¿Cómo está luchando Bolivia frente a la grave sequía?

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Grupo INCLAM
Grupo internacional, dentro del Mercado Alternativo Bursátil, que se dedica al sector de la ingeniería del agua y el cambio climático. Gracias a su expansión dispone de delegaciones en Latinoamérica y Caribe, España, África Subsahariana y Asia.
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Bolivia sufre los efectos de la sequía más prolongada desde 1982. El Gobierno boliviano declaró en noviembre del pasado año "emergencia nacional", por la grave sequía que afecta al país y que tiene su peor manifestación en la falta de agua potable en varias ciudades como Oruro, Potosí, Cochabamba, Sucre y, sobre todo la capital administrativa y mayor ciudad del país, La Paz.

La emergencia estalló cuando a principios de noviembre, la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) emitió un comunicado que informaba del comienzo de un racionamiento porque las dos represas Incachaca y Hampaturi, que suministran agua a más de 340.000 personas en 94 zonas de La Paz. Se encontraban a niveles mínimos de reservas, 6% y 1% respectivamente.

Según los datos oficiales, la sequía y el déficit hídrico afectan a varias regiones del país y fueron provocados por fenómenos climáticos, siendo la peor sequía en Bolivia de los últimos 25 años. En el momento de la declaratoria de emergencia, las precipitaciones habían sido solamente el 10% de las medias históricas.

Los que nos dedicamos a la gestión de recursos hídricos sabemos que una sequía es la combinación de la falta de recurso agua (oferta), que es climática, el posible desajuste con una demanda creciente no prevista y la incapacidad de regular y movilizar el agua de unos lugares a otros, o la gestión o el diseño no adecuado del sistema de explotación. En un país con una gran disponibilidad de recursos hídricos, incluso en ciudades donde se han producido los fallos, parecen razonables las acusaciones cruzadas de las instituciones de falta de previsión y de planificación de infraestructura hídrica. 

La sequía y el déficit hídrico afectan a varias regiones del país y fueron provocados por fenómenos climáticos, siendo la peor sequía en Bolivia de los últimos 25 años

En el ámbito rural, datos oficiales del Viceministerio de Defensa Social estiman que la sequía afecta alrededor de 290.000 hectáreas agrícolas y 360.000 cabezas de ganado en 8 de los 9 departamentos del país.

Las pérdidas podrían alcanzar los 500 millones de dólares y poner en riesgo 133.000 puestos de trabajo, principalmente en el sector campesino del oriente boliviano. El impacto en este sector afectará a toda la economía de Bolivia, ya que la agricultura representa el 15% del Producto Interno Bruto nacional.

La Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP) advirtió que la economía del departamento se contrajo en 1% por efecto de la escasez de agua. Los sectores más afectados son la industria manufacturera, así como el comercio, restaurantes y hotelería. Esta Federación tomó la iniciativa y el pasado 14 de diciembre entregó al ministerio unas recomendaciones para hacer frente a este evento tan catastrófico para el país.

El gobierno boliviano emitió 12 decretos a final del año pasado para fortalecer el aparato productivo del país y enfrentar la sequía, incluidas las zonas que permiten a los productores de alimentos, en particular los avicultores, la importación de grano de maíz hasta diciembre de 2016.

Los militares realizaron trabajos de urgencia en las montañas que rodean la ciudad para la conexión de tuberías de una laguna hasta el embalse de Hampaturi, según informó el general Luis Ariñez. Hay varias obras de conexiones de emergencia en marcha e incluso una nueva represa que se construye a marchas forzadas para fortalecer el abastecimiento de La Paz.

Las autoridades informaron que se acentuaría el plan de distribución de agua potable en La Paz mediante 60 cisternas y se instalarían tanques fijos de 10.000 litros en algunos barrios.

Según Mario Peinado, el general a cargo de la logística, se movilizaron más de 700 militares y un centenar de vehículos colaboraron en la entrega de agua. Las estadísticas oficiales dicen que se distribuyen con este método casi 6,5 millones litros de agua cada semana, el equivalente a casi dos piscinas olímpicas y media. Las lluvias no llegaron hasta mediados de diciembre, pero siguen siendo irregulares en el territorio y débiles para revertir la situación de forma definitiva, si bien en algunas zonas del país, de la sequía se está saliendo con inundaciones.

El gobierno boliviano emitió 12 decretos a final del año pasado para fortalecer el aparato productivo del país y enfrentar la sequía

A esta situación de falta de recursos, se suma que oficialmente se ha informado que el año pasado ha sido el más caluroso en los últimos 100 años. Esto concuerda con un informe de la NASA que dice que en 2016 se registraron las más altas temperaturas terrestres y oceánicas para un mes de abril, manteniendo al 2016 en el camino de ser el año más caliente de la historia.

¿Cuál es el estado actual de Bolivia frente a la sequía?

Dos meses y medio después de la declaración del estado de emergencia, el pueblo boliviano sigue sufriendo restricciones en el suministro de agua.

La ministra de Medio Ambiente y Agua, Alexandra Moreira, ha explicado que se están trabajando varias medidas, concretamente existen tres proyectos a mediano y largo plazo precautelando el abastecimiento para garantizar el agua para La Paz y ya se han concretado dos importantes obras de toma de agua para poder aumentar caudal.

Se invertirán alrededor de US$100 millones para garantizar el abastecimiento en toda la ciudad y para poblaciones vecinas.

Moreira aseguró que no sólo se trata de buscar nuevas vertientes, sino que se buscará agua del subsuelo y se iniciarán planes de educación ciudadana para aprovechar mejor el recurso.

Desde INCLAM, queremos felicitar al país por tomar una gran decisión que no solamente mejorará la gestión de la oferta, sino que dará paso la ardua tarea de gestionar la demanda. También queremos transmitir nuestro apoyo hacia los bolivianos y desearles que puedan superar este episodio lo más pronto posible y que logren impulsar medidas a largo plazo que eviten ver estas escenas de nuevo.

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