno.

Una de las acciones más importantes que tenemos a nuestro alcance para luchar contra la desertificación es la restauración hidrológica forestal. Esta medida supone llevar a cabo un conjunto de actividades al objeto de conservar, defender y recuperar la estabilidad y la fertilidad de los suelos, la regulación de escorrentías, la consolidación de cauces y laderas, la contención de sedimentos y, en general, preservar el suelo de la degradación provocada por el efecto de la erosión.

Las acciones de restauración hidrológica forestal consisten en repoblaciones forestales, así como tratamientos selvícolas de defensa y mejora de la cubierta vegetal, que reducen la pérdida de suelo por efecto de la desertificación y sirven como medidas para paliar los efectos de las sequías y las inundaciones, contribuyendo a reforzar la estructura del suelo, favoreciendo su biodiversidad, mejorando sus propiedades y luchando contra el cambio climático al aumentar su capacidad de absorber dióxido de carbono.

Todo ello se enmarca dentro de la necesidad de actuar de forma sostenible, lo que incluye también la regulación de los cursos de agua y la construcción de obras de corrección de cauces torrenciales, además de la reforestación en tierras agrarias, la restauración de riberas y la implantación y regeneración de otras cubiertas no arbóreas.

También destaca la incorporación de abonos verdes al suelo, dentro del denominado modelo de agricultura regenerativa, para reducir la propensión a la erosión y mejorar la estructura, la nutrición, la microbiología y, por lo tanto, la salud del terreno. Esta práctica consiste en sembrar cubiertas aprovechando las primeras lluvias del otoño, seleccionando las especies más adecuadas en función de las necesidades del suelo y evitando la competencia con el cultivo, por lo que a menudo requiere de un periodo de transición para favorecer la generación de estructura por parte del suelo. Hay que tener en cuenta que las leguminosas aportarán nitrógeno al suelo; las gramíneas, materia orgánica; y las Brassicas ayudarán a reducir la compactación de los suelos.

Asimismo, es recomendable el uso de enmiendas orgánicas para mejorar la estructura del suelo, protegiéndolo contra las escorrentías y la erosión hídrica, pues está demostrado que reducen las pérdidas de terreno y mejoran la fertilidad. Una enmienda es cualquier sustancia o producto orgánico capaz de modificar o mejorar las propiedades y las características físicas, químicas, biológicas o mecánicas del suelo.

Todos los agentes que estamos relacionados con el sector agrícola debemos tener muy presentes las consecuencias de la desertificación y, por ello, debemos de impulsar todas aquellas medidas correctoras que se encuentren a nuestro alcance, de forma que cada uno aporte su ‘granito de arena’ para mejorar la biodiversidad y evitar la pérdida de suelo. La sostenibilidad de nuestro planeta depende de ello.

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