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Las Palmas de Gran Canaria, posiblemente la mejor agua del grifo del mundo

  • Palmas Gran Canaria, posiblemente mejor agua grifo mundo
    Analítica colorimetría en el laboratorio de EMALSA.
  • La Empresa Mixta de Aguas de Las Palmas (EMALSA) somete el agua producida en la desaladora Las Palmas III, que celebra su 30º aniversario, a 450 análisis diarios, situándola como la tercera mejor de España, según la OCU.
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EMALSA
Empresa Mixta de Aguas de Las Palmas, S.A.
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“Posiblemente, la mejor cerveza del mundo”, proclamaba en los noventa una marca danesa a través de una célebre campaña de marketing. Pues lo mismo se podría afirmar hoy del agua de Las Palmas de Gran Canaria en cuanto a sus niveles de calidad. Su agua del grifo es de las más seguras y con mayores garantías sanitarias de toda España, como consecuencia de los exhaustivos controles a los que es sometida a través de 450 análisis diarios a un promedio de 100 muestras y de 75 sensores online. Todo para asegurar los máximos niveles de calidad y salubridad. En definitiva, las mayores y máximas garantías.

¿Por qué el agua de la capital grancanaria tiene una mayor calidad que otras? La directora general de la Empresa Mixta de Agua de Las Palmas (EMALSA), Mercedes Fernández-Couto, explica que la clave está en la idiosincrasia única del abastecimiento de esta ciudad: mientras que otras entidades o provincias cuentan con agua procedente de ríos o presas, el 85% del agua distribuida en Las Palmas proviene de la desalación. “Aquí el agua empleada a diario por los usuarios se produce, no solo se depura, como en el resto de España”. El proceso de desalación da como resultado un agua potable de gran calidad, debido a que se capta del océano Atlántico (libre de contaminantes industriales y metales pesados), se somete a procesos de filtración y finalmente a una ósmosis inversa, librándola de prácticamente todas sus sales y de los pocos contaminantes que pudiese contener. Por estas razones, ha sido clasificada como la tercera mejor de España según la Organización del Consumidor (OCU).

La desaladora de Las Palmas III somete el agua de mar a un minucioso proceso de filtrado, ósmosis inversa y desinfección final

Solo conociendo en profundidad el ciclo integral del agua en la capital canaria (que engloba el abastecimiento urbano, el saneamiento de las aguas residuales y su reutilización para riego), es posible entender su complejidad, que abarca, en cuanto al abastecimiento, la captación en el mar, la producción de agua desalada y su distribución a través de 1.800 kilómetros de redes y 50 depósitos.

En los 100 km² del área municipal de Las Palmas de Gran Canaria existen 50 depósitos repartidos estratégicamente en cotas que van desde la 0 (en la que se produce el agua potable) hasta los 677 metros sobre el nivel del mar. Juntos reúnen una capacidad de almacenamiento de 462.300 m³, y asegurarían la continuidad del suministro a la ciudad, la novena más poblada de España, hasta cinco días si se interrumpiese la desalación. “En el hipotético caso de que hubiera algún problema, estaríamos preparados y tendríamos reservas para que la mayor parte de la población no se quedase sin agua”, aclara la Directora general. El mayor de los depósitos, conocido precisamente como el “Gran Depósito”, tiene una capacidad de 250.000 m³, equivalente a la de una pequeña presa, si bien casi nunca se llena al 100%. La ciudad tiene, por lo tanto, una gran capacidad de almacenamiento, pero es importante resolver que la desaladora Las Palmas III no sea el único punto de producción.


Sala de telecontrol de la desaladora.

“Esta circunstancia no se da en otras zonas de España, porque sí disponen ya del agua, por ejemplo, en un embalse, y lo que hacen es simplemente depurarla, es decir, quitarle los contaminantes”, puntualiza Fernández-Couto. La desaladora de Las Palmas III, que acaba de cumplir treinta años, somete el agua de mar a un minucioso proceso de filtrado, ósmosis inversa y desinfección final, lo que garantiza la ausencia total de contaminantes.

Al margen de la actual situación sanitaria, la empresa mixta siempre ha sometido el agua producida a este tipo de controles. Tal como recalca Luisa Santana, jefa de laboratorio del Centro de Análisis y Control de Calidad de EMALSA, se realizan de forma rutinaria una media de 450 análisis diarios a partir de un promedio de 100 muestras. De ellas, aproximadamente la mitad se toman en la red y la otra mitad en los depósitos. “Pero no solamente se analiza del agua de consumo, sino también de la depuradora, y a nivel medioambiental se efectúan los planes de vigilancia de vertidos, fugas, fangos... En suma, un exhaustivo seguimiento a todo el ciclo integral”.

La empresa participa en un estudio de detección de COVID-19 en aguas residuales, impulsado por el MITECO en treinta depuradoras de todo el país

El laboratorio de EMALSA está compuesto por catorce personas. “Tenemos tres analistas que se dedican a la toma de muestras del agua de consumo”, destaca la jefa de laboratorio, “y que cuentan con el apoyo de todos los fontaneros y el personal que trabaja en las depuradoras, que toman muestras de rutina en las plantas”. El equipo lo completan tres técnicos, siete analistas y un administrativo.

Sin embargo, aunque los controles de calidad eran los mismos antes de la pandemia, con la crisis sanitaria se han extremado los protocolos en empresas que prestan servicios esenciales. Así lo explicaba, en una reciente entrevista publicada en iAgua, Rogério Koehn, CEO de SAUR España y Latinoamérica, el socio privado de EMALSA.

“Hemos puesto a prueba de forma súbita y extrema nuestros servicios, que hemos sabido gestionar de forma óptima pese a las dificultades”. Según Koehn, la crisis y el Estado de Alarma fueron un desafío, pero también demostraron que “como empresa estuvimos en la gama más alta de capacidades y competencias. La responsabilidad ha sido mayor que nunca”, añade, “ya no solo por el papel esencial del agua en la lucha contra la COVID-19, sino también por los servicios de saneamiento y depuración, con los que garantizamos la protección tanto del medioambiente, evitando vertidos y contaminación, como de la salud pública”.

El resultado es que EMALSA ha trabajado sin incidencias, gracias a la implicación y entrega tanto de sus trabajadores como de las empresas contratistas, que se han adherido al Plan de Contingencia establecido y a todos los protocolos de actuación y, por supuesto, a la comunicación continua y fluida con los ayuntamientos de Las Palmas de Gran Canaria y de Santa Brígida.

No obstante, con la irrupción de la pandemia, los controles adquieren una nueva vertiente: desde hace varias semanas, EMALSA participa en un estudio que analiza muestras de aguas residuales en busca del rastro genético del coronavirus, que puede llegar a la red de saneamiento a través de las excreciones humanas, y de ahí a la depuradora.

Si se detectase un posible foco, EMALSA podría proceder a sectorizar la red de saneamiento, a dividirla en zonas y tomar muestras

El Ministerio de Transición Ecológica, en colaboración con empresas de gestión del agua, empezó a buscar rastros de COVID-19 en aguas residuales de treinta depuradoras de todo el país, “y no solo los encontraron, sino que pudieron cuantificarlos”, destaca María Luisa Santana. “El objetivo sería mapear dónde se puede encontrar el virus y rastrearlo a través del agua residual”.

Hasta el momento, en Las Palmas de Gran Canaria las muestras no han confirmado un positivo, pues, aunque se han detectado fragmentos de coronavirus, las concentraciones son muy bajas, lo cual es normal dado que el virus sigue estando entre nosotros.

Si se detectase un posible foco, EMALSA podría proceder a “sectorizar la red de saneamiento, a dividirla en zonas y tomar muestras en cada una. Durante el confinamiento, por ejemplo, al permanecer los individuos en sus domicilios, habría sido mucho más fácil”, explica la responsable del laboratorio. En todo caso, Santana incide en que no se detecta en aguas residuales el virus propiamente dicho, sino “solo ese material genético, que no es contagioso”. Aún en estas condiciones, su presencia depende de muchos factores, como el tiempo que el agua pasa en la red, su pH, las condiciones medioambientales, etc. “Precisamente por eso, el estudio prevé la realización de unos 3.000 análisis en depuradoras de toda España”, añade.

Niveles de eficacia reconocidos

EMALSA es el perfecto ejemplo de las bondades de la participación público-privada en la que se basa la empresa mixta, con unos niveles de eficacia que se han visto reconocidos por la reciente obtención de certificaciones ISO que acreditan su labor medioambientalmente responsable y sus niveles de seguridad en el trabajo.

La empresa obtuvo en plena pandemia sendos certificados, concedidos por la agencia AENOR, en cumplimiento con las normas internacionales ISO 14001 y 45001, de sistemas de gestión ambiental y de seguridad y salud laboral, respectivamente. Con anterioridad, también le fueron concedidas las certificaciones ISO 9001, ISO 17025 y ECAH (Entidad Colaboradora de la Administración), siendo estas dos últimas acreditaciones específicas del laboratorio.

El carácter innovador de la empresa mixta también la lleva a colaborar con otros organismos, ya sean investigadores o educativos. El pasado mes de junio, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria le concedió su Sello de Bronce por acoger, durante los últimos tres años, a estudiantes en prácticas. La empresa ofreció formación, a lo largo del pasado curso académico, a un total de once alumnos que prestaron servicio en departamentos como depuración, mantenimiento, recursos humanos, cartografía, sistemas de comunicación y laboratorio.

Redacción iAgua