¿Cómo afrontará la viticultura las consecuencias del cambio climático?

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El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y otros organismos de científicos realizan distintos estudios para avanzar en la mejora genética y en la aplicación de cultivos in vitro de la vid para afrontar las consecuencias del cambio climático. Los resultados de estas investigaciones pueden conocerse en la exposición 'La vid, el vino y el CSIC', que se puede visitar hasta el próximo 31 de diciembre en el Real Jardín Botánico.

Las investigaciones tratan de seleccionar variedades de vid más resistentes y capaces de soportar un aumento de temperatura, sequías más prolongadas y la aparición de nuevos patógenos.

En concreto, los últimos estudios señalan que el futuro del la vitivinicultura pasa por adaptarse a nuevas condiciones de crecimiento asociadas a un aumento de la concentración de CO2 atmosférico, de la temperatura y de la sequía, lo que puede provocar la aparición de nuevos patógenos y plagas.

En este sentido, son varios los institutos del CSIC que han abierto líneas de investigación para dar respuesta a estos desafíos, mediante técnicas de cultivos in vitro, en invernaderos-cámara o herramientas de mejora genética.

Las investigaciones tratan de seleccionar variedades de vid más resistentes y capaces de soportar un aumento de temperatura, sequías más prolongadas y la aparición de nuevos patógenos

Uno de estos estudios es el que desarrolla el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS) que, junto al Instituto de Investigaciones Agrobiológicas de Galicia (IIAG) y la Misión Biológica de Galicia (MBG), que es pionero en la aplicación del cultivo in vitro.

El IRNAS ha probado la tolerancia de plantas de vid silvestre y variedades de vid cultivadas frente a altas concentraciones de caliza o cobre en el suelo. Asimismo, ha aplicado con éxito una técnica que combina el cultivo in vitro con temperatura de 38 grados centígrados (15ºC  por encima de lo habitual en esta técnica de cultivo) para sanear viñedos virosados de las variedades Zalema, Pedro Ximénez, Palomino y Garrido Fino.

Según explica el científico del IRNAS Manuel Cantos, en la actualidad desarrollan varios tipos de estudios. Uno de ellos se centra en ensayar distintas combinaciones entre iluminaciones azules y rojas, que emiten lámparas LED con diferentes intensidades para "optimizar las condiciones lumínicas del cultivo in vitro".

Este instituto cultiva in vitro variedades de mesa (Superior Seedless y Malvasía); de vino (Pedro Ximénez, Cabernet Sauvignon y Zalema); patrones para injertos; y 21 ecotipos de vid silvestre para lograr "plantas sanas y homogéneas genéticamente".

Cantos ha añadido que a partir de estas plantas realizan ensayos de interés para la viticultura como la eliminación de la virosis, nuevas técnicas de propagación a gran escala o la selección de vides tolerantes a la sequía, al someterlas a condiciones de estrés hídrico.

En colaboración con la Universidad de Vigo y de Santiago de Compostela, el CSIC ha desarrollado, además, un protocolo de embriogénesis somática o asexual a partir de anteras y ovarios de las flores en 6 variedades autóctonas gallegas de vid.

La doctora del Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid, Pilar Sánchez, ha indicado que su caracterización ha supuesto un "gran avance" y "abre las puertas" para la aplicación de estas técnicas biotecnológicas en la mejora de cultivares autóctonos de vid".

Otra de las investigaciones de la vid para afrontar el cambio climático es el de la Estación Experimental de Aula Dei (EEAD) que, en colaboración con la Universidad de Navarra, analiza los efectos en la producción y la calidad de la uva de condiciones futuras de concentración de CO2 atmosférico.

Por su parte, el Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICCV) ha evaluado el efecto del aumento de la temperatura en la expresión génica de clones de la variedad tempranillo, seleccionando aquellos mejor adaptados.

Los investigadores del ICCV estudian, además, la secuencia genómica de una variante del ácaro Tetranychusuricae, que ha aparecido en las zonas más cálidas de la Península Ibérica y que resulta muy dañina para los viñedos. Con estos estudios se conocerán las alteraciones genéticas que le permiten parasitar la vid, diseñando así actuaciones de defensa frente a estas nuevas amenazas.

Las conclusiones de estos estudios se recogen en la pionera exposición 'La vid, el vino y el CSIC', que se puede visitar hasta el próximo 31 de diciembre en el Real Jardín Botánico de Madrid. En estas investigaciones colaboran nueve bodegas: Terras Gauda, Vega Sicilia, Marqués de Riscal, Grupo Estévez, Freixenet, Abadía da Cova, Borsao, Alto Moncayo y Lustau y la Plataforma Tecnológica del Vino.

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