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Ángel Fernández: "Estar con la naturaleza también es decidir cómo alimentarnos o a quién votar"

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  • Ángel Fernández: "Estar naturaleza también es decidir cómo alimentarnos o quién votar"

Sobre la Entidad

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Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, en iAgua hemos querido entrevistar a las ONG más relevantes del país para conocer de cerca su implicación con el tema este año, estoy #ConLaNaturaleza. Hablamos con Ángel Fernández, Presidente de ONGAWA.

Pregunta: Este año, el Día Mundial del Medio Ambiente se centra en la conexión de las personas con la naturaleza. ¿Cuál cree que es la mejor forma de lograr esa conexión?

Respuesta: Deberíamos comprender hasta qué punto dependemos del adecuado funcionamiento de los procesos naturales para ser viables como sociedad. Cada vez que se abre un grifo, despega un avión o se pone en marcha una fábrica son los ecosistemas, a escala local, regional o global, quienes soportan y sostienen la actividad humana. Por ello es fundamental que tomemos consciencia de que nuestros hábitos de vida tienen importantes efectos en la naturaleza. La sostenibilidad, una palabra gastada de tanto mal uso, se basa en conectar nuestro desarrollo económico con los ecosistemas en los que vivimos para que se mantengan en el futuro. Y esa es la prueba del algodón para medir la solidez de lo que decimos y lo que hacemos sobre sostenibilidad.

Hay otra conexión muy importante de destacar, que es que el deterioro ambiental afecta de forma mucho más aguda a las personas más vulnerables y que viven en países con altos índices de pobreza.

P.- El lema de este año, #Estoyconlanaturaleza, anima a las personas a salir al aire libre y disfrutar de los espacios naturales. ¿En qué situación se encuentra la compatibilidad del ocio y el cuidado de estos espacios?

R.- Quizá podría entenderse ese lema en un sentido más potente, y “estar con la naturaleza” no sólo al aire libre o en los espacios naturales sino cuando decidimos cada día qué productos comprar, cómo alimentarnos, cómo desplazarnos o a quién votar. Es en esas decisiones individuales y, sobretodo, en las colectivas sobre qué tipo de sociedad queremos ser, donde nos jugamos un futuro más o menos sostenible.

P.- Quizá la conexión con la naturaleza es asociada más a los espacios abiertos. ¿Se puede lograr esa conexión también en las ciudades? ¿De qué forma?

R.- Desde luego para quienes viven en el mundo rural es mucho más evidente la conexión con la naturaleza y la dependencia respecto a los procesos ecológicos que sostienen nuestra alimentación o nuestro suministro de agua potable. En un mundo cada vez más urbano, el futuro sostenible pasa necesariamente por buscar y encontrar modelos de ciudad que se relacionen mejor con su entorno local y global: desde este punto de vista conectar con la naturaleza es prestar atención a la contaminación de las ciudades y trabajar por reducirla, concienciar sobre la importancia de tener ciudades limpias y la responsabilidad ciudadana que esto conlleva, promover huertos urbanos, transporte sostenible , la utilización de energía solar o el consumo de productos ecológicos y locales. Aunque nos queda mucho por avanzar, cada vez existen más iniciativas urbanas que conectan la ciudad con la naturaleza.

P.- Los problemas ambientales están cada vez más presentes en nuestro día a día. ¿Somos ahora más conscientes de nuestra dependencia de la naturaleza?

R.- ONGAWA trabaja para sacar de la pobreza y asegurar los derechos humanos de miles de personas en zonas rurales de países como Nicaragua, Tanzania, Mozambique o Perú. Ahí los problemas ambientales no son algo lejano sino que afectan directamente sobre los derechos y los medios de vida de las personas. Talar un bosque afecta a la infiltración y la recarga de los acuíferos y, al final, al agua disponible para las comunidades; llevar a cabo prácticas agrícolas inadecuadas contamina los cursos de agua y los suelos. Es esta lógica experimentable a escala local, la que confirman a escala global los datos científicos sobre superficie forestal o concentración de CO2. La consciencia de estos problemas por parte de ciudadanos, científicos y políticos no es tan baja: la cuestión es si es suficiente para darle la vuelta a la inercia y los intereses que nos conducen a la insostenibilidad. Por ahora no parece que eso sea así.  

P.- La naturaleza nos proporciona algo esencial para la vida: el suministro de agua natural. ¿Considera que las personas valoran este bien lo suficiente?

R.- Es cierto que cuando abrimos la ducha en una gran ciudad no tenemos en mente todo el camino previo que ha hecho esa agua hasta llegar ahí, ni los procesos ecológicos que lo hacen posible. Estos procesos que aseguran el buen funcionamiento del ciclo del agua tienen un valor enorme, pero no un precio asignado. En ONGAWA, nos enfrentamos cada día a realidades en las que miles de personas se abastecen de aguas contaminadas, las fuentes se encuentran a varios kilómetros de sus hogares o no disponen de una cantidad mínima para satisfacer las necesidades diarias y vemos las graves consecuencias que esto tiene. En las zonas rurales de África o América Latina ese valor es algo cotidiano, incorporado a la vida social de las comunidades: cuando fallan esos procesos falta el agua para beber y para cultivar, y son las personas más vulnerables quienes sufren las consecuencias. Aquí, en el norte, es importante que las personas lo comprendan, pero más aún que la sociedad encuentre la forma de valorar esos servicios  para orientar las decisiones políticas y económicas.

P.- ¿Qué hace su organización por el cuidado de la naturaleza? ¿Y del agua?

R.- ONGAWA trabaja para eliminar la pobreza y garantizar el ejercicio de los derechos humanos en zonas rurales de África y América Latina. Los derechos al agua y al saneamiento son una de nuestras prioridades, y hace tiempo que tenemos claro que la gestión sostenible de los recursos naturales es un elemento imprescindible para que estos derechos puedan ejercerse. En países como Tanzania, Nicaragua o Perú protegemos las áreas de recarga de las cuencas hídricas, fortalecemos las instituciones y los instrumentos para la gestión de los ecosistemas, promovemos prácticas agrícolas sostenibles, e impulsamos la participación ciudadana en los espacios de decisión sobre los bosques y los recursos naturales. El objetivo que compartimos con las comunidades y nuestros aliados locales es convertir el círculo vicioso de pobreza y deterioro ambiental en uno virtuoso de medios de vida sostenibles, derechos humanos garantizados y conservación del ecosistema.

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