¿Qué papel juegan las plantas y microorganismos en la depuración de los ríos?

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CSIC
La agencia estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es la mayor institución pública dedicada a la investigación en España y la tercera de Europa.
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Los científicos, una veintena, provienen de instituciones de diferentes países, entre ellos Reino Unido, Alemania, Luxemburgo, España y EEUU, y han estado esta semana experimentando en el Urban River Lab. Como resultado preliminar destacan la contribución de los lirios amarillos a la eliminación de amonio.

Durante una semana, desde el 8 hasta el 12 de junio, un grupo internacional de científicos ha estado trabajando en el Urban River Lab, una instalación pionera para la investigación de la depuración de aguas en ríos urbanos, ubicada en la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Montornés del Vallés. 

La investigación cuenta con profesionales de Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB) del CSIC, de la Universidad de Barcelona, y de la empresa Naturalea Conservació, impulsores del laboratorio Urban River Lab, con el apoyo del Consorci per a la Defensa del riu Besós.

Como resultado preliminar destacan la contribución de los lirios amarillos a la eliminación de amonio

El proyecto en el que trabajan está dirigido por la Universidad de Birmingham (Reino Unido), bajo la coordinación del doctor Stefan Krause, y cuenta con financiación de la fundación Leverhulme Foundation (Reino Unido) y el programa Marie Curie de la Unión Europea. Los científicos, una veintena, provienen de instituciones de diferentes países, entre ellos Reino Unido, Alemania, Luxemburgo, España y EEUU.

“Queremos ver el papel de las plantas acuáticas que se utilizan en técnicas de bioingeniería y restauración. Estas plantas se utilizan por su efecto visual y físico. Pero no sabemos cuál es exactamente su contribución en la depuración del agua”, explica Eugènia Martí Roca, investigadora del CSIC.

Para ello, los científicos estudian la capacidad de biorreacción que tienen las capas superficiales del sedimento, allí donde se enraizan las plantas, y el rol que juegan plantas y microorganismos en la depuración del agua. 

Durante toda esta semana han experimentado con plantas como el lirio amarillo, el cañizo, la Thypha o totora (también llamada, en español, gladio o espadaña), así como con un tipo de junco. En el Urban River Lab, el agua que sale de la depuradora entra por un extremo de cada uno de los canales, de los cuales hay 18, cada uno de 12 metros de longitud.

Los canales son una reproducción a escala mediana de lo que sería el cauce de un río. Hay canales con plantas (sólo una especie de planta por canal) y canales sin plantas. En varios  puntos de cada canal se analiza el agua, lo que sirve para detectar si hay cambios en su calidad. Se analizan variables como el oxígeno, la conductividad o los niveles de amonio en el agua, entre otros, y se comparan entre canales.

Contribución de las plantas

Los científicos también quieren estudiar si la capacidad de biorreacción del sedimento (y de depuración)  consigue mantenerse en situaciones extremas

Un resultado preliminar es que los lirios amarillos contribuyen a la eliminación del amonio. Para la eliminación de éste último se necesita oxígeno: con oxígeno, el amonio se transforma en nitrato, que es menos nocivo para la biodiversidad del río, apunta Eugenia Martí Roca. "Hemos podido ver que en los canales con lirio amarillo, el amonio se reducía de forma importante, pasando de 0,8 miligramos por litro a 0,3", dice. También se estudia el papel de los microorganismos de los sedimentos, como las bacterias o los quirocomicis. Estos últimos, “remueven y abren orificios en el sedimento, contribuyendo a su oxigenación”, explica.

Los científicos también quieren estudiar si la capacidad de biorreacción del sedimento (y de depuración)  consigue mantenerse en situaciones extremas, como la sequía o las avenidas de agua, habituales en climas mediterráneos. Igualmente, la forma de hacer restauraciones fluviales será objeto de estudio. En este caso, se trata de saber si los materiales usados, como los rollos de fibra de coco para para enraizar y mantener las plantas acuáticas, contribuyen químicamente en la depuración del agua. O el diseño de la restauración, como la incorporación de “rápidos” para que el agua circule más deprisa en algunos puntos.

“Se realizan restauraciones fluviales en todo el mundo” apunta Albert Sorolla, director técnico de Naturalea Conservació, “pero es curioso que nadie ha analizado desde un punto de vista químico cómo se pueden optimizar para que contribuyan a mejorar y crear ecosistemas”. Como ejemplo, apunta el caso de Santa Eulalia de Ronçana, donde la nutria volvió a los ríos tras una restauración fluvial. “Queremos crear ecosistemas, porque estos se mantienen solos. Las restauraciones fluviales forzadas requieren mantenimiento, los ecosistemas no”.

Mejorar la biodiversidad

Casi toda el agua que reciben los ríos urbanos como el del Besós, apuntan los científicos, es de depuradora. Es un agua perfectamente limpia para poder ser vertida en el cauce, pero es muy diferente al agua que se hallaría en el río de forma natural. En este sentido, el objetivo es ver de qué forma la capacidad de autodepuración del río se puede optimizar para que el agua de depuradora se limpie y acerque más al agua “natural”, y de esa forma ayudar a mejorar la biodiversidad de los ríos urbanos.

El Urban River Lab cuenta con 18 canales fluviales (de 12 m de largo y 60 cm de ancho) y doce piscinas adicionales (mesocosmos de humedales). Los canales simulan el comportamiento de los ríos urbanos, y se han diseñado para llevar a cabo ensayos experimentales que evalúen los efectos de los efluentes de depuradora —que suelen contener patógenos fecales y contaminantes difícilmente eliminados por las depuradoras convencionales— sobre los ríos receptores.

La nueva infraestructura ha sido desarrollada por equipos de investigación con una destacada trayectoria en el estudio de la capacidad de autodepuración de los sistemas fluviales, que han dirigido los expertos Eugènia Martí, del Departamento de Ecología Continental del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB) del CSIC, Francesc Sabater, del Departamento de Ecología de la Universidad de Barcelona, y Albert Sorolla, de la empresa Naturalea Conservació, con la colaboración del Consorcio para la Defensa de la Cuenca del Besòs, el Ayuntamiento de Montornès del Vallès y el proyecto Cleanleach.

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