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El valor del agua

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¿Cuánto vale el agua? No hay una respuesta fácil a esta pregunta aparentemente sencilla. Por un lado, el agua es infinitamente valiosa —sin ella, la vida no existiría—. Por otro lado, el agua se da por sentada y se desperdicia cada día.

En el mundo hay suficiente agua para todos siempre y cuando la utilicemos y gestionemos de una forma eficiente. Pero no lo hacemos. Invertimos demasiado poco y de forma ineficaz, a la vez que la usamos demasiado, creando escasez. Así, la calidad se resiente y el medioambiente también.

Según la teoría económica, el valor de un bien viene determinado por la escasez, es decir, la diferencia entre los recursos limitados y las necesidades ilimitadas. El ser humano utiliza el agua como si fuera ilimitada. Por ejemplo, se calcula que el 80% de las aguas residuales industriales y municipales se vierten en el medioambiente sin tratamiento previo.

Ha llegado el momento de reconocer el "verdadero" valor del agua para tomar mejores decisiones sobre cómo protegerla, compartirla y utilizarla

El agua dulce es escasa, y cada vez más. Más de 2.000 millones de personas viven ya en zonas sometidas a estrés hídrico. Unos 3.400 millones de personas, el 45% de la población mundial, carecen de acceso a instalaciones de saneamiento gestionadas de forma segura. Según informes independientes, el mundo se enfrentará a un déficit global de agua del 40% en 2030. Esta situación se verá agravada por los desafíos globales como la COVID-19 y el cambio climático.

Pero la teoría económica no es la única forma de determinar el valor del agua. Los valores sociales y culturales son igualmente importantes, si no más. Muchos pueblos indígenas, por ejemplo, conceden un estatus especial al agua y a las vías fluviales. Por ejemplo, en India, los ríos Ganges y Yamuna se consideran entidades vivas con los mismos derechos que los seres humanos. Para esta y otras culturas, las masas de agua son como seres queridos, y por tanto no tienen precio.

Publicado en iAgua Magazine 35 - Julio 2021
iAgua Magazine 35

Algunos valores pueden cuantificarse e incluso monetizarse, como el agua que se utiliza para los procesos industriales o para la agricultura, y expresarse como una unidad de producción (o beneficio) por volumen utilizado. Sin embargo, incluso entre y dentro de sectores económicos, estos parámetros pueden quedarse cortos a la hora de proporcionar un valor global del agua. Por ejemplo, mientras que la seguridad alimentaria es de vital importancia para cualquier hogar, pueblo o nación, el valor del agua para la seguridad alimentaria raramente (o nunca) se tiene en cuenta cuando se evalúa para la agricultura.

Los valores del agua para el bienestar humano van mucho más allá de su papel para las funciones físicas directas o la economía. La naturaleza a menudo intangible de los valores socioculturales atribuidos al agua desafía con frecuencia cualquier intento de cuantificación.

  • El valor del agua para la seguridad alimentaria raramente (o nunca) se tiene en cuenta cuando se evalúa para la agricultura
    El valor del agua para la seguridad alimentaria raramente (o nunca) se tiene en cuenta cuando se evalúa para la agricultura
  • La teoría económica no es la única forma de determinar el valor del agua. Los valores sociales y culturales son igualmente importantes
    La teoría económica no es la única forma de determinar el valor del agua. Los valores sociales y culturales son igualmente importantes

Esto nos lleva al concepto de "percepción". Incluso cuando el agua de la misma fuente se utiliza para el mismo fin y en las mismas circunstancias, su valor puede percibirse de forma diferente de un usuario a otro. Las diferencias personales y socioculturales, con variables como el sexo, la edad, la raza, la clase social, el estatus o incluso las creencias, desempeñan un papel determinante.

En el mundo hay suficiente agua para todos siempre y cuando la utilicemos y gestionemos de una forma eficiente. Pero no lo hacemos

¿Cómo debemos entonces valorar el agua? La realidad es que existen pocos enfoques estandarizados para valorar el agua hoy en día. Además, estos enfoques no siempre reconocen las perspectivas de los diferentes sistemas de creencias, culturas, géneros y disciplinas científicas. Solo incorporando estos puntos de vista podremos tomar mejores decisiones sobre cómo protegerla, compartirla y utilizarla, y dar un paso hacia la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, de acceso al agua potable y saneamiento para todos.

Valor vs. precio

En el caso del agua no existe una relación clara entre su precio y su valor. En los casos en los que el agua tiene un precio, es decir, se cobra a los consumidores por utilizarla, el precio suele reflejar los intentos de recuperación de costes y no el valor entregado. Así, en la mayoría de los países el agua tiene un valor infinito, sin embargo, no se paga por ella lo que se debería. Solo los países que no tienen acceso al recurso están dispuestos a pagar lo que vale.

A pesar de las grandes sumas de dinero invertidas en infraestructuras hidráulicas, la valoración de los costes y los beneficios no está bien desarrollada, ni estandarizada, ni se aplica. Los beneficios sociales que se obtienen a menudo no se cuantifican, los costes (sobre todo los externos) no se contabilizan adecuadamente, las opciones a menudo no se valoran ni se comparan de forma apropiada, y los datos hidrológicos suelen ser deficientes y no se actualizan.

La mayoría de los métodos de valoración de las infraestructuras hídricas se centran en un enfoque de coste-beneficio, pero se tiende a sobrestimar los beneficios y subestimar los costes, y a no incluirlos todos. Una de las principales deficiencias es que se centran únicamente en los costes financieros (flujos de caja, CAPEX y OPEX) y los rendimientos financieros. Suelen omitirse los costes indirectos y, en particular, los costes sociales y medioambientales, que se tratan como elementos externos.

Aunque la tarificación del agua para los sectores del agua doméstico e industrial ha tenido distintos niveles de éxito, en el caso de la agricultura, los precios del agua son nulos o muy bajos. El precio del agua debe reflejar el coste de la construcción y la operación de las infraestructuras, el coste de prestación del servicio, el coste por tener asegurado su acceso y los costes sociales y ambientales de su utilización.

La valoración de estos costes/beneficios puede ser difícil, ya que no todos se pueden cuantificar. En estos casos, se pueden utilizar otras herramientas de valoración, como los análisis de coste-efectividad, que comparan los costes con los resultados no económicos, como las vidas salvadas, las personas atendidas o las métricas medioambientales conseguidas. Otro factor crítico para determinar los beneficios de un proyecto es compararlo con lo que ocurriría si el proyecto no se llevara a cabo.

Asimismo, el modo de financiación de los proyectos es otro componente crítico para el análisis de valoración, ya que si un proyecto no tiene medios de financiación el servicio acabará viéndose interrumpido.

Los valores del agua para el bienestar humano van mucho más allá de su papel para las funciones físicas directas o la economía

El diseño de una estructura tarifaria adecuada es un reto, ya que hay múltiples objetivos políticos, a menudo contrapuestos. Al suministrar estos servicios, también hay que tener cuidado de garantizar la asequibilidad para los pobres, la expansión al mayor número de personas y la financiación para garantizar la fiabilidad y las mejoras de la red. La tarifa del agua (es decir, el precio) debe diseñarse cuidadosamente para lograr el mayor número posible de estos objetivos. El precio del agua, su coste de suministro y su valor no son sinónimos, y el precio no es más que una herramienta para alinear el uso del agua con sus valores.

  • El diseño de una estructura tarifaria adecuada es un reto, ya que hay múltiples objetivos políticos, a menudo contrapuestos
    El diseño de una estructura tarifaria adecuada es un reto, ya que hay múltiples objetivos políticos, a menudo contrapuestos

Conclusiones

La conclusión es que no existe un valor "verdadero" del agua. Más bien, el agua tiene infinidad de valores que pueden diferir enormemente en función de su ubicación, su nivel de abundancia o escasez, su calidad o su disponibilidad. Sus valores también dependen de los fines para los que se utilice y de los beneficios generados por estos usos.

Lo que sí está claro es que la importancia global de este recurso vital no se refleja adecuadamente en la atención política y la inversión financiera en muchas partes del mundo. Esto no solo conduce a desigualdades en el acceso a los recursos hídricos y a los servicios relacionados con el agua, sino también a un uso insostenible y a la degradación de los propios suministros de agua, lo que afecta al cumplimiento de casi todos los ODS, así como los derechos humanos básicos.

En Almar Water Solutions trabajamos a diario para que el agua adquiera el valor que se merece en la sociedad. La realidad es que, sin agua, nada podría existir, y sin aplicarle una cantidad, desde nuestra empresa nos empeñamos en difundir que el agua es el recurso con mayor valor que existe. Por ello, hacemos un llamamiento a ciudadanos, políticos y líderes del mundo a valorarla de una manera adecuada y a invertir en infraestructuras y servicios para que el agua llegue a todos los rincones del planeta en cantidad y con calidad.

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