La temperatura de los océanos sube entre 1 y 2 grados cada siglo

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    Casi 3900 boyas permiten obtener en tiempo real datos de temperatura y salinidad de los primeros 2000 metros de profundidad del océano con cobertura mundial (Foto: IEO).

La temperatura de los océanos ha subido entre uno y dos grados centígrados cada siglo, según datos estimados por la red mundial de boyas Argo, un proyecto internacional en el que colaboran unos 40 países, entre ellos España a través del Instituto Español de Oceanografía (IEO).

El coordinador del proyecto Argo en España, Pedro Vélez, ha explicado a Europa Press que el dato varía en función de cada zona oceánica y que la conclusión es posible después de que se hayan comparado los datos obtenidos en estos 15 años con los de la expedición británica 'HMS Challenger', realizada a finales del siglo XIX. "Estos datos están contrastados con otras observaciones", ha indicado.

Vélez, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO), ha manifestado que la red permite obtener datos en tiempo real de temperatura y salinidad de los primeros 2000 metros de profundidad del océano en todo el mundo. Además, ha indicado que Argo contribuye a entender fenómenos de los océanos que antes no se observaban, como por ejemplo los campos de salinidad en todo el planeta y otros datos para estimar la estructura del mar.

Cada año todos los países deben contribuir al mantenimiento de las 3.900 boyas del programa mundial

De este modo, ha precisado que se ha producido un cambio de salinidad en la superficie y que se observa que los lugares donde la salinidad es mayor, aumenta, y donde es menor, disminuye, lo que ha resumido como un efecto de retroalimentación. En cuanto a España, ha dicho que la salinidad ha crecido en un 0,01 por ciento.

En cuanto al aumento de la temperatura del mar de entre 1 y 2 grados centígrados por siglo, considera que, sin embargo, aún no se puede achacar al cambio climático, puesto que en algunas zonas se observa variabilidad natural. En concreto, ha dicho que en la cuenca atlántica se observan cambios que "podrían deberse a la variabilidad natural".

De este modo, cree que para poder observar si este aumento de temperatura u otras variaciones como en la salinidad tienen una causa natural o antropogénica se necesitará esperar hasta tener datos de las casi 3.900 boyas que componen la red Argo durante 50 años.

"El Niño, por ejemplo, sería una de estas variaciones naturales, pero la red Argo, dentro de unos años nos permitirá responder a este tipo de preguntas", ha subrayado.

El coordinador de la parte española ha destacado que la red es fruto de "un reto de la cooperación internacional" entre 40 países que financian el sistema en la medida que puede. Sobre la contribución española, ha señalado que aunque al país le correspondería aportar en torno al 1 por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB), en la actualidad aporta 15 boyas, que suponen en torno al 0,5 por ciento del PIB.

"Es la mitad de lo que nos corresponde", ha comentado Vélez que, sin embargo señala que la aportación es "interesante" porque las boyas deben ser renovadas cada cuatro años aproximadamente y que esto significa que cada año todos los países deben contribuir al mantenimiento de las 3.900 boyas del programa mundial.

La revista Nature Climate Change publica en su último número un artículo para conmemorar el décimo quinto aniversario de Argo, expone que a finales de los años 90, un "pequeño grupo" de oceanógrafos tuvo la idea de aplicar la tecnología existente para desarrollar una red de boyas capaz de suministrar a tiempo real datos de temperatura y salinidad con una cobertura global.

Vélez, que es también coautor del artículo en la revista científica, califica de "componente fundamental" para el sistema global de observación de los océanos. Además, ha añadido que la red permite entender los mecanismos de distribución de calor del océano, y cómo varía el ciclo hidrológico de la atmósfera.

"Estos dos mecanismos son esenciales para poder realizar predicciones de tiempo atmosférico con mayor antelación", explica Pedro Vélez que señala que será la única manera para discernir cuánto de la variabilidad climática se debe al ser humano y cuanto a causas naturales.

La obtención de datos

Las boyas, de dos metros de alto y a la deriva, pueden modificar su flotabilidad de forma que ascienden y descienden entre la superficie y los 2.000 metros de profundidad de forma periódica. El ciclo de estas boyas comienza a 1.000 metros de profundidad, lo que se conoce como profundidad de estacionamiento. Aquí pasan nueve días para después descender hasta los 2000 metros.

Según el coautor del artículo, después, en apenas seis horas, alcanzan la superficie desde donde envían vía satélite los datos del ciclo antes de sumergirse de nuevo a su posición de estacionamiento. Así, los datos se envían a dos centros de datos en Estados Unidos y Francia, desde donde se distribuyen gratuitamente y sin limitaciones.

En la actualidad, Argo ofrece más perfiles de invierno en el océano Austral en un año que el total de todos los datos de invierno recogidos durante los 100 años anteriores a la puesta en marcha de esta red. Los datos están disponibles 24 horas después de su adquisición y desde que la red se implantó a finales de los años 90 se han publicado más de 2.100 artículos científicos con sus observaciones.

"La profundidad promedio del océano es de 4200m, así que nos estamos perdiendo más de la mitad", ha advertido Vélez que ha añadido que además de explorar el océano profundo, la red quiere expandirse a las zonas polares cubiertas por hielos y expandir la red con nuevos sensores que permitan a las boyas Argo medir otros parámetros relacionados con el ecosistema marino.

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