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Pequeños productores aprenden a adaptarse al cambio climático en la capital lechera de Colombia

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  • Pequeños productores aprenden adaptarse al cambio climático capital lechera Colombia
  • En una parcela demostrativa ONU Medio Ambiente implementa estrategias que ayudarán a los agricultores a mitigar los efectos de fenómenos naturales mientras aumentan su productividad. 

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La Organización de las Naciones Unidas es una organización internacional formada por 193 países independientes. 
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El cambio climático es un desafío urgente para el sector agropecuario de América Latina y el Caribe, donde cerca de 60% de los alimentos son producidos por pequeños agricultores. La mayoría de ellos vive en condiciones de pobreza y tiene poco acceso a financiamiento bancario y otros servicios.

En Colombia, la región de Ubaté produce hasta 25% de los alimentos de la canasta básica de Bogotá, al punto de que se le conoce como la capital lechera del país. Pero en la última década esta zona ha sido fuertemente golpeada por intensas temporadas de lluvia y sequía asociadas con fenómenos como La Niña y El Niño. Adecuar los procesos productivos a las nuevas condiciones climáticas surge como una necesidad urgente

Con el apoyo del sector privado y la comunidad, ONU Medio Ambiente implementó una parcela demostrativa en Ubaté con 11 medidas de adaptación basadas en ecosistemas para enseñar a los agricultores cómo innovar en sus tierras, adaptarse a los efectos del cambio climático y aumentar su productividad de forma sostenible, mientras se les ofrecen microcréditos que hacen posible la aplicación de estas soluciones.

Las 11 medidas fueron aplicadas en una parcela demostrativa dentro del Instituto de Ciencias Agroindustriales y del Medio Ambiente (ICAM) de Ubaté, como parte del proyecto Microfinanzas para la Adaptación basada en Ecosistemas (MEbA) de ONU Medio Ambiente, que financia el Gobierno de Alemania. 

Desde el 21 de septiembre esta finca modelo puede ser visitada por los campesinos, quienes podrán participar en un programa de capacitación y financiación para la aplicación de las medidas en sus propios terrenos, con el apoyo de la institución financiera nacional Bancamía.

Entre 2010 y 2011 la zona de Ubaté vivió uno de los inviernos más severos en 70 años, con inundaciones que obligaron a cientos de ganaderos y agricultores a abandonar sus labores. La atípica temporada de lluvias que fue seguida por La Niña causó daños por inundaciones en 1 millón de hectáreas y pérdidas valoradas en US$ 5 mil millones a nivel nacional. 

Cuando el sector empezaba a recuperarse, El Niño arropó a las montañas y valles de Ubaté con una intensa sequía que acabó con el pasto y se llevó consigo a aproximadamente la mitad de la actividad ganadera. Esto se tradujo en un mayor empobrecimiento y en la migración de campesinos hacia la ciudad, relata Rafael Rincón, director del ICAM.

Para Rincón, la mala situación económica derivada de estos fenómenos trae serias consecuencias para la seguridad alimentaria de la capital colombiana, Bogotá, no solo por el aumento del precio de los alimentos sino porque la ciudad, que ya supera los 8 millones de habitantes, se ve cada vez más presionada a abrir espacio para las familias desplazadas por la pobreza y la inseguridad alimentaria. 

Ahora, en la parcela demostrativa los campesinos pueden conocer medidas que les ayudarán a protegerse de estos efectos del cambio climático, por ejemplo: el aporte de las lombrices para generar un abono natural rico en nutrientes; un modelo de apicultura que beneficiará la polinización de los cultivos; o cómo construir zanjas distribuidas de forma estratégica para desviar y distribuir el exceso de agua en las temporadas de lluvias.

Otras de las medidas son invernaderos que permiten producir todo el año; huertos familiares para obtener cultivos variados en el hogar; deshidratadores solares que agregan valor a los productos y blindan al agricultor frente a la volatilidad de precios; riego por goteo para maximizar la eficiencia en el uso del agua o un sistema silvopastoril que diversifica la producción y provee forraje para el ganado.

Poder sensibilizar a los campesinos en cómo enfrentar al cambio climático, producir y encontrar alternativas que les permitan permanecer en su campo, es supremamente importante, no solo para los habitantes de la región sino también para Bogotá”, dijo Rincón.

El ICAM brindará educación técnica sobre las medidas de adaptación a unos 600 agricultores durante el primer año de la parcela, mientras Bancamía ofrecerá opciones de microcrédito para financiar la aplicación de las técnicas en las fincas. Gracias a esta alianza se cierran dos grandes brechas para aumentar las capacidades de los productores: acceso a financiación y asesoría técnica.

Si no se toman acciones para enfrentar al cambio climático, los efectos de este fenómeno sobre las actividades agropecuarias de Colombia generarían una pérdida anual de 0.49% del producto interno bruto nacional entre 2011 y 2100; esto equivaldría a que el país sufriera cada cuatro años daños similares a los de La Niña 2010-2011, de acuerdo con un estudio del gobierno nacional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La parcela demostrativa de Ubaté es la cuarta del proyecto MEbA en la región andina de Colombia y Perú. MEbA ha logrado sensibilizar sobre el cambio climático y sus efectos a 7.000 productores de ambos países y más de 3.000 han sido entrenados para aplicar medidas de adaptación basada en ecosistemas. En este marco, se han desembolsado más de 10.000 créditos que representan 12 millones de dólares de inversión privada destinada a la adaptación sustentable de pequeños productores ante el cambio climático. 

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