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Niñez, salud y agua

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  • Niñez, salud y agua

La infancia es una etapa fundamental en la vida, de un desarrollo integral en la niñez dependerá la posibilidad de tener adultos íntegros y plenos. No obstante, los niños y niñas se encuentran en desventaja en cuanto a su posibilidad de proveerse por sí mismos de las condiciones y oportunidades para su óptimo crecimiento. Por esto se encuentran en situación de vulnerabilidad respecto a otros grupos; decimos que son vulnerables no por la carencia de un marco jurídico que reconozca sus derechos, sino por la falta de condiciones para que todos cuenten con las garantías y libertades ofrecidas a través de esos derechos. Entre otros, los niños tienen derecho a la salud, y es aquí donde el acceso al agua y al saneamiento, juegan un papel fundamental.

En noviembre de 1989, con la adopción de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) los niños y niñas dejaron de ser simples beneficiarios de los servicios y de la protección del Estado, para ser concebidos como sujetos de derecho[1]. En su artículo 24 la CDN plantea “el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades […]”; para asegurar su cumplimiento el Estado de los países firmantes deben “Combatir las enfermedades y la malnutrición […] mediante, entre otras cosas […] el suministro de alimentos nutritivos adecuados y agua potable salubre, teniendo en cuenta los peligros y riesgos de contaminación del medio ambiente”[2]. Posteriormente, en la primera Cumbre Mundial a Favor de la Infancia en 1990, ante la elevada tasa mortandad infantil a causa de deshidratación diarreica y otras enfermedades asociadas—7,000 niños diariamente— se estableció el compromiso de los países signatarios de reducir en un 50% la mortalidad causada por diarrea y en un 25% su incidencia, además de garantizar el acceso universal al agua potable y saneamiento[3].

Ese mismo año se creó el programa conjunto —UNICEF y Organización Mundial de la Salud (OMS)— para el monitoreo del abastecimiento de agua y el saneamiento que, desde entonces ha seguido el avance en el cumplimiento de estos objetivos, que posteriormente se ratificaron en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (objetivos 4 y 7) hacia 2015.

En este marco, en el 2015 el avance en el cumplimiento de estos objetivos fue el siguiente: más de 91% de la población mundial tiene acceso a fuentes mejoradas de agua potable (protegidas de contaminación externa, sobretodo de materia fecal) y el 68% tiene acceso a instalaciones mejoradas de saneamiento (evitan el contacto entre excretas y personas). Si bien el acceso a fuentes de agua, superó la meta planeada, el acceso a instalaciones de saneamiento mejoradas fue insuficiente; dejó fuera a cerca de 700 millones de personas respecto a lo planeado[4].

Esto deviene en problemas de salud que se agudizan particularmente durante la infancia. Junto con otras enfermedades de transmisión hídrica (como la hepatitis viral, la fiebre tifoidea y el cólera), se estima que el 88% de los casos de diarrea son ocasionados por agua contaminada[5]. Asimismo, del 2000 al 2015 se redujo en 57% la mortandad infantil por diarrea, sin embargo ésta es la tercera causa de muerte entre menores de cinco años; fallecen entre 800 y 1,000 niños al día. A lo anterior hay que agregar que unos 156 millones sufren retraso del crecimiento o malnutrición crónica[6].

Por otro lado, los contrastes entre el contexto urbano y rural son grandes: ocho de cada diez personas aún sin acceso a fuentes de agua potable mejorada viven en zonas rurales, y la cobertura de instalaciones de saneamiento mejorado es del 82% para la población mundial urbana, frente al 51% de la población mundial rural 5.

La situación en México no es muy alentadora. Si bien las cifras oficiales en 2015[7], señalan coberturas de 95.7% y 81.6% de agua potable, para la población urbana y rural respectivamente y 96.6% y 74.2% en cuanto a la cobertura de alcantarillado, aún hay que nueve millones de personas que carecen de servicio de agua potable y 10.2 millones de alcantarillado, por lo que la problemática persiste. Es de resaltar que estas cifras consideran para estimar la cobertura de drenaje y saneamiento viviendas con drenaje a la red pública, pero también con drenaje a fosa séptica, a grietas o barrancas y a ríos, lagos o al mar. Lo cual debe hacernos reflexionar sobre cuál o cuáles deberían ser los sistema de drenaje y saneamiento más efectivos, y trabajar con datos que permitan conocer a fondo la situación real de las comunidades rurales y urbanas marginadas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía[8], en 2013 la población de 0 a 17 años, constituyó el 58.5% de la población reportada con enfermedades infecciosas intestinales, siendo la principal afección la diarrea y gastroenteritis con 86.9%, las enfermedades diarreicas agudas (EDAS) afectaron principalmente a los menores de un año, con una incidencia de 16,519 casos nuevos y una mortalidad de 28 por cada cien mil niños. Aquí es importante remarcar la importancia de la lactancia materna, pues los niños que la reciben tienen menos posibilidades de contraerla y 14 veces más probabilidades de sobrevivir que los niños que no lo hacen9.

Si bien se han hecho avances en la reducción de la mortalidad infantil, las disparidades en el acceso al agua potable, al saneamiento y a la cobertura médica son aún evidentes. Niños en familias con menos recursos se enferman y tienen un acceso limitado a los servicios de salud, en comparación con niños en mejores condiciones económicas[9]. La zona con mayor incidencia de EDAS es el sur-sureste, los estados donde existe mayor mortalidad son Guerrero en el caso de los niños, con una tasa de 21.14 %, y Chiapas en el caso de las niñas, con una tasa de 17.68%[10].

Esto, es evidencia de lo mucho que es necesario avanzar en esta problemática. En México la CDN tiene un valor jurídico equivalente al de la Constitución Política, por tanto, el Estado debe garantizar el derecho de los niños y niñas a gozar de una buena salud. Queda mucho por hacer en cuanto al acceso a los servicios de salud, pero también el reto es grande en lo que a gestión del agua se refiere.

Es imprescindible invertir en lograr un acceso “universal y equitativo” al agua potable para consumo e invertir en sistemas de drenaje y saneamiento que impidan la contaminación del entorno natural y el contacto directo entre las heces y el agua o las personas. Asimismo, fortalecer las estrategias e instrumentos legales que buscan minimizar la contaminación y garantizar el bienestar del ecosistema. Hacer esfuerzos para promover el involucramiento ciudadano en el monitoreo de la calidad del agua y las denuncias a quien la contamina, ser estrictos en una valoración que realmente considere en forma integral todos los impactos ambiental, social, etc. con un enfoque sistémico.

Recordemos que el 48.1 por ciento de las muertes por enfermedades infecciosas intestinales en México es evitable con medidas de higiene, acceso al agua potable y a instalaciones mejoradas de saneamiento[11]. Es fundamental pensar en la implementación de alternativas novedosas que garanticen el abasto de agua potable y consideren sistemas de saneamiento; suplantar la idea de un país repleto de los clásicos sistemas de tuberías —ciertamente inviables en muchas comunidades aisladas y poco pobladas— por la de adoptar alternativas (para la captación de agua pluvial, sistemas de saneamiento seco, tratamiento y reuso del agua) de menor costo que contribuyan desde lo local a satisfacer el derecho a la salud y por ende al agua y el saneamiento de la población en general, pero sobretodo de los más vulnerables, los niños.

Referencias

  • [1] UNICEF, México Derechos de la niñez. En: https://www.unicef.org/mexico/spanish/17054.htm
  • [2] ONU, 1989. Convención de los Derechos del Niño. Asamblea General de las Naciones Unidas.
  • [3] UNICEF, 1990. First call for children. World declaration on the survival, protection and development of children. United Nations International Children's Emergency Fund. New York.
  • [4] UNICEF, 2015. Progresos en materia de saneamiento y agua potable: informe de actualización 2015 y evaluación del ODM. UNICEF – OMS. E.U.A.
  • [5] Corcoran et al. 2014 citados en CONAGUA, 2016. Estadísticas del agua en México, edición 2016. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
  • [6] UNICEF, 2016. Una ya es demasiado: Poner fin a las muertes a causa de la neumonía y la diarrea, UNICEF, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Nueva York.
  • [7] CONAGUA, 2016. Situación del subsector agua potable, drenaje y saneamiento, edición 2016. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
  • [8] INEGI, 2015 y 2016. Estadísticas a propósito del día del niño (30 de abril). Instituto Nacional de Estadística y Geografía
  • [9] UNICEF, 2010. Los derechos de la infancia y la adolescencia en México. Una agenda para el presente. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
  • [10] Salud, 2016. Indicadores de resultado de los sistemas de salud. Consultado en http://www.gob.mx/salud/documentos/
  • [11] Franco-Marina et al. (2006) citados en CONAGUA, 2008. Interrelaciones Agua y Salud Pública en México. Informe OMM/PREMIA No. 064. Organización Meteorológica Mundial.