La desalación española, en su momento más dulce

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Sobre la Entidad

Rafael Barrera Morcillo
Vice-Director de iAgua Magazine.

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Limpia, fija y da esplendor: Allí donde el recurso es escaso, limpia toda duda sobre la seguridad del suministro; en zonas donde no sería posible el desarrollo de núcleos urbanos, fija a la población y le permite desarrollar actividades productivas; y donde el agua no reúne las condiciones más adecuadas, la dota de la calidad necesaria para alcanzar el esplendor requerido para su consumo. La desalación es un recurso tecnológico excelente y empíricamente contrastado, otra cosa bien distinta es definir en cada caso concreto, en función de las alternativas, los costes y las necesidades, si es la solución más idónea. Para dar respuestas a los retos del agua, las Administraciones habrán de valorar las soluciones, los pros y contra de las distintas alternativas, y proteger sus trascendentales decisiones de los volubles populismos que encuentran en el agua el sustento que riega debates absurdos fertilizados con desinformación, con el único ánimo de recolectar sufragios.

Por su parte, las empresas españolas no sólo han hecho sus deberes; sino que han alcanzado una excelencia que les permite dominan el mercado internacional de la desalación. La experiencia acumulada frente a los retos que ofrecía la diversidad de variables adversas que tanto nuestra geografía, como nuestra climatología nos deparan, la valía de nuestras ingenieros y la acertada visión estratégica de sus cuadros de dirección han supuesto la sólida internacionalización de nuestras empresas, que no temen ni siquiera a las más agresivas competencias emergentes.

Las voces más autorizadas en la materia, nos dejaron su conocimiento en el VIII Foro iAM: Adrián Baltanás García, ex Director General de Acuamed y ex Director General de obras hidráulicas del MOPU (Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo); Francisco Javier Bernaola Echevarría, Director de Abengoa Water Technologies; Manuel Díaz Vega, Director de Contratación de Tedagua; y Bartolomé Marín Fernández, Director del departamento de Desalinización de Aqualia Infraestructuras.

Complementa, garantiza y mejora el recurso

Bartolomé Marín expone con didáctica claridad las tres grandes utilidades de la desalación: “la primera sería el abastecimiento cuando no hay otro medio de producir el recurso, por ausencia o escasez de agua; una segunda utilidad sería la garantía de suministro, por lo menos de suministro a la población; y, en tercer lugar, para la mejora de la calidad del agua, que en muchos lugares es necesaria”.

Las empresas españolas no sólo han hecho sus deberes; sino que han alcanzado una excelencia que les permite dominan el mercado internacional de la desalación

Adrián Baltanás asiente y complementa: “el uso de la desalación que se haga en cada caso, en competencia con los recursos naturales disponibles depende de tres variables fundamentales: del grado de seguridad y garantía que queramos darle a la satisfacción de las necesidades de la población y de su tejido productivo: agricultura, turismo o industria. Un segundo factor decisivo será el grado de protección que queramos darle a los recursos naturales, en especial a los recursos subterráneos durante un ciclo de sequía o cuando trasvasamos recursos de unas cuencas a otras. El tercer factor, conclusión de los dos anteriores, tiene que ser el coste de cada recurso, sea natural, trasvasado, reutilizado, de pozos, de embalses o sea de desalación y, en este aspecto, tenemos que plantearnos la repercusión del coste real más todas las externalidades”.

En menos de dos minutos queda expuesto con absoluta solidez el planteamiento que justifica la idoneidad de la desalación, Francisco Javier Bernaola advierte que el recurso es más escaso de lo que percibe la sociedad desarrollada, “la población mundial está creciendo a un ritmo inmenso y nos encontramos con un problema: ¿podemos encontrar fuentes alternativas de esa agua? la desalación es la primera fuente alternativa que hemos logrado. El agua es un recurso finito, tenemos que cuidarlo y ver cómo somos capaces de proveer de agua de calidad a la población que, para su bienestar, necesita también alimentos, energía, servicios e industrias, actividades que también demandan grandes cantidades de este recurso”.

Corrobora lo expuesto en la mesa Manuel Díaz que, como no tiene ni la más mínima duda sobre la cuestión, sentencia: “el metro cúbico más caro de agua es el que no tienes, más allá de las consideraciones políticas en la materia o la falta de rigor técnico que nos encontramos en los debates que escuchamos sobre los costes; la desalación ofrece una respuesta perfecta frente a la ausencia o escasez de agua para la población o para sus actividades productivas”.

Polítización y planificación ¿tanto monta?

¿La politización de la materia ha podido ser motivo de una planificación precipitada? Adrián Baltanás, quizá por alusiones, se muestra tajante, “sigo convencido de que la puesta en marcha por parte del Ministerio de Medio Ambiente del programa de desalación AGUA en 2005 fue una decisión acertada, porque sin la desalación es imposible, literalmente imposible, asegurar el suministro en las islas ni en el arco Mediterráneo. Pero es lógico que las desaladoras tengan una utilización variable en función de los otros recursos disponibles en cada momento. Del mismo modo que te puedes quedar sin agua en un embalse, porque se puede vaciar durante dos o tres años, y no por eso piensas que ese embalse no sirve para nada” y completa su alegato con un paralelismo con los trasvases “El Trasvase Tajo-Segura se ha utilizado sólo un tercio de su capacidad a lo largo de todos los treinta y cinco años de explotación y sin embargo no por eso lo vas a cerrar, es decir, unos años lo utilizas más y otros años lo utilizas menos”.

Manuel Díaz: "Muchas de las debilidades vienen dadas por la desinformación"

Para Bartolomé Marín “ha habido instalaciones más acertadas que otras, pero las plantas ahí están y como, por desgracia, nuestro país está condenado a sufrir sequías, que tienen un comportamiento cíclico, cuando llegue el momento se valorará el papel de cada una de las plantas que se pudieran cuestionar en momentos de abundancia”. Manuel Díaz, se lamenta, “los que no lo han cuestionado nunca no son los técnicos, otra cosa son las opiniones no fundamentadas que tanto se han escuchado. En general, la desalación en España se ha gestionado con acierto, así lo considero”, Francisco Javier Bernaola prolonga la tesis de Bartolomé y Manuel: “planificar estas cuestiones es muy complejo, puede que tengas una de más o una de menos, depende de las regiones; pero podemos asegurar que tenemos garantía de suministro y nuestra población puede estar tranquila”.

Adrián Baltanás no se resigna a cerrar esta cuestión sin justificar que, efectivamente, es lógico que exista una bien entendida politización del agua: “Que el agua sea un tema político es obvio, debe ser así, todos los temas importantes para la sociedad son objeto de decisiones políticas: el agua, la energía, la sanidad... lo que hay que pedir es que estén claros y sean públicos los valores objetivos y los parámetros sobre los cuales se toma una decisión política, ha de haber una total transparencia hacia la sociedad para que se puedan comprender las decisiones que se toman. La desalación no es ni mejor ni peor que otras soluciones, en cada caso habrá que hacer un estudio de alternativas entre las diferentes opciones de fuente de suministro, partiendo de qué garantías queremos tener”. Bartolomé Marín, considera esencial ese análisis de alternativas y descubre un dato poco intuitivo pero revelador: “a los doscientos kilómetros, un trasvase impulsado habrá consumido la misma cantidad de energía que se precisa para desalar un metro cúbico de agua, poniendo como media 3,5 kilovatios por m3”. Estas apreciaciones, estos cálculos técnicos, quedan muy alejadas del conocimiento del ciudadano, Bartolomé verbaliza en este punto una de las grandes y recurrentes preocupaciones del sector: “la población está muy poco informada, tiene la idea de que consumir agua ha de ser casi gratis”

Manuel Díaz, corrobora, “Así es, muchas de las debilidades vienen dadas por la desinformación, ¡un metro cúbico de agua desalada es carísimo! dicen algunos, pero eso era hace veinte años y no se han vuelto a informar, la desalación fue cara en sus inicios, cuando se recurría a ella era porque no había otra solución. Esto provoca que no se pueda avanzar socialmente como sería deseable, pero… ¿qué sería de Barcelona después de seis meses sin llover si no tuviera la desaladora? Pues que no dispondría de agua”, además de esa garantía, expresa Adrián Baltanás “La mejora en la calidad del agua supone unas externalidades muy beneficiosas que habría que tener en consideración a la hora de definir los costes reales de la desalación, porque evita el desembolso ciudadano en agua embotellada y prolonga la vida de electrodomésticos y lavadoras; en Cataluña calculan que supone unos cien euros por familia y año”. Francisco Javier Bernaola, introduce un ejemplo paradigmático: “Australia hizo unas inversiones inmensas en desalación; pero aproximadamente el 50% de las plantas las tienen paradas. Eso no supone problema, puesto que fueron concebidas incluso para poder estar paradas, que fue una decisión política en aras de garantizar el suministro”

Costes a toda costa

Adrián Baltanás: “Sigo convencido de que la puesta en marcha por parte del Ministerio de Medio Ambiente del programa AGUA fue una decisión acertada, porque sin desalación es imposible asegurar el suministro en las islas ni en el arco Mediterráneo"

Adrián Baltanás advierte que esa didáctica social es precisa porque “tenemos que incorporar a las políticas públicas el pago íntegro de los costes del agua, porque así está establecido en la Directiva Marco y, aunque no lo estuviera, es obvio que hay que pagar todos los coste para que el servicio sea sostenible” y, subiendo el tono de voz asevera sin reservas: “mientras no haya una regulación del régimen económico de las aguas que repercuta todos los costes –con todas las excepciones que contempla la propia Directiva Marco- tras una evaluación rigurosa, siempre se tenderá a utilizar los recursos que parezcan más baratos, sin hacer los cálculos a largo plazo, con absoluto rigor, y sin contemplar las externalidades”.

Bartolomé Marín destaca que la curva de costes fijos y variables de la desalación mantiene una progresión sostenida a la baja, lo que posiciona a esta tecnología como una de las respuestas más acertadas frente a la ausencia, escasez o falta de calidad del recurso. Los progresos en el ahorro de energía son sorprendentes… “Depende del tamaño de cada planta, pero considerando todos los costes, incluido el de amortización, el 40% es coste energético. El consumo energético en las instalaciones españolas está entre los 3 y los 4 kw por m3 de agua desalada; cuando hace diez años estábamos entre 6 y 7 kw” y, en su génesis, recuerda Adrián Baltanás con media sonrisa, “empezaron con más de 30 kW por m3”.

Francisco Javier Bernaola se complace en subrayar estás conquistas en materia de eficiencia energética, “el avance en la reducción de consumo energético está siendo muy importante, hemos pasado a recuperar hasta casi el 90% de la energía de presión que teníamos. Incluso podemos hablar de volver a tecnologías térmicas frente a salinidades muy altas, desde 46 gramos por litro las tecnologías térmicas empiezan a ser competitivas frente a tecnologías de membranas y, además, podemos encontrar unas sinergias muy interesantes con fuentes de generación renovable si la zona es propicia para ello, como es el caso de Chile, donde la calidad de la energía del sol es muy buena, la irradiación es muy alta, porque…” y mirándonos a todos a los ojos nos pregunta: “¿realmente pensamos que tenemos que encontrar soluciones sostenibles?, ¿creemos en el cambio climático?... Yo sí y creo que cada vez más gente piensa que nuestra civilización está dañando al Planeta”.

Adrián Baltanás cierra este debate de costes, con una disquisición interesante “una vez que se ha decidido dar solución a un determinado problema a través de la desalación, porque queremos seguridad cien por cien y hemos llegado a la conclusión de que es la más sostenible, tenemos el coste; pero este coste no se debería cargar a sus usuarios directos únicamente, porque es un recurso externo que beneficia a todo el sistema. La desalación puede resultar más cara en determinadas situaciones y hay que repercutirla sobre todos los beneficiarios, tanto a los directos, como a los indirectos”.

La salmuera no eleva la tensión

Bartolomé Marín expone sin ápice de dramatismo la cuestión de la salmuera: “la desalación consiste en eliminar las sales de un flujo de agua salada, se generan dos flujos a partir del proceso de desalación: el agua dulce, que es la que vas a utilizar, y otro flujo, que es también líquido, que es la salmuera. Se cree que es un subproducto contaminante, pero nada más alejado de la realidad”. Francisco Javier Bernaola asiente y lo aborda como un reto para la industria “hemos sido muy eficientes, hemos recuperado la energía de presión que teníamos en las salmueras; pero aún no hemos sido capaces de recuperar la energía química que tenemos en esas salmueras. También estamos hablando de recursos naturales, fuentes para encontrar sales y metales, como magnesio, calcio o, incluso, litio” y, con cierta resignación de no tener todavía la posibilidad de valorizar este subproducto, continuó, “ahora tenemos que devolverla de forma cuidadosa al mar, considerando siempre los estudios de impacto ambiental, no es ningún problema, es más complicada la gestión en desalobración, cuando estamos alejados del mar”.

La curva de costes fijos y variables de la desalación mantiene una progresión sostenida a la baja

Bartolomé Marín pasa de la teoría general a la práctica, a una realidad empírica: “En España tenemos plantas desaladoras desde el año 1965, en Lanzarote y Ceuta se instalaron las primeras y, desde entonces, después de medio siglo, no se ha registrado ninguna catástrofe natural o consecuencia negativa en los puntos de vertido”

Evolución tecnológica y marca España

Para Manuel Díaz “la desalación, a pesar de su importante desarrollo, tiene todavía mucho margen para evolucionar tecnológicamente. Los españoles hemos aportado mucho en este terreno y seguiremos haciéndolo sin ninguna duda. Somos referentes, las constructoras españolas en general tienen un prestigio internacional contrastado, ya no sólo en desalación, los españoles hemos demostrado ser muy buenos integradores y eso es un valor añadido”

Francisco Javier Bernaola, “la labor y las instalaciones realizadas dentro España ha permitido a las empresas españolas lograr importantes avances tecnológicos y posicionarlas con fuerza en el mercado internacional. En el mundo de las membranas, de la ósmosis inversa, hemos sido lo que mejor hemos evolucionado la tecnología y con eso no quiero decir que hayamos desarrollado las membranas, pero sí la forma de utilizarlas. Las membranas van a ser un elemento clave para presión de todos los tratamientos de agua y cuando hablo de membranas no me refiero únicamente a las de ósmosis inversa, me refiero también a microfiltración y ultrafiltración, porque eso nos va a garantizar una mejor calidad de las aguas que podamos suministrar, en este aspecto tecnológico esencial estamos en vanguardia las compañías españolas”

Bartolomé Marín, asiente satisfecho y añade, una vez más, la contundencia del dato: “dentro de las veinte principales empresas que construyen plantas desaladoras en el mundo, ochos son españolas, de veinte ocho, o sea, casi un 45%” y explica “ya habíamos empezado a salir antes de la crisis, pero como consecuencia de la caída de la demanda interna hemos intensificado la labor en el exterior y, bueno, afortunadamente hemos calado en los mercados internacionales, me atrevería a asegurar que del total de las licitaciones que se producen en el mundo, al final, más del 70% de las plantas desaladoras proyectas las construye una empresa española. Hay muy buenas perspectivas de construcción de futuras plantas en todo el mundo, en especial, en Latinoamérica, norte de África y Oriente Medio”.

Manuel Díaz recuerda que el mercado es muy amplio, dadas las necesidades que tienen todas las zonas áridas y semiáridas del Planeta así como en territorios insulares “en una isla, grande o pequeña, hace falta una desaladora, es lo más normal”. Además, advierte Bartolomé Marín, “El mundo de la desalación no se termina en la construcción. Las plantas hay que operarlas, mantenerlas y desarrollarlas, que es otra parte importante de la labor que hacen las nuestras empresas. Para seguir siendo líderes en el mercado internacional tenemos que seguir desarrollando ideas. Estoy convencido de que, a corto o medio plazo, el desarrollo de la desalación va a estar en el mantenimiento y el desarrollo de las plantas existentes, de las que estamos operando, y eso se optimiza trabajando bien en i+D+i”.

Se cree que la salmuera es un subproducto contaminante, pero nada más alejado de la realidad

“En definitiva, se trata producir el metro cúbico cada vez más barato” matiza Francisco Javier Bernaola certero, para que Bartolomé Marín abunde complacido “Más barato, exactamente. Hay varios medios de optimizar el precio, uno es ahorrar el consumo energético, pero eso está limitado por la física y, el otro, abaratar el coste de la fuente energética”. “Ahí tenemos un campo de trabajo interesante en España, porque tenemos las plantas, y cuando tienes que utilizarlas de forma marginal estás obligado a ser muy eficiente si quieres mantenerte en el mercado” completa Francisco Javier Bernaola, que entra al detalle de esta labor: “el objetivo ahora es la modernización de las instalaciones, adaptar a sistemas más eficientes, esto lo estamos haciendo todas las compañías en las plantas desaladoras. Tenemos la recuperación por medio de turbina y estamos metiendo cámara isobárica, que aumenta la eficiencia energética. Entonces, en esa línea, vamos trabajando, a medida que vayan mejorando las membranas, pues se irán sustituyendo las que se queden obsoletas”.

España pues estar orgullosa de la labor internacional que realizan sus empresas de tecnología del agua y, singularmente, la hegemonía alcanzada en materia de desalación, la unión hizo la fuerza. Manuel Díaz “De hecho fuimos los pioneros en juntarnos varias empresas reconocidas, lo de Argelia fue un ejemplo clarísimo” Francisco Javier Bernaola evoca satisfecho: “Cuando empezamos a salir íbamos juntos… Grupo Español Internacional de Desalación se llamaba, eso fue un gran acierto; pero ahora que ya tenemos las credenciales fuera de España, vamos otra vez separados”.

Bartolomé Marín describe el panorama presente, que es muy distinto, “ahora en los concursos internacionales nos estamos incluso impugnando, pero bueno, ¿sería mejor unidos de nuevo? No estoy muy seguro, Yo creo que tenemos más posibilidades en ofertas separadas, ¿por qué? Entre el 70% y el 80% de las adjudicaciones de plantas desaladoras internacionales se adjudica a alguna empresa española, si fuéramos unidos en dos consorcios tendríamos buenos resultados sin duda; sin embargo, separados, estamos presentando cinco o seis ofertas de las ocho que concurren a las licitaciones y, al final, las empresas españolas copan las adjudicaciones, los resultados son mejores de esta manera”.

Francisco Javier Bernaola explica la génesis de la estrategia inicial de salir unidos al mercado exterior: “aquello fue consecuencia de cómo estábamos operando en el mercado interior. En España se fomentó durante muchísimo tiempo que todas las obras públicas fueran UTE (Unión Temporal de Empresas) de distintas empresas, lo que generó una cultura muy interesante, que nos permitió un rápido avance tecnológico, fruto de la sinergia que se produce cuando frente a un mismo problema se unen dos o tres empresas”. Manuel Díaz señala que “lo que hicimos fue protegernos frente a empresas de fuera que, en aquel momento, veíamos mucho más fuertes, ¿nosotros vamos a ser capaces de ganar una obra de ciento ochenta millones de dólares? Nos preguntábamos, ¡Vamos a unirnos, hagamos un consorcio! Era la respuesta; pero ahora nos creemos todos capaces de ganar la obra de ciento ochenta millones solos. Sí que es una pena, pero la verdad es que gracias a esta evolución tenemos una presencia muy destacada en todo el mundo”. Francisco Javier Bernaola, con cierta añoranza, concluye esta disquisición, “creo que es bueno recordar que tuvimos un buen caldo de cultivo, pienso que estas dinámicas son cíclicas y llegará el momento en el que nos daremos cuenta que podría ser bueno que nos volviéramos a unir; pero ahora mismo nos encontramos en el valle de la tendencia y ya llegará otra vez la cresta, seguramente para hacer frente a las competencias emergentes”

Bartolomé Marín: “Los chinos están haciendo plantas, muchas plantas y muy baratas, ahora mismo en China. El día que salgan de forma masiva, que están intentando salir, vamos a tener una competencia interesante, también frente a coreanos y singapureños. En China encuentras de todo, ofrecen distintos tipos de calidades; son capaces ya de ofrecer muy buenas soluciones”. Francisco Javier Bernaola, interviene en este punto para referirse al esfuerzo que realizan en I+D, “en China es impresionante la cantidad de dinero que le están dedicando a la Investigación, el desarrollo y la innovación; además, se preparan en las mejores universidades del mundo, en temas de desalación y de tratamiento de agua están haciendo cosas bastante punteras dentro de China, y en India también hay una capacitación bastante alta de la población, por eso también los veo como futuros competidores”.

Bartolomé Marín: "Los chinos están haciendo plantas y muy baratas. El día que salgan de forma masiva vamos a tener una competencia interesante"

Bartolo Marín señala otra dimensión de la amenaza china “a nivel financiero son muy difíciles de batir, porque muchos proyectos son concesiones y podrás hacer la mejor planta desaladora, con la mejor eficiencia energética, la más ajustada en precio; pero, si no cuentas con una buena fuente financiera, por mucho esfuerzo que hayas hecho, no te la quedas, es una amenaza muy preocupante. Algo similar nos ocurre con Corea de Sur, en determinados concursos, los que ellos quieren, arrasan en precio y se los llevan, no sé cómo lo hacen o qué subvenciones tienen, porque si nosotros fuéramos con esos precios podríamos dañar seriamente a nuestra empresa”.

Manuel Díaz introduce otra dimensión de la competencia con estas potencias emergentes que muestra la desigualdad a la que se enfrentan las compañías españolas: los recursos humanos, “siniestralidad y maltrato, coste de mano de obra con el que resulta imposible competir”. “Son capaces de llevar un barco con obreros, viven en el barco y están haciendo la obra, tienen la mano de obra con un coste diez veces menor que el que podemos tener nosotros utilizando personal local y bajo nuestros procedimientos en países como Chile o Perú”, se lamenta Bartolomé.

Francisco Javier Bernaola, rompe el preocupado silencio que empezaba a enseñorearse y cierra el foro con un animoso propósito: “estas amenazas han de convertirse en motivaciones que nos permitan mantenernos en el lugar que tanto nos ha costado alcanzar. Ese es el camino, No hay otro” y las serena sonrisas volvieron a presidir el rostro de todos los que departimos en uno de los foros más “salaos” de cuantos hemos tenido. Enhorabuena sector.

Adrián Baltanás

“Sigo convencido de que la puesta en marcha por parte del Ministerio de Ambiente del programa de desalación AGUA en 2005 fue una decisión acertada”.

Javier Bernaola

“El objetivo ahora es la modernización de las instalaciones”

Manuel Díaz Vega

“El metro cúbico más caro de agua es el que no tienes”

Bartolomé Marín

“Se valorará el papel de cada una de las plantas que se pudieran cuestionar en momentos de abundancia”.

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