Josep Puxeu: "Estamos obligados a hacer gestión para adaptarnos a esta sequía y mitigarla"

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  • Josep Puxeu: "Estamos obligados hacer gestión adaptarnos esta sequía y mitigarla"
  • El ex secretario de Estado de Medio Rural y Agua (2008-2011) habla de sequía, política y agricultura.
  • Fotografías: Pablo González-Cebrián.

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ANFABRA
Asociación de Bebidas Refrescantes.

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A Josep Puxeu, “agricultor, empresario, europeísta y progresista” según su biografía de Twitter, no le tiembla la voz a la hora de enumerar las medidas a tomar en situaciones hídricas extremas, como la actual sequía que atraviesa España. Quizá sea, como el mismo dice, “por la edad”, o quizá porque la experiencia en una de las crisis más graves vividas en España en torno al agua le da el suficiente bagaje como para saber de lo que habla.

El que fuera secretario de Estado de Medio Rural y Agua entre 2008 y 2011 detalla en esta entrevista las luces y sombras de la gestión frente a la sequía vivida, así como las lecciones que hoy en día pueden ayudar a paliar una situación que, a todas luces, no se resolverá únicamente cuando llueva.

Pregunta: Sr. Puxeu, nos gustaría conocer en detalle su trayectoria profesional hasta el puesto que ocupa actualmente.

Respuesta: Soy básicamente un hombre de campo: agricultor y empresario agroalimentario. Desde los 80, he compaginado mis actividades privadas con el servicio público en distintos órganos de la administración, colaborando prácticamente con todos los ministros de agricultura desde el año 82 en los gobiernos que ha dirigido el PSOE. En cuanto a empresas públicas, en Mercasa he sido Director General de Programas Comerciales y Mercados Minoristas. En Tragsa, una de las grandes empresas de infraestructura pública de este país, he ejercido de Presidente y, en la administración, aparte de otras funciones en direcciones generales y gabinete, he sido Secretario General de Agricultura y Secretario de Estado de Medio Rural y Agua. Creo que fue la primera vez en la historia que en este país tuvimos una figura para llevar todos los asuntos de agricultura y medio rural junto con los asuntos de agua e infraestructuras hidráulicas. Fue una experiencia muy importante.

Después de mi última etapa en el sector público, me reincorporé a mis actividades profesionales, a mis bodegas y a mis empresas agrarias y alimentarias. A través de concurso, accedí a la Dirección General de la Patronal del sector de alimentación y bebidas: la Asociación de Bebidas Refrescantes (ANFABRA), en la que participan grandes corporaciones como Coca-Cola, Pepsi-Cola, Schweppes, Red-Bull, etc., y pequeñas empresas. En estos momentos, además represento a la CEOE y a FIAP para Industrias de Alimentación y Bebidas en el Consejo Económico y Social Europeo, en Bruselas.

P.- ¿Cómo describiría el alcance de la actual sequía en España?

R.- La sequía es un fenómeno natural. Es cíclica, y tiene que ver con las series hidrológicas, pero por primera vez se está agudizado por el impacto del cambio climático.

Esperar a que llueva llevamos descartándolo desde el siglo XIX. Hoy en día, estamos obligados a hacer gestión para adaptarnos a esta situación de crisis, y mitigarla.

P.- De las medidas puestas en marcha para hacer frente a la situación, ¿cuáles destacaría como más efectivas y por qué?

R.- Lo prioritario es garantizar el uso de boca, y para eso hay que hacer un esfuerzo y no condicionar la situación de consumo urbano a una plaga bíblica. Con las infraestructuras realizadas, excepto en algunas zonas de interior o en Galicia donde hay poca capacidad de regulación, en cada una de las grandes crisis se ha ido mejorando.

En Barcelona, por ejemplo, los efectos de la última crisis fueron dramáticos. Sin embargo, en estos momentos, si ciudades como Jaén o Málaga no están en la primera página de los periódicos es porque realmente ha habido un trabajo previo.

Por otra parte, hay una serie de cuestiones que nos deberían preocupar como españoles: los regadíos. Los regadíos utilizan entre un 70 y un 80% del agua en estos momentos, y a la vez aportan al Producto Interior Bruto español en términos de exportación y empleo, fijación de población... una riqueza muy importante. En situaciones extremas como la actual, hay que repensar una serie de cuestiones.

Para mí, hay diferencias en dos tramos: en primer lugar, estructural, que es básico y hay que controlar actuando con programas como la modernización de regadíos, el ahorro, la eficiencia o el seguro de rentas para situaciones de pérdidas de cosechas. Por otro lado, un tema complejo pero que debería abordarse, es la planificación de cultivos. Cuando estamos hablando de un recurso cuya utilización supera al 70%, deberíamos priorizar el mantenimiento de cultivos leñosos porque es una inversión a medio y largo plazo, y después cultivos de alto valor económico y generadores de empleo.

Los cultivos con alto consumo de recurso y poca capacidad de generar empleo o riqueza deberían ser los primeros que se viesen afectados por una restricción. Para no hablar del maíz o de la alfalfa, podríamos hablar de la soja. La importación de un barco de soja, que es algo habitual, tiene un problema económico con los productores, pero tiene una capacidad de ahorro de agua muy importante en un momento de crisis como el actual, además de poder liberar ese recurso para otras prioridades.

Es un tema muy complejo en sí. Más que un acuerdo dentro de las cuencas de planificación o el recorte lineal, que es en lo que se trabaja tradicionalmente ("vamos a recortar tantos metros cúbicos" o "tantos días de riego para todos"), a mi modo de ver habría que hacer algo más complejo: apostar por el cultivo con más valor añadido y generador de más empleo y más exportación. Insisto, como los leñosos.

Dentro de lo que sería el regadío como gran factor de consumo de utilización, hay que avanzar más en la reutilización, en la recirculación y en la desalación. Zonas como por ejemplo Murcia, han avanzado muchísimo durante los últimos años porque están en una situación de crisis casi permanente. Otras zonas, como el sur de Alicante, tienen bastante más por hacer. Almería también tiene muy evolucionado el tema de la recirculación, e incluso el aprovechamiento de la condensación en los invernaderos con sistemas de gran eficiencia. Con muy pocos metros cúbicos, consiguen grandes cantidades de producción. Hay que seguir trabajando en esa línea.

Hay también una parte importante de tecnología, de voluntad y de conocimiento; y después de saber unirse o saltarse un poco las pautas dentro de la propia planificación y la ordenación de cada cuenca. Es decir, que hay que hacerlo. Descartar cultivos de gran consumo y rentabilidad limitada es muy doloroso y complejo, pero yo estoy convencido que, con una importación de un producto determinado, como un barco de soja, se ahorran muchos hectómetros cúbicos de agua.

P.- ¿Cómo diría que está afrontando la sequía el sector agroalimentario en general?

R.- El sector agrario debería entrar a fondo en la planificación y tomar un papel preponderante en los órganos de cuenca más allá de las tradiciones. Su voz es clave para decidir cómo nos adaptamos a una situación que es más recurrente que en otras épocas.

También está el tema de la cesión de derechos. Tendría que estar controlado por el sector público dentro de las propias cuencas en la administración hidráulica, porque no puede ser que la gente se ponga de acuerdo y acaben haciendo el “último trasvase del Tajo-Segura”, por ejemplo. En situaciones como la actual, las cesiones de uso tienen que ser pactadas y controladas, y eso es algo que implica más gestión y más negociación. Realmente tiene que haber un órgano control.

P.- En particular, ¿cómo afecta al sector de las bebidas refrescantes?

R.- En realidad, los grandes consumos corresponden al sector agrario. El consumo urbano tiene una parte importante y el consumo industrial es muy limitado. Nosotros estamos muy comprometidos con el agua: los 5.000 millones de litros que colocamos al año en el mercado español suponen muy pocas hectáreas de cultivo.

Igualmente, tenemos un compromiso dentro de los objetivos de sostenibilidad del sector, de reducir los consumos de agua. Hemos llegado a niveles muy eficientes en procesos de lavado, enjuagado, reutilizables... Hemos reducido un 50% el agua que consumíamos a nivel de menos de 2 litros por litro de refresco producido. Estamos por debajo de sectores como el lácteo, u otros que utilizan estos procesos. Es un compromiso ambiental y social en el que nos hemos metido mucho.

Aún hay más: todas nuestras industrias tienen clarísimo que intentamos devolver al sistema el agua en mejores condiciones que en la que la captamos. Y lo llevamos haciendo desde hace muchos años. Por tanto, estamos en la vanguardia en este tema como sector.

P.- Usted era Secretario de Estado del MARM durante la fuerte sequía en 2007-2008. ¿Qué similitudes y qué diferencias encuentra frente a la que vivimos hoy en día?

R.- Creo que dicha sequía fue de los temas más graves que se han resuelto en España.

Estar en la administración pública y aguantar la presión de un colectivo cercano a los 9 millones de habitantes (más de un 20% de la población española) con la dificultad de mantener el recurso y no tener las infraestructuras preparadas para cubrir la demanda es un drama. Actualmente hay temas graves, pero más puntuales. Como lo que está pasando, por ejemplo, en el noroeste, que es fruto de tener poca capacidad de regulación y mucha hidroeléctrica instalada, además de instalaciones de depósito muy limitadas a nivel de pequeños municipios. Nuevamente, habrá que repensarlo y habrá que hacer inversiones en infraestructuras y continuar en el ámbito del arco mediterráneo, que fue nuestro principal quebradero de cabeza. La desalación, la reutilización, la interconexión de distintos sistemas, aguas subterráneas, etc., han ido resolviendo el tema, y la verdad es que hemos pasado un verano muy difícil pero la administración hidráulica lo ha gestionado bien.

Si comparamos con el caso de Barcelona que he mencionado antes, no estaba terminada la interconexión de Abrera con el Ter de Llobregat, no estaba hecha la desaladora… no había nada y estábamos en una situación de crisis.

P.- ¿Qué elementos cree que debería incluir el Pacto Nacional del Agua que se está gestando actualmente?

R.- Para mí, un gran Pacto Nacional del Agua sería cumplir con la legislación, con la Directiva Marco. Parece fácil y de Perogrullo, pero es complejo obligar a mantener el estado ecológico de las masas de agua. Ese viejo axioma de que en los ríos pueden bajar secos al mar ya no lo soporta ni la legislación ni la sociedad. Debemos ir más allá. Por ejemplo, hay que modificar concesiones en casos extremos, algo que no se ha hecho nunca. Es algo que está encima de la mesa y afecta a sectores económicos importantes. Por lo tanto, habrá que hacerlo de forma pactada, con hidroeléctricas y con agricultores. Es un debate que no se puede obviar en situaciones extremas.

Las infraestructuras actuales que han dado un servicio muy importante para el desarrollo de grandes zonas tienen que tener un sistema de régimen de uso excepcional en situaciones de sequía; eso habrá que pactarlo y es muy difícil. Debemos reforzar la administración del agua para cumplir la planificación de cuenca y apoyarles, que buen lío tienen. Fundamentalmente, hay que seguir con un ritmo de inversiones públicas y privadas alto, porque si no, esto no se sostiene solo esperando a que llueva o esperando a que cambien los ciclos. Es un tema de gestión que hay que resolver, y la inversión en obras hidráulica es muy importante, desde las grandes obras hasta la racionalización y el ahorro en rega

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