El riesgo nulo no existe

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Sobre la Entidad

Grupo INCLAM
Grupo internacional, dentro del Mercado Alternativo Bursátil, que se dedica al sector de la ingeniería del agua y el cambio climático. Gracias a su expansión dispone de delegaciones en Latinoamérica y Caribe, España, África Subsahariana y Asia.
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Que el riesgo nulo no existe es un hecho y lo hemos comprobado en numerosas situaciones en las que nos creíamos a salvo y nuestro día a día se ve modificado por un pequeño contratiempo o por un gran desastre natural.

Este último mes imágenes de rescates y evacuaciones han copado todos los telediarios. Debates sobre si se ha actuado correctamente frente a los efectos adversos de los huracanes en la costa norteamericana, Harvey, Irma, o frente a las habituales pero también dañinas lluvias monzónicas asiáticas. Estas últimas con menos espacio en los telediarios pese a contar con cifras mucho más elevadas de fallecidos (más de 2.000 personas). Las cifras de los millones de dólares perdidos en infraestructura dañada, negocios y hogares arruinados han invadido todos los medios de comunicación.

Texas tras el huracán Harvey y Zona noreste de la India tras las lluvias monzónicas

Y la gran pregunta que muchos nos hacemos... ¿ocurre ahora con mayor frecuencia que antes o nos olvidamos rápido de lo que nos pasa?

En Torrevieja hubo un terremoto en 1829 que cambió el urbanismo de la ciudad en previsión a las réplicas. La zona era el suministro de sal de la Casa Real y Fernando VII dio orden de que la reconstrucción se hiciera con trazados hipodámicos que previesen futuros nuevos terremotos. Se construyeron casas con patios internos y máximo dos alturas creando refugios interiores. ¿Qué queda hoy de esta urbanización? Torrevieja es hoy una ciudad de grandes hoteles con una población con alto porcentaje de mayores de 65 años, estacionaria e internacional. ¿Cómo se acataría una posible evacuación si ocurriese un nuevo terremoto? ¿Ocurrirá un nuevo terremoto en esta misma zona? ¿Cuándo? De Lorca a Torrevieja hay 120 km y todos nos acordamos de Lorca, ¿verdad?

En Tokio el 9 de marzo de 2011 hubo un terremoto 7.2. Acostumbrados como están a los movimientos sísmicos no pensaron que vendría otro peor, pero dos días después otro terremoto 9.1 provocó el tsunami del que seguro todos tenemos recuerdos, Hechos impactantes que llegaron incluso a los cines. Aunque no hace falta ver una película oscarizada para hacerse una idea, en el propio YouTube existen multitud de videos grabados por sus protagonistas reales frente a un tsunami, como por ejemplo, donde lo que en principio parecen pequeñas olas, pronto se convierten en un desastre que arrasa con todo lo que tiene por delante:

Las alteraciones que el ser humano hace sobre el territorio aumentan su exposición a estos desastres. Sin embargo ¿tenemos siempre en cuenta los riesgos existentes cuando planificamos el crecimiento de nuestras ciudades? Los manglares eliminados por hoteles eran protecciones naturales que retenían en mayor o menor medida los tsunamis; los trazados hipodámicos y una buena ordenación territorial son instrumentos de prevención valiosísimos que en consideración los riesgos de origen natural y los posibles daños que estos pueden llegar ocasionar. Crecimiento sí, pero ordenado y minimizando riesgos.

Existen evidencias claras que nos demuestran que los cambios en el medio y en el clima son una realidad a la que tenemos que hacer frente. Son necesarias  acciones en materia de educación, no sólo dirigidas a la ciudadanía, sino también aquellas orientadas a mejorar la capacidad de los responsables políticos a la hora de tomar decisiones informadas que se sustenten en el conocimiento experto. Las Estrategias Europeas (Directiva 2007/60/CE entre otras) van encaminadas a reducir la vulnerabilidad y la exposición, más que el peligro. Pero todos los estudios realizados, como los mapas de peligrosidad y riesgo de inundación son de probabilidad, no de hechos ocurridos y como tal deberíamos tratarlos.

En esta misma línea, países y organismos de Argelia, Republica Dominicana, Colombia, Perú o España entre otros, trabajan en esta línea depositando su confianza en INCLAM para desarrollar proyectos encaminados a gestionar el riesgo y a la educación en todos los estratos de la sociedad.

Las zonas inundables simuladas con programas bidimensionales se acercan increíblemente bien a la realidad pero no basta con una aproximación precisa, igualmente los resultados deben ser analizados por los técnicos que conocen la zona, tanto el personal especializado en hidráulica como el equipo de Protección Civil. Toda la población, desde los vecinos hasta las autoridades deberían conocer los riesgos con los que pueden encontrarse en la zona en la que viven y trabajan para que la protección fuera la máxima en los momentos previos, durante y después de la catástrofe.

Las consultas públicas, entrevistas a la población, trabajo de campo y talleres específicos a técnicos y tomadores de decisión son clave a la hora de conseguir que la ordenación territorial tenga en cuenta en la futura organización del territorio. Las guías  como reciente “Guía para la reducción de la vulnerabilidad de los edificios frente a las inundaciones” desarrollada por INCLAM, aumentan la información y fomentan el compromiso de la sociedad en autoprotección, y por tanto en la reducción del riesgo.

Temas como peligrosidad, vulnerabilidad territorial, cuantificación del riesgo, etc. merecen un capítulo a parte, de momento... información, formación y comunicación, que no es poco.

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