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¿Cómo se originó el lago Tequesquitengo de México?

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  • ¿Cómo se originó lago Tequesquitengo México?
  • Un brujo conjuró una maldición sobre un pueblo que fue totalmente cubierto por agua salada. Esta es una #LeyendaDelAgua.

Sobre la Entidad

Conagua
Comisión Nacional del Agua de México. Creada el 16 de enero de 1989 con la misión de administrar y preservar las aguas nacionales para lograr su uso sustentable.
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Hace muchos años, en la parte sur del estado de Morelos, muy cerca de Zacatepec, existió un pueblito pintoresco llamado Tequesquite. Así lo llamaron porque en aquel lugar abundaba la piedra del mismo nombre, que al ser mezclada en las cazuelas con los alimentos, particularmente con el maíz, la calabaza y los cacahuates, les confería un sabor excelso.

Las cocineras de Tequesquite tenían fama por lo delicioso de sus platillos, pero destacaban los granos de elotes asados con calabaza y chile. Este guiso no tenía nombre, hasta que a alguien se le ocurrió llamarle “esquites” para que evocara el nombre del pueblo donde los preparaban como en ningún otro sitio.

Tequesquite se llenó de viajeros y visitantes atraídos por el sabor peculiar y único de los manjares del lugar. Los foráneos iban en busca de obtener el secreto de las suculentas recetas, sin embargo nadie les reveló el ingrediente especial para tan apetitosos guisos.

En la asamblea general del pueblo, los tequesquiteños acordaron que sólo las cocineras se encargarían de la recolección del tequesquite, mientras que los jóvenes vigilarían que nadie espiara a las mujeres y que no se revelara el secreto de sus recetas. El resto de los hombres se dedicarían a las labores del campo.

A pesar de los esfuerzos de los pobladores para mantener el secreto, alguien los traicionó. Fue Pedro Molesto, el brujo, quien acordó con un viajero entregarle una porción de tequesquite a cambio de otras mercancías. Pedro siguió a las cocineras que recolectaban las piedras. Esperó a que una de ellas se separara del grupo y la abordó. Le pidió que le entregara parte del cargamento, pero la mujer se negó y, al forcejear con el hechicero, este la golpeó con su bastón, lo hizo tan fuerte que le arrebató la vida.

Todas las casas se derrumbaron debido a la fuerza devastadora del agua y fue así que se formó el que hoy conocemos como Lago de Tequesquitengo

El astuto brujo cargó el cuerpo de la cocinera y lo colocó sobre unas rocas para aparentar que perdió la vida en un trágico accidente. Luego, el pillo tomó el tequesquite y se largó a su choza en espera de que cayera la noche para luego huir del pueblo con el botín.

La familia de la cocinera se alarmó al no verla llegar. Su esposo e hijos se dirigieron al bosque para buscarla y no tardaron mucho en encontrar el cadáver de la mujer. Durante el velorio, el viudo comentó que fue raro no encontrar el tequesquite junto al cuerpo de su difunta esposa. Entonces, los presentes pensaron que se trató de un asesinato y no de un accidente. Sospecharon inmediatamente de Pedro Molesto, quien quiso apoderarse de las preciadas piedras antes de ser recolectadas por las mujeres.

El doliente esposo y un grupo de amigos se dirigieron al lugar donde encontraron a la difunta y hallaron las huellas de Pedro. Tras esto, todos enardecidos se dirigieron hacia la choza del brujo. Los hombres derribaron la puerta de la morada del homicida. El hechicero, que invocaba conjuros frente a un altar repleto de calaveras humanas y animales disecados, al verse rodeado comenzó a aventar todo lo que estaba a su alcance, incluso el tequesquite.

Tras ser capturado, Pedro Molesto confesó su crimen y fue condenado a  la hoguera. Sin embargo, antes de arder el hechicero le hizo saber a sus captores que el pueblo sería destruido y lanzó una maldición sobre Tequesquite. Al día siguiente de la muerte del brujo, el pueblo amaneció inundado. Sin que nadie se diera cuenta el mago negro puso una botella con arena de mar de la que no dejó de brotar agua salada, justo en el centro del poblado.

Todas las casas se derrumbaron debido a la fuerza devastadora del agua y fue así que se formó el que hoy conocemos como Lago de Tequesquitengo. Los ancianos que viven a las orillas de este cuerpo de agua aseguran que en las noches de luna, cuando no llueve, en medio de aquel lago se alcanza a asomar la punta del campanario de la iglesia que alguna vez reunió a los habitantes de Tequesquite.

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