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Las lentillas desechadas por el desagüe, una nueva amenaza para los cursos de agua

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Las lentes de contacto pueden amenazar la vida acuática ya que la mayoría de los usuarios tira estos pequeños plásticos por el sumidero del lavabo o por el inodoro, de modo que se descomponen en microplásticos que terminan en los estómagos de la fauna de ríos y mares y, finalmente acaba en la cadena alimentaria, según una investigación de la Universidad del Estado de Arizona que se ha presentado en Boston (Estados Unidos).

Las lentes de contacto, que utilizan unos 45 millones de personas solo en Estados Unidos, no duran para siempre y especialmente las de un día de duración, pero no hay una forma establecida para desecharlas, según recoge una investigación cuyos científicos advierten de que tirar estas lentes de contacto por el desagüe al final de su vida podría contribuir a la contaminación por microplásticos de los ríos.

Los resultados de la investigación se han presentado este lunes en la 256 National Meeting & Exposition of the American Chemical Society (ACS), la mayor sociedad científica internacional, que se reúne en Boston desde este jueves y en cuyo encuentro se realizarán más de 10.000 presentaciones de resultados de distintos asuntos científicos.

La inspiración para esta investigación llegó de la propia experiencia personal de Rolf Halden, que ha utilizado lentes de contacto durante la mayor parte de su vida adulta. Así, comenzó a preguntarse si alguien habría investigado el impacto ambiental de este tipo de lentes plásticas.

Así, añade que su equipo ya había comenzado a investigar sobre la contaminación por plásticos y fue sorprendente abrir los ojos al no poder encontrar estudio alguno sobre lo que le ocurre a las lentes de contacto después de su uso.

En la presentación de los resultados, el estudiante de doctorado Charlie Rolsky ha explicado que el equipo comenzó a investigar sobre el mercado de lentes de contacto en Estados Unidos y la conducta de sus usuarios y concluyeron que entre el 15 y el 20 por ciento de ellos tiran las lentillas por el lavabo o por el inodoro.

Así, Halden, Rolsky y un tercer miembro del equipo, Varun Kelkar, del Biodesign Institute's Center for Environmental Health Engineering at Arizona State University (ASU) ha añadido que en torno a 45 millones de personas en Estados Unidos solamente llevan lentes de contacto.

Las lentes que se van por el desagüe terminan finalmente en las plantas de tratamiento de aguas residuales y el equipo investigador estima que en cualquier sitio de entre seis y diez toneladas métricas de lentes de contacto terminan en las aguas residuales estadounidenses cada año.

Halden precisa que las lentillas tienden a ser más densas que el agua, lo que significa que se hunden, y esto en definitiva supone una amenaza a la vida acuática, especialmente a los peces que se alimentan en el fondo de ríos o del mar, que podrían ingerir estas lentes.

Por eso, el equipo considera que analizar lo que ocurre a estas lentes es un reto por varios motivos. En primer lugar porque son transparentes, lo que dificulta su observación en el complicado entorno de las plantas de tratamiento de aguas residuales.

Además, los plásticos que se utilizan en la fabricación de lentes de contacto son diferentes a otros residuos plásticos, tales como el polypropylene, que puede ser hallado en casi cualquier objeto, desde baterías de coches hasta ropa. Sin embargo, las lentes de contacto frecuentemente se fabrican con una combinación de poly (methylmethacrylate), siliconas y fluoropolímeros para lograr un material más suave que permita que el oxígeno pase de la lente al ojo. Por lo tanto, no está claro como el tratamiento de las aguas residuales afecta a las lentes.

Los investigadores expusieron cinco polímeros encontrados en la fabricación de cualquier lente de contacto a microrganismos aeróbicos y anaeróbicos presentes en las plantas de tratamiento de aguas residuales durante un número indeterminado de veces y le practicaron una espectroscopia para analizarlas.

Así, Kelkar ha indicado que el equipo concluyó que los microbios en las instalaciones de tratamiento de aguas en realidad altera la superficie de las lentes de contacto, debilitando los ligamentos de los polímeros plásticos.

"Cuando el plástico pierde parte de la fuerza de su estructura, esta se romperá físicamente. Esto provocará partículas de plástico más pequeñas que podrían finalmente terminar siendo microplásticos", ha advertido Kelkar.

Estos microplásticos pueden ser confundidos por los organismos acuáticos por alimentos y como estos plásticos no son digeribles, afectan dramáticamente al sistema digestivo de la fauna marina. Estos animales son además parte de la cadena alimentaria, por lo que eventualmente se podrían encontrar en los alimentos que comen los seres humanos que se estarían exponiendo de forma involuntaria a contaminantes plásticos y otras sustancias que van pegadas a las superficies de los plásticos.

El equipo, que ha realizado la primera investigación al respecto, confía en que la industria tomará nota y, al menos proporcionará una etiqueta en el paquete de las lentillas explicando cuál es la forma adecuada de desechar las lentes de contactos, junto con otros residuos sólidos.

En todo caso, Halden espera que en último término, los fabricantes investigarán más sobre la forma en que las lentes de contacto impactan en la vida acuática y sobre la rapidez en que las lentes se degradan en el medio marino.

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