Madrid podría aprovechar el agua subterránea para calentar las viviendas

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    Embalse de El Villar: dique, aliviadero y torre de toma de la minicentral (Wikipedia/CC)
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Los madrileños podrían aprovechar las aguas subterráneas, que a 2.000 metros están a 80 grados gracias a un acuífero terciario detríctico situado bajo la capital, para calentar viviendas de forma sostenible, según se puso de relieve en la sesión 'El agua en la capital natural', organizada por la Real Academia de Doctores de España (RADE).

Durante esta sesión, expertos en la materia señalaron que este sería uno de los usos posibles del acuífero pero que las trabas administrativas, entre otros inconvenientes, "desalientan a los inversores del que sería un sistema sostenible y controlable de un recurso hídrico poco aprovechado, sobre el que todavía falta mucho por conocer".

Según han informado desde la RADE, Celestino García de la Noceda, ingeniero de minas y miembro del Instituto Geológico y Minero de España, habló de geotermia, una surgencia de agua termal con una cierta temperatura, que pueden producir electricidad y, en otros casos, solo calor.

Como explicó, existen ya más de cien instalaciones geotérmicas en Madrid, con sistemas verticales cerrados y termoactivados, pero su uso no se ha generalizado porque los trámites correspondientes ante la Confederación Hidrográfica del Tajo llevan no menos de dos años, "y no suele haber ningún inversor que se meta en este asunto a tan largo plazo, aunque es el más eficiente, utiliza una energía renovable y controlable que funciona veinticuatro horas al día todos los días del año, y resulta plenamente sostenible".

Existen ya más de cien instalaciones geotérmicas en Madrid, con sistemas verticales cerrados y termoactivados, pero su uso no se ha generalizado porque los trámites correspondientes ante la Confederación Hidrográfica del Tajo llevan no menos de dos años

El presentador y moderador Manuel Ramón Llamas Madurga, miembro de número de la academia y reputado experto en la materia, resaltó la importancia del acuífero, con sus más de 3.000 metros de espesor, y añadió que, probablemente, la línea 7 del Metro se tendrá que cerrar porque no se ha tenido en cuenta adecuadamente el estudio del acuífero.

Así, detalló que se ha excavado el túnel a través de una roca soluble de evaporitas que está "chupando" agua al Jarama, que, a pesar de ser dulce, al disolverse el terreno, se está salinizando hasta tres veces más que el agua marina; y ya han aparecido grietas en edificios en este municipio.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Usuarios del Acuífero de Madrid, Juan Atienza Serna, indicó que l captación de aguas subterráneas abastece diariamente a unos 2.000 habitantes de una entidad urbanística, que vive una situación de conflicto con la Confederación Hidrográfica del Tajo y el Canal de Isabel II.

Según explicó, la Administración ha abierto unos 2.000 expedientes sancionadores a usuarios de aguas subterráneas, lo que indica que "algo funciona mal; o los usuarios son unos desaprensivos, o las normas y los sistemas de control no son correctos". Por eso, subrayó, "es necesario que los usuarios se agrupen y colaboren conjuntamente con la Administración para establecer un sistema sostenible y factible que satisfaga a todos".

En opinión de Atienza, es ético usar este recurso porque está disponible en beneficio de la población, para usos legítimos y de forma controlada y racional. "No sé por qué se puede pensar que regar un campo deportivo, un jardín o usar el agua para fines recreativos es menos ético que se evapore en otro sitio, se use en otro riego o que quede en el acuífero sin usarse", dijo.

Que se pretenda imponer a estos usuarios una tasa para contribuir al sostenimiento de los costes fijos del sistema de distribución de agua del Canal de Isabel II, no les preocupa, según Atienza; pero cree que habría que analizar los costes del suministro general, porque "lo absurdo es tener el agua aquí, ir a captarla a otro sitio y traerla hasta este mismo lugar, cuando ese coste se puede ahorrar".

Las aguas subterráneas de Madrid

Los orígenes de Madrid y gran parte de su historia están ligados a sus aguas subterráneas, a diferencia de otras grandes capitales que se han desarrollado a ambos lados de las riberas de sus ríos

Los orígenes de Madrid y gran parte de su historia están ligados a sus aguas subterráneas, a diferencia de otras grandes capitales que se han desarrollado a ambos lados de las riberas de sus ríos, planteó Pedro Martínez Santos, profesor titular de la Universidad Complutense.

Se cree, prosiguió, que el origen de Madrid fue un pequeño asentamiento visigodo en lo que sería hoy la plaza de Puerta Cerrada, cerca del Palacio Real, porque era el nacimiento de un arroyo que coincide con la calle de Segovia y fluye hacia el Manzanares. Más tarde, los musulmanes construyeron unas fortaleza militar en la misma zona.

Martínez explicó que desde siempre los madrileños han ignorado el Manzanares, por sus fuertes estiajes en verano y peligrosas crecidas en invierno. Como proclama la divisa de su escudo de armas, la ciudad se edificó sobre piedra de pedernal que cubría las aguas del acuífero detrítico, almacenadas en lentejones de arena imbricados en una matriz arcillosa, afirmó.

También recordó que la influencia del agua en la toponimia madrileña es enorme. Las mayras, una técnica de captación de aguas subterráneas por pozos horizontales, desarrollada en Persia, es el término que parece dar origen al nombre de la ciudad por deformación de mayrat, matrice, matriz, Madrid: "lugar donde abundan las mayras, o canales subterráneos.

Como relató, en 1750, Madrid contaba con abundantes mayras que abastecían las fuentes repartidas por la ciudad. Cien años después, la población superaba los 200.000 habitantes, y sus 125 kilómetros de galerías de agua subterránea comenzaban a ser insuficientes. El problema alcanzó tal gravedad que Carlos IV llegó a plantearse el traslado de la capitalidad.

Pero, tras probar otras opciones, se optó por construir un canal desde el valle del Lozoya, en una obra "faraónica" para la época, que adoptó el nombre de la reina Isabel II. El agua llegó a la ciudad en 1858, y la población se disparó al coincidir con el ferrocarril y otros avances.

La política hídrica española cambió y empezaron a construirse embalses en la sierra. El acuífero, tras la perforación de varios pozos, se utiliza en tiempos de sequía, "pero poco más". En cuanto a los vestigios de las mayras, o viajes del agua, Martínez propuso su aprovechamiento con fines turísticos.

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