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Riada de Lorca en 2012: El papel de la prevención y la respuesta eficaz

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  • La gran riada de Lorca en 2012 es un ejemplo paradigmático de cómo los sistemas de defensa ante inundaciones pueden salvar miles de vidas gracias a la rapidez y eficacia de su puesta en marcha. 

Sobre la Entidad

Águeda García de Durango
Responsable de Contenidos y Comunidad en iAgua.

Publicado en:

iAgua Magazine Nº 7
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La cuenca del río Segura es la que menos precipitaciones recibe en Europa. Sin embargo, no por ello está exenta de uno de los caprichos de la naturaleza que peores consecuencias materiales y personales deja a su paso: las inundaciones. De hecho, cada cierto tiempo esta cuenca se ve azotada por el fenómeno. 

Una de las últimas y peores ocasiones tuvo lugar en el municipio de Lorca, ya maltratado por el terremoto de mayo de 2011. La tarde del 28 de septiembre de 2012, una gran tromba de agua en el sudeste de la Península desembocó en una riada en la Región de Murcia, dejando en menos de dos horas 170 milímetros de precipitación (equivalente a un nivel de 2,40 metros de agua, casi la altura de un piso) en la cabecera de la rambla de Nogalte, en Puerto Lumbreras. El Pantano de Puentes, dentro del término municipal lorquiano, llegó a registrar un caudal de entrada de 2.000 metros cúbicos por segundo, aumentando el agua embalsada de 5,125 hectómetros cúbicos a 13,318 hectómetros cúbicos durante ese periodo. Los días posteriores a la tormenta, llegó incluso a almacenar 20 hectómetros cúbicos de agua.  

El Plan de Defensa contra Inundaciones de la cuenca consiguió frenar un ‘tsunami’ de agua dulce que habría arrasado la zona 

Sin embargo, el pantano no logró evitar que un río habitualmente seco como es el Guadalentín se trasformara en una avalancha de agua y lodo que arrastró todo lo que encontró a su paso, descargando en Lorca la peor parte de su furia: el caudal alcanzó los 616 metros cúbicos por segundo en el municipio, una capacidad prácticamente igual a la máxima del encauzamiento urbano del río a su paso por Lorca. Posteriormente, gran parte de las aportaciones del río fueron a parar a una extensa llanura de inundación al sur de la ciudad, que permaneció encharcada varias semanas. Este volumen de agua fue drenándose muy lentamente por una rambla que confluye de nuevo con el Guadalentín aguas abajo de Lorca. 

El balance en cifras fue desolador. Según las estimaciones del propio Ayuntamiento de Lorca, los daños ascenderían a más de 100 millones de euros, 300 viviendas y 260 granjas con “daños severos”, 200 toneladas de animales muertos y 10.000 hectáreas de tierras de labor “gravemente afectadas”. La situación fue tal que el presidente de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) Miguel Ángel Ródenas, calificó el evento como “el mayor episodio de lluvias conocido en la historia de la Región de Murcia, por encima de la histórica riada de Santa Teresa”, ocurrida en el año 1879.  

El Plan de Defensa 

Ante esta situación, las medidas solo pueden ser de un tipo: rápidas y efectivas. Según datos facilitados por la CHS, el Plan de Defensa contra Inundaciones de la cuenca consiguió frenar un ‘tsunami’ de agua dulce que habría arrasado la zona, dados los valores sin precedentes de precipitación y caudal aquel día. 

Dentro de este Plan de Defensa, son varias las infraestructuras que destacan por su papel fundamental en la fragmentación de la avenida: el ya mencionado embalse de Puentes y el de Valdeinfierno, que retuvieron el caudal del río Guadalentín en el curso alto en su totalidad, y en el mismo río, la derivación del Panteón en Totana aguas abajo de Lorca. Esta derivación fue estratégica en la riada, al desviar 900 hectómetros cúbicos hacia el mar evitando la entrada del agua en Murcia. El embalse de José Bautista, en Librilla, laminó el resto de la catastrófica avenida. 

Sin embargo, estas infraestructuras no pudieron evitar que las zonas de Nogalte, Biznaga, campo de Lorca, Puerto Lumbreras, Totana, Mazarrón, Águilas, Pulpí y Cuevas de Almanzora resultaran muy afectadas, y donde el balance final fue de 5 fallecidos. 

El papel del SAIH 

En este contexto, el SAIH-Segura, Sistema Automático de Información Hidrológica de la cuenca hidrográfica del Segura, tuvo una misión primordial en las horas tanto previas como posteriores a la inundación.  

Este sistema está constituido por un conjunto de infraestructuras tecnológicas integradas, integradoras e integrables que tienen como objetivo recopilar y analizar la información hidrológica e hidráulica a tiempo real de la totalidad de la cuenca. Entre sus fines, se encuentra el apoyo a la toma de decisiones en situaciones extremas, como avenidas o sequías.  

Para ello, el SAIH cuenta con cinco elementos: la obra civil, que comprende embalses, estaciones de aforo, canalizaciones, arquetas, etc.; los sensores de medición o instrumentación, los sistemas de alimentación eléctrica y sus protecciones, la red de comunicaciones y el subsistema informático. 

Respecto a los sensores, la CHS cuenta con un total de 337 instrumentos de medición repartidos por toda la cuenca, que constituyen la red de telemedida del SAIH. Se hallan instalados en el primer componente del sistema, la obra civil. 

Otro de los componentes, las comunicaciones, se realizan vía satélite, por móvil o por sistemas más antiguos, tipo radio. Por otra parte, el SAIH está pensado para funcionar en casos extremos, y por eso las fuentes de alimentación eléctrica en los sensores de las infraestructuras aparecen duplicados y son de dos tipos: energía eléctrica de red y baterías solares con una autonomía de gasta 10 días. En algunos casos puntuales, se han instalado aerogeneradores para el abastecimiento energético. 

Cuando detecta algún tipo de umbral, el SCADA informa a través de un ‘avisador’ telefónico a al menos uno de los miembros del comité permanente

Por último, el subsistema informático, o Sistema de Adquisición, Supervisión y Control de Datos (SCADA), dispone de un servidor propio ubicado en la sede de la CHS. Cuando detecta algún tipo de umbral, el SCADA informa a través de un ‘avisador’ telefónico a al menos uno de los miembros del comité permanente. Esta información se completa con la proveniente del Instituto Nacional de Meteorología. Actualmente, se estudia la trasferencia del SCADA a dispositivos tipo cloud por la simplificación práctica y espacial, ya que la red ocupa las cinco plantas del edificio de la Confederación en Murcia. 

Cabe remarcar lo completo de las mediciones que registra el subsistema, que comprenden desde estado de los embalses (porcentaje de llenado), avenidas en ríos y ramblas, SAICA (calidad del agua a tiempo real), evolución de las precipitaciones y alertas meteorológicas hasta el autochecking tanto del propio sistema como de los servidores, y todo ello las 24 horas del día. 

Todo ello sirvió para que en la riada de San Wenceslao de 2012 (conocida por ese nombre al coincidir el día con el del santo) los sensores del SAIH realizaran mediciones que alertaron de la abundante precipitación y el aumento de caudal. El siguiente paso fue alertar al comité permanente y a Protección Civil para acordonar las áreas donde se preveían problemas. Como ejemplo remarcable, la zona de paso de la riada por Lorca era una rambla donde se celebra un mercadillo periódicamente.  

Según los técnicos de la Confederación, en estos casos la prevención, aunque primordial y prioritaria, es difícil porque apenas hay tiempo entre los avisos transmitidos por el sistema y la llegada del agua a los puntos críticos.  

En el caso de Lorca, Miguel Ángel Ródenas afirmó que el Plan de Defensa “se mostró muy eficaz” durante la riada, aunque hay voces discordantes que achacan el problema y las consiguientes pérdidas en Lorca a la falta de previsión. 

No hay que olvidar que en una región como la Comunidad murciana, el agua es un bien que escasea, y tal como propuso el presidente de la CHS en el aniversario de la crecida, “una nueva red de presas en las ramblas más virulentas podría aliviar dos problemas de una vez”. De hecho, durante 2013 el agua almacenada en el embalse de Puentes aportó un volumen de agua muy valioso para el regadío en la zona. 

En el año posterior al fenómeno, se reforzó la red de teledetección del SAIH con la instalación de una decena más de puntos de control. También se ejecutaron, como medidas paliativas, más de 50 actuaciones de reparación de encauzamientos en las áreas afectadas por la riada, y otras 30 mejoras en los elementos de seguridad y órganos de desagüe de los embalses existentes para mantener su operatividad. 

Las lecciones aprendidas 

El Sistema Automático de Información Hidrológica del Segura tuvo una misión primordial en las horas tanto previas como posteriores a la inundación

Ante una inundación de esta magnitud, cabe preguntarse si podía haberse hecho más en la prevención. Mientras que los grupos ecologistas propusieron en su momento limitar la construcción, impermeabilizar el territorio y adaptar los usos de las zonas inundables, de modo que sea el ser humano el que se adapta al territorio que ocupa y no al revés, desde el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos se afirmó que “las políticas del Gobierno deberían priorizar el mantenimiento de las obras públicas que ya hay”, apostando así por la conservación de infraestructuras en vista de la falta de fondos para construir nuevas. 

Por su parte, el presidente de la CHS, además de las acciones llevadas a cabo desde la Confederación, sí que reclamó la construcción de nuevas presas. “Conservar el medio ambiente no sólo es respetar las especies y cuidar la naturaleza, si no también evitar catástrofes naturales como estas”, llegó a afirmar. 

Lo que queda claro es que ante un fenómeno meteorológico excepcional como este, la prevención y coordinación en la respuesta deben estar por encima de desavenencias de cualquier tipo, para que, a ser posible, la situación no se vuelva a repetir. 

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