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J. Antonio Pradas (Riegos del Alto Aragón) insta a una voluntad política que comprenda el regadío

José Antonio Pradas Arnal, presidente de la Comunidad General de Riegos del Alto Aragón.

Riegos del Alto Aragón es el mayor sistema de regadío de España y de la Unión Europea. Sin embargo, a pesar de contar con cien años de andadura, todavía se encuentra inconcluso y se enfrenta a importantes retos como la adaptación al cambio climático, la digitalización y alcanzar la adecuada disponibilidad de agua.

Ser un sistema de regadío emblemático a nivel nacional e internacional no está exento de retos, y tener cien años de historia llenos de experiencia en el ámbito de la gestión del agua agrícola, tampoco concede la garantía de tener la disponibilidad suficiente para las zonas regables y demás usos asociados del agua.

Publicado en iAgua Magazine 45 - Julio 2023
iAgua Magazine 45

Es el caso de la Comunidad General de Riegos del Alto Aragón que, tal y como nos explica en esta entrevista su presidente, José Antonio Pradas Arnal, ha ido adaptándose técnicamente a lo largo del tiempo para enfrentar los retos que se han presentado. En la actualidad, la escasez de agua debido al cambio climático y el nuevo ciclo de planificación, centran sus esfuerzos.

Pregunta: En primer lugar, nos gustaría conocer cuáles son las dimensiones de la Comunidad y qué territorio comprende.

La Comunidad General de Riegos del Alto Aragón aglutina a 49 comunidades ordinarias. Desde ellas, se da respuesta a la demanda de agua de 135.000 hectáreas de regadío, 109 núcleos de población y cerca de las 1.000 explotaciones ganaderas y polígonos industriales. Somos el sistema regable más extenso de Europa, y también un sistema que después de cien años todavía no ha cerrado su delimitación.

P.- ¿Cuál es el origen de aportaciones de agua que reciben?

Riegos del Alto Aragón, desde su creación por Ley el 7 de enero de 1915, tiene autorización para la utilización de agua derivada de los ríos Gállego y Cinca. En ellos se ubican los embalses de regulación desde los que derivamos el agua, el embalse de la Sotonera, en derivación del río Gállego y los embalses de El Grado y Mediano, en el tramo superior del río Cinca. Contamos adicionalmente con regulación interna que nos permite una mejor gestión.

P.- ¿Han experimentado impactos significativos debido a la sequía en esta aportación?

Tanto el año pasado, como este año, la sequía ha condicionado de forma importante los cultivos de Riegos del Alto Aragón. Hay que recordar que nuestra capacidad de regulación es inferior a las necesidades hídricas de un año normal de cultivo.

“Somos el sistema regable más extenso de Europa, y también un sistema que después de cien años todavía no ha cerrado su delimitación”

Los principales efectos han sido la necesidad de desarrollar la campaña mediante la asignación de cupos de agua. Esto implica una reducción de la cantidad de agua disponible por hectárea y, por tanto, una reducción de los ingresos de las explotaciones al no poder llevar a cabo un riego a la demanda ni poder optimizar sus inversiones en cosecha y modernización de regadíos.

P.- ¿Qué medidas se están tomando para hacer frente a la escasez de agua en la región? ¿Existen estrategias específicas implementadas por la comunidad de regantes?

Riegos del Alto Aragón desarrolló hace ya veinte años una normativa interna para aplicar en el caso de situaciones de escasez de agua.

Para nosotros, debido a que nuestra regulación es inferior a la anual, es una cuestión de vital importancia. Esta normativa interna, más un seguimiento exhaustivo de las aportaciones de los ríos y consumos de las diferentes comunidades, nos permite realizar una gestión transparente ante nuestros regantes. Para su correcto desarrollo es importante, además, mantener una relación fluida con la Confederación Hidrográfica del Ebro, responsable último del recurso.

P.- Además de la situación actual de la sequía, ¿qué desafíos concretos enfrenta la comunidad de regantes en la gestión del agua y el riego? ¿Cómo los están abordando?

En Riegos del Alto Aragón hay dos líneas de trabajo fundamentales: de un lado, la modernización de regadíos. Un proceso que se inició en el año 2008 y que nos ha permitido contar con infraestructuras de riego modernas y de alta eficiencia. Sobre este proceso de modernización, como en la mayoría del Estado español, se ha solapado un escenario en el que la energía ha cobrado un papel protagonista. En este sentido, desde hace años Riegos del Alto Aragón trabaja junto a sus comunidades de regantes y la universidad para mejorar la capacidad de negociación en el precio de la energía y realizar una correcta gestión de la contratación de los suministros.

Indudablemente existen importantes retos a futuro, la mayor parte de ellos derivados del despliegue de medidas derivadas del Pacto Verde Europeo, pero, sin lugar a dudas, nuestro principal reto es continuar trabajando para asegurar que todas las hectáreas de Riegos del Alto Aragón cuenten con garantía de agua y, esto, en un contexto de cambio climático, pasa por hablar de regulación.

P.- En materia de modernización del regadío, ¿qué acciones se han llevado a cabo para ello?

Desde el año 2008 hemos invertido el mapa de situación de la modernización de regadíos en nuestro sistema regable. Partíamos de una situación en la que un 20% de la superficie se regaba mediante riego presurizados, y cuando finalicemos las actuaciones derivadas de esta última etapa, a través de la encomienda de gestión de SEIASA y los fondos de Recuperación y Resiliencia, prácticamente el 90% de la superficie estará modernizada.

  • "Tanto el año pasado, como este año, la sequía ha condicionado de forma importante los cultivos de Riegos del Alto Aragón"

Ha sido un trabajo continuado de muchos años, en los que ha sido necesario mucho diálogo con la administración, por la complejidad de las obras y con los regantes por las múltiples incertidumbres asociadas a realizar un desembolso económico de la magnitud que ha tenido la modernización. En nuestro caso, cuando se cierre esta etapa de obras, ya podremos hablar de modernización 2.0, aquella en la que la energía y la agricultura de precisión cobrarán un papel muy importante.

P.- ¿Cómo valora las inversiones anunciadas del PERTE Agroalimentario y de Digitalización del Ciclo del Agua?

Estamos pendientes de conocer la versión definitiva de dicho PERTE, pero todos los borradores apuntan a un conjunto de acciones que pueden apoyar ese proceso de modernización. Evidentemente de las medidas planteadas, no todas son aplicables a todas las comunidades y ha sido necesario hacer entender el importante papel que jugamos las comunidades generales.

Por ello, en líneas generales, la valoración es positiva, aunque será necesario conocer el contenido final de la Convocatoria y la agilidad en su tramitación. En todo caso, lo que sí parece evidente es que la partida económica asignada no será suficiente para cubrir toda la demanda planteada por un sector tan dinámico como el regadío.

P.- En relación a los nuevos planes hidrológicos, ¿cómo afectan a la Comunidad General de Riegos del Alto Aragón? ¿Cuál es su opinión al respecto?

Los nuevos planes hidrológicos tienen una marcada componente ambiental. Los recién aprobados para el período 2022-2027 han supuesto una profunda reformulación del plan de medidas y la eliminación del listado de actuaciones de obras hidráulicas de gran importancia para Riegos del Alto Aragón. Con la vista puesta en la gran aleatoriedad de las precipitaciones y la mayor incidencia de eventos climáticos extremos, su eliminación de la lista de medidas es una mala noticia.

  • "Gracias a los métodos de riego implantados en nuestras modernizaciones de regadíos, hacemos una gestión del agua altamente eficiente"

Ahora toca de nuevo comenzar a trabajar en la revisión de los planes que se producirá después de 2027, en la que ya se nos adelanta un ajuste de las dotaciones de riego. Esta tampoco es una buena noticia. Gracias a los métodos de riego que hemos implantado en nuestras modernizaciones de regadíos, llevamos a cabo una gestión del agua altamente eficiente y damos respuesta a las necesidades alimentarias de una población creciente.

Es muy complejo conjugar una mayor producción, mayores estándares de calidad, sostenimiento o reducción de precios y reducción de las dotaciones de agua de riego.

De otro lado, los problemas ambientales relacionados con la cantidad y la calidad del agua cada vez tienen un mayor peso específico. Nuestras modernizaciones permiten reducir de forma muy importante las masas exportadas de contaminantes, sin embargo, la normativa ambiental no refleja de forma adecuada esta mejora.

P.- ¿Qué medidas cree que deberían tomar el Gobierno y las administraciones para asegurar el futuro del sector agrícola español?

Creo que la primera medida y más importante es que exista una voluntad política de atender y comprender las necesidades del sector agrario y, especialmente, del regadío. La presión ambiental sobre las modernizaciones de regadíos y sobre los proyectos de regulación es una cuestión no deseable.

Es necesario, por tanto, racionalizar la intervención ambiental de las diferentes administraciones sobre el sector agrario. Las declaraciones de fitosanitarios y abonados, el futuro de los libros de explotación, agregan una carga administrativa que debe estar diseñada para mejorar la gestión agraria, no para convertir a los agricultores en presos de la tramitación administrativa.

  • "La partida económica asignada en el PERTE no será suficiente para cubrir la demanda planteada por un sector tan dinámico como el regadío"

En lo que respecta al regadío, la administración se ha volcado en el cumplimiento de las normas ambientales, olvidando su papel de gestores de la demanda y la necesidad de atender y conciliar los diferentes intereses sobre un recurso cuya principal utilidad debe ser garantizar el futuro alimentario de las personas.

P.- Para finalizar, ¿qué mensaje les gustaría transmitir sobre la importancia de la gestión del agua y la agricultura en el contexto actual?

La gestión del agua es a día hoy una cuestión apasionante, un mundo complejo y, a la vez, fascinante. Pero nos ha tocado vivir un tiempo marcado por la incertidumbre. Lo hemos vivido recientemente con el conflicto bélico en Ucrania y su efecto sobre la economía y muy directamente sobre el sector agrario español. También lo vimos durante la epidemia de la COVID-19, en el que el sector primario resistió un contexto de paralización económica, con un notable comportamiento.

La Unión Europea ha anunciado la puesta en marcha del mecanismo de ajuste en frontera por carbono, que deberá estar plenamente vigente en 2026, y que afectará de forma directa al sector de los fertilizantes y las importaciones, aunque es difícil prever qué comportamiento tendrá el mercado y los precios agrarios.

A esta cuestión, se suma el proceso de electrificación de la economía y las dificultades de conciliar los intereses de los fondos de inversión que han apostado por las renovables con la utilización de superficie agraria para su instalación, generando en ocasiones conflictos de intereses.

Estas dos tensiones, de carácter contrapuesto, mayor relocalización de las producciones y mayor competencia por el uso del territorio, necesitan de una apuesta fuerte y decidida por la soberanía alimentaria. Es importante garantizar el suministro máxime en un contexto tan altamente volátil.

El regadío es, sin duda, el sector que realiza una mayor contribución a esta soberanía alimentaria, pero necesita apoyo para garantizar su suministro y racionalización de las normas ambientales y, sobre todo, una mayor protección y apoyo al medio rural y a las explotaciones que garantizan la pervivencia del territorio.