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Los bosques del Amazonas meridional y occidental están en riesgo de mortalidad por la sequía

  • bosques Amazonas meridional y occidental están riesgo mortalidad sequía
    Experimento en el Norte de Amazonía en Caxiuana de simulación de sequía, Floresta Seca. (Imagen: Maurizio Mencuccini)

Sobre la Entidad

CREAF
El CREAF es un centro público de investigación en ecología terrestre y análisis del territorio que genera conocimiento y metodologías para la conservación, la gestión y la adaptación del medio natural al cambio global. 

Un artículo publicado en la revista Nature con participación del CREAF y, liderado por la Universidad de Leeds, revela que el cambio climático está debilitando los bosques del Amazonas occidental y meridional. , entre las zonas afectadas se encuentran Río Branco en Acre y Nova Xavantina en Mato Grosso, Brasil. El estudio ha comparado la capacidad de resistir la falta de agua de las diferentes especies de árboles del Amazonas y ha determinado que, en estas zonas, el cambio en el régimen de lluvias y el aumento de temperatura ya ha llevado a los árboles al límite de su capacidad de adaptación, lo que les podría provocar embolias y la muerte. “A pesar de que los bosques meridionales están más adaptados a las condiciones secas, la deforestación y el aumento de temperatura ha provocado un cambio en los regímenes de lluvia que ha aumentado el riesgo de mortalidad forestal. En el caso de los bosques occidentales no están tan expuestos a la sequía, pero son más vulnerables”, declara Maurizio Mencuccini, investigador ICREA en el CREAF, coautor y responsable de la parte fisiológica del estudio. Por el contrario, aunque las especies arbóreas de las zonas centro-orientales de la selva amazónica, no están tan adaptadas a la sequía, el estudio no prevé afectaciones en esa región porque por el momento la disponibilidad de agua continúa siendo suficiente.

El estudio apunta que, hasta ahora, se habían subestimado los efectos del cambio climático, porque las investigaciones científicas se habían concentrado históricamente en la región centro-oriental, donde los árboles están menos expuestos a la sequía.

“La desforestación y el aumento de temperaturas han provado un cambio en los régimenes de lluvia que ha aumentado el riesgo de mortalidad forestal”, explica Mencuccini

El estudio ha determinado que el patrón de lluvias del bosque amazónico se está viendo alterado por el cambio climático, la deforestación y por la agricultura y ganadería intensivas. Este cambio de pluviosidad reducirá la capacidad de los bosques del Amazonas para almacenar carbono y eliminar CO₂ de la atmósfera. “Por un lado, cuando los árboles mueren se descomponen y el carbono que contenían se libera a la atmósfera, por otro lado, si disminuye la masa forestal habrá menos árboles que capturen CO₂. Teniendo en cuenta que la selva amazónica contiene entre el 10% y el 15% del total de carbono almacenado por la vegetación en todo el mundo, su mortalidad y buen estado de salud es vital en la lucha contra el cambio climático”, concluye Mencuccini.

Río Amazonas en una de las expediciones dentro del marco del estudio en Sudamérica. (Imagen: Francisco Diniz)

Para identificar cuáles son las zonas más amenazadas y cómo responde cada ecosistema a los cambios, el equipo tomó medidas y muestras durante dos años en 11 lugares distintos de la Amazonia occidental, centro-oriental y meridional, en Brasil, Perú y Bolivia, donde analizaron datos de 540 árboles de 129 especies. El profesor Emanuel Gloor, también de la Universidad de Leeds y codirector del estudio, concluye que «el patrón de resiliencia y los riesgos identificados entre las distintas poblaciones de árboles en el estudio se utilizarán para construir modelos climáticos más eficaces y precisos en la Amazonía». Estos resultados son fruto de una colaboración en la que han participado 80 científicos y científicas de Europa y Sudamérica.

“Por este motivo los resultados son tan reveladores, nos ayudan a predecir de manera más exacta cómo serán los bosques del futuro en el Amazonas y el impacto en su debilitación o mortalidad”

Riesgo de embolia

La investigación pone de relevancia que las masas arbóreas de la región del Amazonas meridional resisten mejor las embolias. El problema es que han llegado a su límite. Esto se conoce gracias al estudio de la circulación del agua por dentro de los troncos, las ramas y las hojas, la base de esta investigación. Cada especie tiene una resistencia particular a la sequía según los conductos que tiene para transportar la savia desde las raíces a las hojas. Si los conductos y los poros que los conectan tienen un gran tamaño, en épocas de falta de agua los árboles están más expuestos a sufrir embolias. 

Si ho hay suficiente agua disponible en el suelo, se taponan los conductos, la sabia no circula y el tejido muere

Esto sucede porque cuando no hay suficiente agua disponible en el suelo, la evapotranspiración – proceso por el que la humedad vuelve a la atmósfera a través de las hojas – ejerce una presión que genera burbujas de aire en los canales de transporte, parecido a una embolia humana, se taponan los conductos, la savia no circula y el tejido muere. Los autores pudieron comprobar que las mismas zonas de Amazonía que están más expuestas a estos fenómenos de embolia presentan patrones mayores de mortalidad y una menor capacidad de almacenar carbono.

El escalador Hugo Ninantay recogiendo muestras. (Imagen: Francisco Diniz)

Alteración en el patrón de lluvias

El equipo de investigación también alerta que la deforestación y la agricultura y la ganadería intensivas, están interrumpiendo el proceso de evapotranspiración, esencial para formar las nubes de lluvia. Hay menos árboles y los cultivos que sustituyen a los bosques, como la soja, no tienen la misma capacidad de refrescar y humedecer el aire, el ambiente se reseca y disminuyen las precipitaciones.

Esto no sólo afecta al Amazonas. La humedad que evaporan desde sus bosques viaja en forma de vapor a otras zonas del planeta -se conocen como ríos voladores-, donde se acumula en forma de nubes. Si este ciclo se corta, el patrón de precipitaciones a escala mundial está en riesgo.

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