El incremento de las lluvias, el cambio climático más importante en el centro de Argentina

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  • Así lo revela un estudio que analizó los datos de temperatura y precipitaciones registrados entre 1941 y 2010.

A contramano de lo que podría indicar el sentido común, una investigación de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA) de la Universidad Nacional de Córdoba asegura que entre 1941 y 2010 la variable climática que más cambió en la región central de Argentina no fue la temperatura, sino la cantidad de lluvia anual. “Mientras la tendencia de la temperatura media anual solo acusa un aumento significativo en menos del 10% del territorio analizado, el 57% de la región central de Argentina presenta una tendencia creciente del total de lluvia anual, lo que atenuó de manera significativa la condición de aridez”, concluye el trabajo. Es decir, la condición climática se tornó más húmeda, en particular hasta fines del siglo XX, momento a partir del cual esta tendencia positiva parece haber empezado a retrotraerse.

El trabajo, dirigido por Antonio de la Casa, profesor e investigador de la FCA, está centrado en la información del balance hidrológico, una herramienta clásica utilizada por los estudios climatológicos, que analiza las precipitaciones en función de la demanda atmosférica de agua en una región.

La investigación utilizó datos de temperatura y precipitación –tomados en valores mensuales–, obtenidos de las estadísticas del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para el período 1941-2010. Se consultaron los registros de 44 estaciones meteorológicas: 16 en Córdoba, 6 en San Luis, 8 en Santa Fe, 3 en La Rioja, 4 en La Pampa y 7 en Buenos Aires. Cabe aclarar que no todas estuvieron disponibles a lo largo de las siete décadas estudiadas.

“La actividad agropecuaria depende directamente de las variables climáticas y meteorológicas, porque ellas definen la condición de aptitud de un territorio. Estos estudios se vuelven estratégicos porque permiten planificar el uso de la tierra, de acuerdo a su aptitud y potencialidad”, explica el autor. Y señala que en el contexto actual de calentamiento global, el estudio de la variación de otros elementos climáticos tales como precipitación, nubosidad y evaporación ha sido mucho menos explorado.

La extensión de la frontera agropecuaria

En las últimas décadas, la actividad agrícola de la región central de Argentina –y en particular de Córdoba– tuvo un crecimiento muy importante, manifestado tanto por un incremento sostenido del rendimiento en los principales cultivos, como por la expansión del área de producción.

Uno de los datos que surgen del estudio advierte que mientras en el 60% del territorio aumentó la lluvia, la evapotranspiración se mantuvo prácticamente constante. Eso significa que los sistemas se volvieron más equilibrados y, por ende, mejoraron su aptitud agrícola. Esta es una de las causas que explican el avance de la frontera agropecuaria observado en las últimas décadas.

Los investigadores evaluaron este cambio de aptitud estableciendo la variación de los indicadores del potencial agroclimático del cultivo de la soja con información de cuatro sitios del área de producción. Constataron que, mientras en las tres primeras décadas del período estudiado la deficiencia de agua es el factor principal de la falta de aptitud, entre 1971 y 2000 esta condición en términos medios está ausente.

Interrogante siglo XXI

La preocupación que se vislumbra actualmente es que en la última década hubo un retroceso de las condiciones hidrológicas a valores más normales.

Según De la Casa, por ahora no se puede concluir que haya una vuelta a un ciclo seco, en primer lugar porque todavía se está construyendo el nuevo período hasta 2020, y en segundo lugar por la falta de datos conclusivos sobre cómo evoluciona el sistema climático.

De todas maneras, la pregunta sobre el impacto de los ciclos secos y territorios más frágiles (suelos de menor aptitud agrícola, más disgregados, de menor retención de agua) sobre la actividad agropecuaria queda formulada. Una de las consecuencias más probables e inmediatas, según la óptica del investigador, será la pérdida de cosechas. “Lamentablemente la ganadería se ha ido retrotrayendo mucho por una cuestión de rentabilidad”, observa y completa: “La ganadería crea en general condiciones más estables y es un reaseguro en años en los que puede fallar la agricultura”.

“Si el sistema funciona oscilante, hay que tener cuidado desde una planificación más general, desde un enfoque global que excede al productor e involucra otros actores”, explica De la Casa. Y agrega: “En un contexto de cambio climático, se vuelve imprescindible que el monitoreo de las variables ambientales se realice de manera sistemática, continua y prolongada, para asegurar que un diagnóstico particular, tanto retrospectivo como prospectivo, se sostenga sobre una base de observación confiable y permita evaluar los estados climáticos y su repercusión de manera consistente”.

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