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"Hay que insistir en el principio de precaución para incidir en una buena planificación"

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Sobre la Entidad

Confederación Hidrográfica del Duero
La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) es un organismo de cuenca intercomunitaria, que gestiona las aguas de su demarcación hidrográfica, la parte española de la cuenca del Duero.
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En España, las inundaciones son la catástrofe natural que más daños genera. El cambio climático puede agravar además sus consecuencias, cambiando patrones climáticos y pudiendo derivar en unas inundaciones mucho más frecuentes y torrenciales. En iAgua queremos conocer más sobre inundaciones y cómo se gestionan, y por ello hemos contactado con expertos para que nos den su visión al respecto. Hablamos con Ignacio Rodríguez, Comisario de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Duero.

Pregunta: ¿Cómo describiría la situación global que enfrentamos en el ámbito de las inundaciones?

Respuesta: Lo primero que hay que indicar es que las inundaciones son fenómenos naturales que han existido siempre y que forman parte del ciclo hidrológico. Ríos sometidos a fuertes inundaciones han sido el germen de nuestra civilización, en torno a los cuales han nacido y se han desarrollado las grandes civilizaciones que los historiadores denominan hidráulicas.

En los últimos cuarenta años, especialmente desde la rotura de la presa de Tous(1982), de las inundaciones de Bilbao (1983) y de la tragedia del camping de Biescas (1996) se han adoptado muchas medidas de todo tipo, especialmente en el ámbito de la seguridad de presas, de la información hidrológica y de la protección civil y del urbanismo, para enfrentar mejor los problemas que puedan causarnos. Actualmente contamos con instrumentos como la Directiva de Inundaciones de la Unión Europea y una normativa de Aguas que abordan este tema de una forma, en mi opinión, muy inteligente. Hemos superado la etapa en la que las inundaciones se combatían solo con medidas estructurales, es decir, con grandes obras hidráulicas. La realidad es que si no se realizan labores preventivas, estamos muy expuestos. De ahí, la importancia de ese cambio de paradigma que apuesta no solo por una línea de actuación, sino por combinar actuaciones estructurales para objetivos de laminación de avenidas y preventivas para anticiparnos. Se podría decir que la mejor forma de que tu casa no se inunde es que no esté en una zona inundable. En este sentido, creo que este riego se está interiorizando y está empezando a conformarse una nueva mentalidad.

Hemos superado la etapa en la que las inundaciones se combatían solo con medidas estructurales, es decir, con grandes obras hidráulicas

P.- ¿Qué desafíos considera que enfrentan actualmente las grandes ciudades en relación a las inundaciones? 

R.- El mayor desafío, no solo para las grandes ciudades sino también para las pequeñas poblaciones, es el urbanístico. En los últimos 60 años se ha desarrollado un urbanismo muy expuesto a este fenómeno. Con la incorporación del artículo 25.4 del Texto Refundido de la Ley de Aguas mediante la modificación de la Ley del Plan Hidrológico Nacional de 2005, los Organismos de cuenca pasan a jugar un papel muy importante informando los planes sectoriales de las diferentes administraciones, incluyendo los instrumentos urbanísticos, y condicionando e incluso prohibiendo los desarrollos de viviendas e infraestructuras en zonas inundables. Esta es una labor preventiva muy importante que ataca el problema de raíz.

En el caso de desarrollos consolidados deberíamos empezar incluso a plantearnos subvertir muchas de las situaciones actuales  altamente expuestas a los riegos de inundación, con el debido tiempo y las necesarias cautelas. Sería más ambicioso incluso hacer un retranqueo progresivo de lo urbano con respecto a los ámbitos fluviales, a largo plazo, por supuesto. ¿Por qué no planteárselo? Creo que se podría meditar sobre ello.

P.- La magnitud y la potencia de las inundaciones parece estar aumentando en los últimos años, ¿cuál es el papel del cambio climático en este fenómeno?

R.- Los expertos indican claramente que este tipo de fenómenos, según los modelos disponibles de predicción del clima futuro, van a ser cada vez más frecuentes, lo que nos obliga a adaptarnos y ser precavidos. Hay que insistir en el principio de precaución para incidir en una buena planificación.

P.- La intervención humana en la naturaleza también tiene sus consecuencias negativas, ¿existe una relación entre la evolución urbanística y el incremento de las inundaciones?

R.- Por supuesto, pero hay que ir más allá del contexto local. Las inundaciones no se pueden estudiar sin tener en cuenta toda la cuenca, lo que significa a veces ir muchos kilómetros aguas arriba de dónde se detecta el problema. Estamos viendo unos cambios en los usos del suelo, a nivel de cuenca, muy significativos. Por ejemplo, en los pueblos de montaña y media montaña, que ocupan las cabeceras, no se practica la misma agricultura, que está en franca regresión, y se están desarrollando masas forestales que interceptan mejor las escorrentías. En cuencas muy urbanizadas, ocurre lo contrario, la proliferación de suelos impermeabilizados incrementa notablemente las puntas de crecida y disminuye los tiempos de concentración. En estos casos hay que empezar a desarrollar Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible, campo en el que está todo por hacer. En zonas bajas de agricultura muy intensiva, se han rectificado y eliminado miles de km de cauces, provocando el mismo fenómeno de intensificación de puntas de caudal que se observa en ambientes urbanos. Las canalizaciones han eliminado la conexión del río con miles de hectáreas de terrenos aluviales que jugaban un papel esencial en la retención natural de las crecidas, lo que conocemos en hidráulica fluvial como laminación.

Todos estos fenómenos condicionan la hidrología, tanto los caudales como sus frecuencias, a veces disminuyéndola o todo lo contrario. Por eso, es necesario actuar a nivel de cuenca. En este sentido, las confederaciones hidrográficas, a través de instrumentos como el Plan Hidrológico, la Cartografía de Zonas Inundables y los Planes de Gestión del Riesgo de Inundación, son los organismos más adecuados para hacer estos diagnósticos globales de inundación.

Las inundaciones no se pueden estudiar sin tener en cuenta toda la cuenca

P.- A menudo la prevención suele ser clave para evitar daños humanos y estructurales, ¿cómo puede prepararse España para una respuesta correcta ante una catástrofe natural de inundaciones?

R.- Se ha hecho mucho pero queda también mucho por hacer. La base  ya existe. Ahora contamos con mejor información y un marco legislativo muy sólido, que permite hacer cosas que antes no se hacían, sobre todo con prevención y mucha coordinación, dos aspectos básicos en este tipo de episodios. La Directiva europea de inundaciones insiste en la coordinación de los diferentes niveles administrativos. En materia de inundabilidad, es fundamental la colaboración con Protección Civil y las distintas Comunidades autónomas así como con las Administraciones locales, sin olvidar el papel de la Unidad Militar de Emergencia (UME), cuya intervención está siendo decisiva. No todos los países disponen de una Unidad de estas características, que en cuestión de horas sea capaz de movilizar un importante número de efectivos humanos y recursos para atender zonas en riesgo o en las que se ha producido un episodio de inundaciones catastróficas.

Por otra parte, hemos desarrollado sistemas automáticos de información hidrológica, los SAIH (Sistema Automático de Información Hidrológica), cada  vez más automatizados, con una mejor información y mayor rapidez en los datos a disposición de la población. La información es esencial en estos casos, no solo las grandes obras, sino también la informática, las mejoras tecnológicas o las comunicaciones.

P.- Los planes de gestión del riesgo de inundación (PGRIs) son una herramienta básica para la disminución de los daños que producen las inundaciones. ¿En qué sentido pueden las confederaciones hidrográficas prevenir o reducir el impacto ante las inundaciones?

R.- Precisamente así, elaborando estos Planes de Gestión del Riesgo de Inundación y revisándolos cada seis años, en un proceso de mejora continua, y siguiendo un modelo europeo que establece una coordinación directa con la planificación hidrológica, para que las Autoridades competentes, los diferentes Órganos de participación que forman parte de la Administración Pública del agua y los Programas de Medidas, incluyan la prevención de inundaciones entre sus objetivos. Los Planes de Gestión del Riesgo de Inundación son una figura poco conocida todavía en España, de gran potencial, que se basa en una buena cartografía de zonas inundables y en perfecta combinación con la planificación hidrológica.

P.- En ocasiones se plantea la limpieza de cauces para evitar inundaciones. ¿Qué incidencia tienen estas labores en este tipo de fenómenos?

R.- Siempre que se produce una inundación que salta a los medios de comunicación, desgraciadamente, el mantra de la limpieza de cauces preside el debate. La actuación convencional en cauces es una herramienta más para combatir las inundaciones, ni es la única ni la mejor y, generalmente, tiene un alcance muy limitado. Limpiar un río no significa dragarlo o canalizarlo y despojarlo de su biodiversidad, lo que, además de implicar problemas legales, ya que entra en conflicto con la normativa de protección de la naturaleza incluyendo la propia Directiva Marco del Agua, puede tener un efecto muy negativo. Si eliminas vegetación de ribera, el agua aumentará su velocidad, así como su capacidad de arrastre de sedimentos y su peligrosidad. Si un monte pierde su masa arbolada, por ejemplo en un incendio, el arrastre  de sedimentos será mayor y más dañino en episodios de inundación, y esto algo que cualquiera entiende y es perfectamente trasladable a un río. Los expertos no incluyen la limpieza de cauces como algo esencial, y sí, por el contrario, su restauración ambiental. La restauración de ríos y riberas y la recuperación de la conectividad lateral de las zonas aluviales con el río es una medida de prevención muy eficaz. Debemos hacer más para recuperar un servicio ecosistémico tan esencial como es el de la laminación natural que realizan las riberas y márgenes de nuestros ríos. En cualquier caso, debemos insistir: la mejor medida sigue siendo la prevención y, sobre todo, no exponerse, no construir en zonas inundables.

Los Planes de Gestión del Riesgo de Inundación son una figura poco conocida todavía en España, de gran potencial, que se basa en una buena cartografía de zonas inundables

P.- Para acabar, ¿considera que se investiga lo suficiente en materia de inundaciones?

R.- Creo que no. Aunque es destacable la labor realizada desde algunas Universidades y centros de investigación especializados, aunque se puede avanzar mucho más. Sería bueno para todos un mayor impulso en este campo, mediante de un mayor apoyo público a través de convenios, por ejemplo. Debemos trabajar en esta materia para que haya una mayor concienciación pública también, pero no sólo en el ámbito muy especializado o académico, sino  en  el de  la divulgación que es esencial.  En este sentido, una experiencia que hemos  desarrollado en la cuenca del Duero y que ha resultado muy positiva son las denominadas Escuelas de Alcaldes, foros en los que se ha debatido sobre estas cuestiones con técnicos y responsables políticos municipales.

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