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"La recuperación del espacio fluvial no siempre ha contado con la prevención de inundaciones"

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    Diego Moxó, adjunto a Gerencia para la coordinación territorial de la Agencia Catalana del Agua

Sobre la Entidad

Agencia Catalana del Agua
Agencia Catalana del Agua, empresa pública de la Generalitat de Cataluña encargada de su administración hidráulica que actúa como organismo de sus cuencas internas.
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Las inundaciones son una de las catástrofes naturales que más daños generan en España. Además, el cambio climático agrava en ocasiones sus consecuencias, derivando en cambios de los patrones climáticos y en inundaciones mucho más frecuentes y torrenciales. En iAgua queremos conocer más sobre este fenómeno y cómo se gestiona, y por este motivo hemos hablado con expertos para que nos den su visión al respecto. En esta ocasión, hablamos con Diego Moxó, adjunto a Gerencia para la coordinación territorial de la Agencia Catalana del Agua (ACA).

Pregunta: ¿Cómo describiría la situación global que enfrentamos en el ámbito de las inundaciones?

Respuesta: En un ejercicio de pragmatismo, en relación al pasado creo que podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que hay aspectos relacionados con las inundaciones que no han variado; otros que han empeorado; y muchos que han mejorado.

Entre los primeros, podríamos hablar de los episodios de lluvias causantes de las inundaciones. Con alguna variación – menor – relacionada con los efectos del cambio climático – que más tarde expondremos, las precipitaciones, en un clima mediterráneo como el nuestro, siguen un patrón irregular – y cada vez menos estacional – que se repite desde siempre.

Respecto a los factores que han empeorado, destacaría la mayor exposición de bienes materiales e infraestructuras a los riesgos asociados a las inundaciones. A pesar de los esfuerzos desde las disciplinas urbanística e hidráulica para contener los crecimientos desordenados en zonas de riesgo, es cierto que el crecimiento económico sostenido, y la cada vez más evidente falta de espacio apto topológicamente para ser urbanizado, han podido incrementar la vulnerabilidad de nuestros hábitats urbanos al riesgo de inundación.

Pero creo sin duda que en este artículo debemos destacar los aspectos que han mejorado notablemente en los últimos años. El desarrollo de modelos matemáticos cada vez más precisos y económicamente viables, junto con el avance en los modelos digitales del terreno, han permitido alcanzar un conocimiento predictivo de los efectos de las inundaciones del que a finales del siglo pasado no disponíamos. Y juntamente con lo anterior, una mayor concienciación ambiental de la población ha hecho posible también una concienciación social mucho mayor frente a estos episodios.

Y sin olvidar que todo ello, desde hace unos diez años, se desarrolla en el marco de referencia de la Directiva Europea de Gestión de los Riesgos de Inundación (2007), que armoniza las políticas de los países miembros y, con el intercambio de conocimiento, garantiza el desarrollo en la lucha contra las inundaciones.

Hay aspectos relacionados con las inundaciones que no han variado, otros que han empeorado, y muchos que han mejorado

P.- ¿Qué desafíos considera que enfrentan actualmente las grandes ciudades en relación a las inundaciones?

R.- El desarrollo económico de los años sesenta y setenta del siglo pasado trajo consigo un crecimiento rápido y desordenado de las periferias urbanas, lugares donde era “fácil” situar a la nueva población llegada a las grandes ciudades en busca de mejores condiciones laborales. Y en muchos casos esas periferias urbanas se situaban a lo largo de los ejes fluviales que delimitaban los límites urbanos (léase el caso de Barcelona, con los ríos Besós y Llobregat delimitando el espacio urbano).

Hoy en día, años después de ese crecimiento, la población ha recuperado – o exige recuperar dónde todavía no lo ha hecho - esos espacios fluviales, antes marginados, como zonas verdes y espacios ya urbanos; cosa absolutamente legítima y comprensible. Pero, a mi entender, esa recuperación del espacio fluvial no siempre ha ido acompañada, especialmente en poblaciones de tamaño medio, del mismo desarrollo de políticas de prevención contra las inundaciones, aspecto que sin duda nos obliga y obligará en los próximos años a encarar la problemática en los núcleos urbanos con mayor rigor y decisión.

Y a la pregunta de “cómo hacerlo”, teniendo en cuenta que un porcentaje significativo de las zonas urbanas y urbanizables se sitúan sobre espacios inundables – en Cataluña se habla del 15% - sólo cabe una respuesta pluridisciplinar, que integre sistemas de previsión de avenidas en tiempo casi real, una visión ecosistémica del medio fluvial, soluciones a la gestión de caudales punta en las partes altas y medias de las cuencas y, finalmente, una buena gestión del drenaje urbano – que las escorrentías de lluvia generadas por la ciudad no lleguen a los cauces, o lo hagan de manera ordenada. El avance de la tecnología y del conocimiento lo permiten, y quizás nuevas estructuras organizativas, como las Agendas Urbanas desarrolladas bajo el auspicio de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, serían un buen marco de referencia para alcanzar las soluciones deseadas.

P.- La magnitud y la potencia de las inundaciones parece estar aumentando en los últimos años, ¿cuál es el papel del cambio climático en este fenómeno?

R.- Aunque hay una cierta percepción social de que los efectos del cambio climático se están manifestando en una mayor frecuencia y gravedad de los episodios de inundación – percepción que podría ser acertada para episodios de lluvia de probabilidad media, o incluso alta a escala local –, lo cierto es que los episodios extraordinarios de precipitaciones de ámbito regional no parecen haberse reproducido con más frecuencia en los últimos años. En el caso concreto de Cataluña, ésto parece evidente, después de los episodios de graves inundaciones acaecidos en los años 1962, 1971, 1982, 1994 … no ha sido hasta octubre de este mismo año cuando se ha vuelto a repetir un episodio de características similares.

Ahora bien, esa falta de relación directa entre cambio climático y episodios catastróficos no puede negar que esa percepción social de la que hablábamos antes sea del todo comprensible. Esos episodios de magnitud media, sin llegar a ser extraordinarios, sí que provocan en la mayoría de los casos el desbordamiento de los cauces, lo que unido a la cada vez mayor concentración de caudales de escorrentía urbana que no pueden ser conducidos por unas redes de alcantarillado no diseñadas al efecto, resultan en unos daños cada vez mayores sobre los tejidos urbanos.

La recuperación del espacio fluvial no siempre ha ido acompañada del mismo desarrollo de políticas de prevención contra las inundaciones

P.- La intervención humana en la naturaleza también tiene sus consecuencias negativas, ¿existe una relación entre la evolución urbanística y el incremento de las inundaciones?

R.- Es evidente que sí, y algunos de los razonamientos antes expuestos pueden ayudar a explicar la relación entre desarrollo urbanístico e incremento de inundaciones. Mayor superficie urbanizada, menor permeabilidad del terreno, menores tiempos de concentración de los caudales … y unos sistemas de evacuación de estos caudales que en muchos casos son los mismos que hace varias décadas dibujan una relación evidente entre desarrollo urbano y mayores inundaciones.

El hecho indiscutible de que los episodios de inundación en tramas urbanas por caudales de escorrentía vaya ganando importancia relativa respecto a los ocasionados por inundaciones fluviales, como manifestación clara de la relación antes apuntada, ha llevado a la misma Comisión Europea, en el marco de los planes de segundo ciclo de la Directiva de Inundaciones, a exigir a los Estados miembros la consideración también de las inundaciones llamadas “pluviales”, y a la concreción de medidas para minimizar los riesgos asociados, a pesar de que la competencia en este caso no corresponda a los organismos de cuenca.

Aunque hay una cierta percepción social de que los efectos del cambio climático se están manifestando con mayor frecuencia, lo cierto es que los episodios extraordinarios de precipitaciones de ámbito regional no parecen haberse reproducido con más frecuencia en los últimos años

P.- A menudo la prevención suele ser clave para evitar daños humanos y estructurales, ¿cómo puede prepararse España para una respuesta correcta ante una catástrofe natural de inundaciones?

R.- España, y el conjunto de países miembros de la Unión Europea, tienen desde el año 2007, en la Directiva de Gestión de los Riesgos de Inundación, el marco de referencia para establecer la diagnosis del problema y el enfoque de las soluciones necesarias.

Y un aspecto clave de dicha directiva son las políticas de prevención, que se manifiestan en diversas medidas: normativa regulatoria de los criterios de ocupación del espacio fluvial e inundable, intervención directa de las administraciones hidráulicas en el desarrollo de la planificación urbanística, identificación de los tramos con mayor riesgo potencial de inundación, políticas de concienciación de la población … En el caso concreto de Cataluña podemos afirmar que, a fecha de hoy, la integración entre la disciplina urbanísticas y la hidráulica es totalmente efectiva.

P.- Los planes de gestión del riesgo de inundación (PGRIs) son una herramienta básica para la disminución de los daños que producen las inundaciones. ¿En qué sentido pueden las confederaciones hidrográficas prevenir o reducir el impacto ante las inundaciones?

R.- Creo que en los puntos anteriores se ha dado buena respuesta a esta pregunta.

Y a pesar de que en la Directiva de Inundaciones encuentro a faltar la concreción de objetivos temporales claros y mesurables – a diferencia de lo que ocurre con la Directiva Marco del Agua -, creo que la combinación de un mayor conocimiento, un desarrollo tecnológico acelerado, una mayor concienciación social y, finalmente, un marco regulatorio cada vez más concreto y eficiente, son los elementos que han de permitir no cometer los errores del pasado y afrontar el futuro con optimismo.

P.- Para acabar, ¿considera que se investiga lo suficiente en materia de inundaciones?

R.- La investigación en esta materia nunca es suficiente, pero hay que reconocer que en los últimos años los avances han sido grandes, permitiendo como decíamos antes poner a disposición de la ciudadanía aplicaciones tecnológicas de uso sencillo y resultados muy positivos.

La Agencia Catalana del Agua ha incorporado en su planificación el vector I+D+I como un elemento clave en su estrategia, aportando financiación a proyectos en materia de inundaciones.

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