El dragado del Guadalquivir podría hacerse sin modernizar el regadío

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  • Crespo asegura que, en cualquier caso, se va a intentar llegar a tiempo para que la obra pueda beneficiarse de la financiación europea.

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha explicado que el proyecto de dragado de profundización que promueve la Autoridad Portuaria de Sevilla y que debe someterse a las conclusiones del dictamen científico incluido en la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) de 2003 podría realizarse sin acometerse la iniciativa que el propio organismo de cuenca redacta para la modernización del regadío del arroz, que pasa por que los arroceros lleven a cabo esta labor a través del Canal del Bajo Guadalquivir, lo que supondría que este sector no se viera afectado por el dragado.

Ello se debe, según ha explicado en rueda de prensa el presidente de la CHG, Manuel Romero, a que el proyecto de modernización no está incluido como tal en los condicionados de la DIA, sino que es una iniciativa con la cual, al margen de "justificarse sola" por el ahorro energético y de agua que supondría, la administración pretende salvar el control de la salinidad que sí se establece literalmente en la declaración. De iniciarse el dragado y no respetarse ésta, sería necesario indemnizar a los arroceros en el caso de que se produjeran perjuicios para este segmento que derivaran en pérdidas de productividad.

La obra de modernización se enmarcaría en un mínimo de dos a tres años, probablemente algunos más

En este sentido, el presidente del Puerto sevillano, Manuel Fernández, ya indicó a Europa Press que en la "literalidad" de la DIA consta que "no se ve un problema de salinidad sustancial derivado del dragado", así como que el proyecto para modernizar el regadío es "muy reciente, y supone condicionar un proyecto con fondos asignados a otro aún no terminado y sin consignación clara".

"Si se aumentara la salinidad por encima de un gramo por litro, entonces se tendría que estudiar el asunto, y si los arroceros perdieran productividad ello sería indemnizable por parte de las actuaciones del Puerto", ha señalado Romero, que ha agregado que el proyecto de protección de las márgenes del estuario, presentado ya por el Puerto a la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta -que lo estudia-, también aparece literalmente como un condicionante de obligado cumplimiento.

Una situación heredada

Por su parte, la delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo, ha subrayado que tanto el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente como la CHG trabajan con una situación "heredada" a la que se intenta dar salida lo antes posible para que los fondos europeos sean "viables", algo que, ha aseverado, van "a intentar". "La hoja de ruta es la DIA de 2003, que permite que se concilie la situación medioambiental del río con el desarrollo de Sevilla", ha añadido.

La obra de modernización se enmarcaría en un mínimo "de dos a tres años, probablemente algunos más", según anunció el propio presidente del organismo de cuenca, que confirmó que el anteproyecto se encuentra actualmente en tramitación ambiental en el Ministerio, con un plazo aproximado de unos seis meses para finalizar este paso, dentro de un procedimiento ordinario que culminaría con la licitación de la iniciativa. Podría ver iniciado alguno de sus trabajos en el presente año 2014, teniendo en cuenta que es más que probable que la actuación vaya por fases.

Y es que sería necesario actuar sobre 60 kilómetros de canal para intervenir sobre el riego de más de 30.000 hectáreas, actuación que requiere una inversión aproximada de unos 180 millones de euros; el objetivo es que al menos una parte pueda encuadrarse dentro de la convocatoria de fondos europeos 2014-2020.

De esta manera, el ente ya trabaja, en colaboración con los propios arroceros, en un proyecto mediante el cual el agua dulce se traería directamente, en lugar de por la presa de Alcalá, por el Canal del Bajo Guadalquivir, desde Peñaflor (Sevilla), una obra bastante costosa que, no obstante, posibilitaría que los regantes no dependieran del río y supondría un importante ahorro en la cuenca de más de 100 hectómetros cúbicos, el equivalente a la capacidad de un pantano.

Estas obras, así, permitirían llevar el agua a la margen izquierda del río, cruzarlo y trasladarla hasta la margen derecha para que pudieran regar los arroceros, que no tendrían que usar agua del estuario y evitarían así el problema de la salinidad.

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