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La sequía en Malí obliga a la migración infantil a trabajos peligrosos

  • sequía Malí obliga migración infantil trabajos peligrosos
  • El adelantamiento del desplazamiento urbano por la falta de cosechas rompe el ciclo educativo y somete a los niños a abusos en las ciudades.

Temas

Las sequías cada vez más prolongadas, dentro del clima cada vez más impredecible de Malí, están provocando una cadena de transformaciones en los roles familiares del país africano: la destrucción de cultivos obliga a que las hijas ganen dinero en las ciudades durante la temporada de escasez, como empleadas domésticas, mientras que los hijos se van para trabajos estacionales como vendedores ambulantes o mineros de oro. Todos ellos están expuestos a los abusos.

En todo el mundo, la migración está creciendo entre las familias afectadas por cambios en los patrones climáticos, los desastres, los conflictos y otros factores de presión. Los niños, al igual que los adultos, pueden tener que abandonar el hogar para encontrar trabajo, lo que a veces lleva a la separación de sus familias, los riesgos de abuso y la interrupción de su educación.

En Bamako la mayoría de las niñas migrantes trabajan como amas de casa de diciembre a junio antes de regresar a la granja. Pero una temporada de cosecha particularmente pobre el año pasado obligó que muchas abandonaran su hogar en septiembre, dicen las familias de agricultores.

El año pasado, las precipitaciones "fueron de lo peor que se recuerda", ha explicado Baba Sogoré, un cultivador de arroz de Ségou. "El Gobierno incluso nos pidió incluso que dejáramos de cultivar arroz fuera de temporada, porque el río está demasiado seco como para regar los campos", dijo a la Fundación Thomson Reuters.

En todo el mundo, la migración está creciendo entre las familias afectadas por cambios en los patrones climáticos, los desastres, los conflictos y otros factores de presión

Agnès Dembélé, directora de APAFE Muso Danbé, una organización benéfica maliense que busca mejorar las condiciones de trabajo de las niñas migrantes, reconoció que las muchachas que se dirigen a las ciudades en busca de trabajo de limpieza "no son nada nuevo". "Pero debido al empeoramiento del clima, estamos viendo más niñas que vienen a las grandes ciudades como Bamako de todo el país", ha agregado, antes de estimar en decenas de miles las niñas afectadas

Abusos laborales en la ciudad

Si bien los trabajos de limpieza les permiten a las niñas de Mali enviar dinero a sus familias, a menudo las atrapan en condiciones de trabajo abusivas, ha explicado Dembélé. "Los jefes saben que las chicas están desesperadas, por lo que algunas aprovechan eso para robarlas, abusar de ellas o incluso violarlas", explicó.

Oumou Samaké, que trabaja como empleada doméstica en Badalabougou, un elegante vecindario de la capital maliense, ha denunciado que su jefe la reprende y la insulta regularmente, y deduce el dinero de su salario cuando no está contento con su trabajo.

"Al menos no me ha golpeado todavía", suspiró, rodeada por un grupo de compañeras que se encontraban en la calle al final de su día de trabajo. "Si me mudo a otra familia, será lo mismo o incluso peor".

La precaria situación precaria de su familia no la deja con muchas opciones, agrega Samaké. "Me preocupan mis padres y mis siete hermanos y hermanas. No sé si comen, ya que no han cosechado nada", ha dicho la joven de 16 años. "Es por eso que les envío 10.000 francos (unos 20 euros) cada mes, para comprar un poco de arroz y mijo".

La mayoría de las chicas, como Coulibaly y Samaké, regresan a sus aldeas y se casan a la edad de 16 años, ha explicado Dembélé. Parte de su salario como empleadas domésticas va destinado hacia su dote.

Por todo ello, un índice de Save the Children de 2017 clasifica a Malí como uno de los tres países más afectados del mundo -- de 172 naciones evaluadas -- en términos de niños en riesgo de matrimonio infantil, embarazo adolescente, el fin temprano de la educación y otras amenazas.

Proteger a las chicas

La falta de contactos en las zonas urbanas o un proceso formal de reclutamiento hace que las niñas migrantes sean más vulnerables a la explotación, según Dembélé.

Samaké, por ejemplo, recuerda que llegó a Bamako sin conocer a nadie, y buscó trabajo golpeando puertas. "Mi jefe dijo que me pagaría 10.000 francos CFA, ya que eso es lo que reciben otras chicas", explicó.

Para ayudar a las niñas a negociar un mejor salario y poner freno a las prácticas abusivas, APAFE Muso Danbé actúa como intermediaria para encontrarles un empleador a partir de su base de datos de 300 familias. También elabora un contrato de trabajo.

"Con un contrato, los salarios de las chicas oscilan entre 10.000 y 50.000 francos CFA por mes (de 20 a 100 dólares), en lugar de solo 10.000 normalmente", ha dicho Dembélé. La ONG les da capacitación gratuita en cocina y limpieza para que sean más aptos para el empleo.

Ambas partes también firman un código de conducta, agregó. "Las criadas se comprometen a informar de cualquier artículo roto y no desperdiciar comida, mientras que su empleador renuncia a cualquier violencia física o psicológica", añade.

La organización benéfica también alerta a las autoridades locales sobre casos de abuso o violencia y ayuda a las víctimas a llevar sus casos a los tribunales.

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