El Salvador abre a consulta pública el Plan Nacional de Cambio Climático

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Sobre la Entidad

MARN
Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) de El Salvador.
  • El Plan Nacional de Cambio Climático se sustenta en los ejes de la Estrategia Nacional del Cambio Climático y se oficializará en abril del próximo año a fin de que pueda ser incorporado en la gestión de la nueva administración.

El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) anunció el inicio de la consulta pública para la construcción del primer Plan Nacional del Cambio Climático (PNCC).

El PNCC es imprescindible para que El Salvador cuente con una hoja de ruta para transitar hacia una economía y sociedad resilientes al clima y bajas en carbono, teniendo en cuenta que esa transición implica esfuerzos sostenidos que requieren décadas para su efectiva consolidación y bajo permanente revisión, de acuerdo a la naturaleza incierta del cambio climático.

El Plan permitiría a El Salvador acceder más eficaz y eficientemente a los recursos de asistencia técnica y financiera que estarán disponibles bajo los distintos arreglos y mecanismos que se han establecido en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, entre ellos: el Fondo Verde del Clima; el Mecanismo de Tecnología; y el recién creado Mecanismo Internacional de Varsovia de Pérdidas y Daños Asociados al Cambio Climático.

El ministro Herman Rosa Chávez explicó el proceso y el cronograma de los talleres de consulta en los que se espera la participación de diferentes sectores del país. Se tiene previsto oficializar el Plan para el próximo Día de la Tierra, 22 de abril de 2014.

La consulta se desarrollará en cuatro fases que incluyen la realización de talleres para cada uno de los tres ejes prioritarios de acción establecidos en la Estrategia Nacional de Cambio Climático: a) Mecanismos para enfrentar pérdidas y daños; b) Adaptación al cambio climático y c) Mitigación del cambio climático con co-beneficios.

El objetivo principal de estos talleres es identificar y priorizar, en mesas de trabajo, las acciones del Plan, sus componentes o acciones subordinadas, clasificadas en orden de temporalidad: corto, mediano y largo plazo.

En el caso del eje de “adaptación”, las mesas iniciales de trabajo propuestas son: recursos hídricos, agricultura y seguridad alimentaria, salud, infraestructura y desarrollo urbano.

La elevación del nivel del mar o la salinización de acuíferos podrían inviabilizar actividades históricamente esenciales en la economía nacional 

En el eje de “mitigación” con co-beneficios las mesas propuestas son: energía (ahorro, eficiencia y energías renovables), transporte, agricultura, desechos sólidos y arquitectura y construcción eco-eficiente.

En cuanto al eje de “mecanismos para enfrentar pérdidas y daños”, las mesas de trabajo propuestas son: inversiones críticas para reducción de pérdidas y daños en el corto plazo, sistema de gestión del riesgo climático e intervenciones costo-eficientes; transversalización de pérdidas y daños asociados al cambio climático en la política de protección social universal y en la estructuración presupuestaria; sistemas de seguros en sectores prioritarios.

¿Por qué es urgente responder al desafío del cambio climático?

La creciente variabilidad climática que experimenta el país y la aceleración del cambio climático global, están configurando una realidad global y nacional muy diferente a la que se tenía, incluso, hace pocos años.

El país experimenta una variabilidad climática creciente con extremos de lluvia más frecuentes y devastadores, así como variaciones espaciales y temporales de lluvia más agudas lo que ha generado cuantiosas pérdidas y daños, colocando a El Salvador entre los países de mayor riesgo climático del mundo. Solo la depresión tropical 12E, de octubre de 2011, que rompió récords históricos nacionales en duración e intensidad, generó pérdidas por más de US $800 millones, aproximadamente 4% del Producto Interno Bruto de ese año.
Más allá de los eventos climáticos extremos, también crecerán las pérdidas y daños asociados a eventos, de desarrollo gradual, cuya manifestación se está acelerando. La temperatura promedio del planeta aumentó 0.8 grados centígrados en el último siglo, pero casi dos tercios de ese aumento ocurrió en las últimas tres décadas. En las zonas tropicales los aumentos de temperatura son más elevados que el promedio planetario. De hecho, en El Salvador la temperatura promedio aumentó más de 1.3 grados centígrados en las últimas seis décadas y de seguir las tendencias actuales podrían superar dos o tres grados centígrados en las próximas seis décadas.

El aumento de la temperatura y otros fenómenos, como la elevación del nivel del mar, la salinización de acuíferos y suelos costeros podrían inviabilizar actividades históricamente esenciales en la economía nacional o interrumpir funciones vitales de los ecosistemas naturales.

Las pérdidas y daños por eventos climáticos extremos ya constituyen serios obstáculos para el desarrollo nacional y la superación de la pobreza y los asociados a eventos de lento desarrollo tendrán una incidencia creciente en el futuro. Por lo tanto, necesitamos desarrollar e institucionalizar mecanismos para enfrentar dichas pérdidas y daños de manera eficaz.

La creación del Mecanismo Internacional de Varsovia para Pérdidas y Daños Asociadas al Cambio Climático en la reciente cumbre de cambio climático en Polonia (COP19, Noviembre 2013), en cuya negociación El Salvador participó activamente, constituye la expresión inequívoca del reconocimiento mundial del agravamiento de los impactos del cambio climático, dando paso a una realidad de pérdidas y daños que están más allá de toda posible adaptación y de los mejores esfuerzos que se puedan proponer en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para mitigar el calentamiento global.

No obstante, las pérdidas y daños por el cambio climático en el país, podrían crecer exponencialmente si El Salvador no inicia un proceso enérgico y sostenido de adaptación al cambio climático. Las condiciones de alta vulnerabilidad del país y la amenaza creciente y acelerada del cambio climático imponen la adaptación como prioridad nacional para la reducción estructural del riesgo climático y para lograr transitar hacia una economía y sociedad resilientes al clima. 

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