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Que llueva en las ciudades no significa que lo haga en los embalses

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Sobre la Entidad

Agencia Catalana del Agua
Agencia Catalana del Agua, empresa pública de la Generalitat de Cataluña encargada de su administración hidráulica que actúa como organismo de sus cuencas internas.

Desde que somos pequeños estamos acostumbrados a escuchar que, cuando llueve en nuestra ciudad, irá bien para aumentar las reservas de nuestros embalses. Nada más lejos de la realidad. En muchas ocasiones, el agua que proviene de la lluvia suele afectar a muchos puntos del litoral sin que repercuta en los embalses. Un ejemplo ha sido el temporal de levante registrado entre el 19 y el 23 de enero de 2017, que ha aportado cuantiosas lluvias en la parte baja de muchos ríos gerundenses pero con escasa repercusión en los embalses.

La imagen que encabeza este post muestra de manera muy orientativa cuál es el área de las cabeceras de nuestros ríos donde tiene que llover para que se recarguen nuestros embalses.

El río Ter es el que tiene una mayor cuenca de drenaje, cercana a los 3.010 km2. Para que las lluvias sean efectivas para las reservas de sus embalses, éstas se deben registrar en las comarcas del Ripollès (donde nace el río, en Ulldeter), Osona (curso alto-medio del río donde se encuentra el embalse de Sau ) y una parte de la Selva (donde está ubicado el embalse de Susqueda).

En cuanto al Llobregat, éste tiene una cuenca de drenaje cercana a los 4.500 km2. Nace en el Berguedà, en Castellar de n'Hug y hay que llueva en esta comarca (sobre todo en el norte, aguas arriba de Berga) para que la aportación se recoja en el embalse de la Baells. En la cuenca del Llobregat encontramos otro río regulado, el Cardener, que es el principal de sus afluentes. Tiene una superficie drenante de 1.412 km2 y dispone de dos embalses en la comarca del Solsonès: la Llosa del Cavall y Sant Ponç.

La reserva del Alto Ampurdán

El embalse de Darnius Boadella tiene una capacidad de 62 hm3 y destina sus reservas en el abastecimiento doméstico, a los usos agrícolas y garantizar el caudal ambiental del río Muga. La cuenca drenante de este río es de 853 km2 y es necesario que llueva en la mitad oeste de la comarca del Alt Empordà para poder llenar el embalse.

Ya más hacia el sur, concretamente en el Alt Penedès, encontramos el embalse de Foix, cerca de la localidad de Castellet i la Gornal. Se trata de un embalse pequeño (3,7 hm3) que se encarga de aportar caudales para el riego agrícola. Es un embalse que suele estar casi siempre lleno. La superficie drenante de la cuenca del río Foix es de unos 312 km2 y, por tanto, es necesario que llueva en la comarca del Alt Penedès para que las reservas se puedan incrementar.

Y vamos hacia tierras tarraconenses, para abordar los sistema de embalses Siurana-Riudecanyes. Estos están en las comarcas del Priorat y el Baix Camp, respectivamente. Al tener cuencas relativamente pequeñas (el pantano de Riudecanyes tiene 30 kilómetros de cuenca de captación), es necesario que llueva en puntos muy concretos de estas comarcas para asegurar el incremento de sus reservas.

Se necesitan lluvias intensas y continuadas

También existe la creencia de que cuando llueve el agua ya llega de manera directa a los embalses, y esto no es así. Si se registran precipitaciones después de muchos meses con falta de lluvia, la aportación es mínima, ya que mucha del agua queda retenida en el suelo. Hacen falta pues, lluvias continuadas para llenar de agua el suelo y que luego ésta pueda llegar a los embalses, aún así una parte de la lluvia devuelve al aire en forma de niebla, nubes de evolución diurna u otros fenómenos meteorológicos.

Tomando como ejemplo el último episodio de lluvias que se ha registrado en Cataluña (19 al 23 de enero de 2017), observamos que en muchos lugares ha llovido mucho, pero estos están lejos de donde están las cuencas drenantes de los embalses. En el mapa de arriba se puede ver donde llovió en relación con la ubicación de los embalses.

Otro de los mitos es la reserva de nieve que se acumula en las cabeceras de los ríos. Con las nevadas de los últimos días en todo el Pirineo se cree que aportarán una gran cantidad de agua en los embalses, y eso tampoco es así. El río que recibe una mayor aportación de nieve en su curso alto es el Ter (recordemos que tiene una cuenca drenante de 3.010 km2 y el nacimiento del río está a una altura más elevada que no el Barcelona), pero la aportación a los embalses de la nieve una vez ésta se funde es pequeña, ya que una parte de la nieve se evapora en la época de deshielo, otra se filtra al suelo, otra parte se evapora por la acción del viento y sólo una pequeña parte llega a los embalses.

La situación cambia, sin embargo, en la cuenca catalana del Ebro, que tiene una superficie de 14.000 km2, casi 5 veces más que la del Ter. En esta cuenca, la nieve acumulada, que es mucha más que en las cuencas internas, sí aporta un importante volumen de agua en caso de que los volúmenes acumulados de nieve sean importantes.

Sin embargo, especialmente en la cuenca del Llobregat y del Cardener, la nieve tiene una importancia menos conocida en cuanto a mantener los caudales del río a lo largo de todo el año. La infiltración de la nieve fosa hacia las bolsas de agua subterránea es abundante, lo que produce un incremento de caudal en las surgencias naturales, tanto en las fuentes del Llobregat como en las del Cardener, que se mantiene a lo largo de los meses.

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