El ciclo urbano del agua podría convertirse en un gran "fraude" piramidal

2.187
5
  • ciclo urbano agua podría convertirse gran "fraude" piramidal
    Roca Madrid Gallery fue el escenario de un debate de primer nivel sobre los temas más candentes del ciclo urbano del agua (Fotografía: Pablo González-Cebrián)

Sobre la Entidad

Rafael Barrera Morcillo
Vice-Director de iAgua Magazine.

Publicado en:

Portada iAgua Magazine
2187

Temas

Nuestras infraestructuras de abastecimiento y saneamiento experimentaron progresos extraordinarios durante las décadas finales de la pasada centuria; los esfuerzos inversores, impulsados por generosos fondos comunitarios, nos permitieron dotaciones avanzadas que, a día de hoy, todavía continúan vigentes. Sin embargo, y a pesar de que la gestión del servicio ha continuado en progresión, la carencia de recursos económicos para avanzar en depuración y combatir la obsolescencia y el deterioro de redes y equipos tendrá un desenlace tan evidente como nefasto, que impactará con crudeza sobre nuestras próximas generaciones.

El apoyo financiero de la Unión Europea ahora se desplaza hacia los países más necesitados; no contamos con una estructura de tarifas que contemple y soporte todos los requerimientos presentes y futuros de los servicios; las dudas sobre la seguridad jurídica desincentivan la inversión privada; y no contamos con un regulador que, respetando las competencias municipales, oriente técnicamente a los más de 8.000 ayuntamientos que ostentan, sin recursos humanos ni económicos en la mayoría de los casos, esta trascendental función. Todos estos factores legarán un producto absolutamente tóxico a los españoles que habiten nuestro país a mediados del siglo que transitamos, porque serán ellos quienes tengan que resolver estas disfunciones y afrontar todos los esfuerzos económicos que los actuales usuarios de los sistemas de abastecimiento y saneamiento estamos, indirectamente, desatendiendo; una insolidaridad intergeneracional que no se resuelve con discursos políticos estériles que promuevan la desinformación social, sino con políticas interadministrativas sensatas y magnánimas que velen, realmente, por el interés general y persuadan a la sociedad de que si no cambiamos está dinámica, de alguna manera, seremos todos cómplices de un gran “fraude” piramidal cuyos primos serán nuestros hijos y nietos.

El XII Foro iAgua Magazine ha convocado a algunas de las voces más autorizadas en la materia para analizar la situación del ciclo urbano del agua en España: Fernando Morcillo, Presidente de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS); Francisco Cubillo, Subdirector de Investigación, Desarrollo e Innovación de Canal de Isabel II Gestión; Gonzalo Delacámara, Coordinador del Departamento de Economía del Agua del Instituto IMDEA Agua y Director Académico del Foro de la Economía del Agua; Rubén Ruiz, Director de Operaciones del Área Manager Centro Norte de SUEZ Water Spain; Jorge Chamorro, Ingeniero especialista en tratamiento y depuración de aguas y desalación; y Lucas Díaz, Director de Aqualia Andalucía, Canarias y Extremadura.

Abastecimiento y saneamiento: aprobados, de momento

Fernando Morcillo, Presidente de AEAS, centra, categórico, el debate sobre el estado de la cuestión:El agua urbana representa solo entre el 15% y el 18% del agua total que se usa en España. En los servicios de abastecimiento estamos en el notable alto; mientras que en los servicios de saneamiento, básicamente a causa de la depuración, estamos en el aprobado justito. La cobertura en abastecimiento es del 100%, no hay problemas de cantidad ni de calidad. Sin embargo, en saneamiento tenemos dos frentes: nos falta un 20% de la cobertura, que se corresponde con las poblaciones de pequeño tamaño, y una parte de la infraestructura que operamos se nos está quedando obsoleta”.

Rubén Ruiz, de SUEZ Water Spain, asiente mientras escucha a Fernando y corrobora el diagnóstico: “La UE financió unas infraestructuras que van a empezar a quedarse obsoletas y no estamos generando la amortización que se requiere para renovarlas. Si no se toman medidas, a medio plazo tendremos problemas. Además, se está incrementando el caudal de agua no registrada, por fugas, por consumos no registrados, por el mal estado de los contadores: ahí tenemos otro déficit de inversión”.

Lucas Díaz, de Aqualia, se muestra más estricto en las calificaciones: “Ese notable en abastecimiento lo otorgaría en concreto a la gestión en sí del servicio, porque creo que en infraestructuras de abastecimiento hemos incorporado desaladoras que no eran necesarias” y, con respecto al saneamiento, “no sé si estamos en el aprobado o en el medio suspenso. En depuración nos queda mucho por hacer y, si queremos que el ciclo urbano del agua se complete, tendríamos que avanzar en la reutilización, que la tenemos abandonada. Sobreexplotamos acuíferos, cuando se puede reutilizar el agua que estamos vertiendo al mar. Nos planteamos desalar agua y está bien, pero… ¿por qué no utilizar el agua que ya estamos depurando y que, con un poquito más de esfuerzo, se podría reutilizar con toda tranquilidad, por ejemplo, para riegos?”.

Después de escuchar con suma atención, Jorge Chamorro disecciona sonoro y con la autoridad que le otorga el conocimiento y la experiencia: “En las ciudades importantes está bien resuelto tanto el abastecimiento como el saneamiento; pero cuando empezamos a observar núcleos del entorno de los cincuenta mil habitantes, de lo único que se preocupan es del abastecimiento, y si descendemos hasta poblaciones con menos de veinte mil habitantes, empezamos a encontrar problemas incluso en el propio abastecimiento, fundamentalmente por pérdidas importantes en las redes”. Con respecto al saneamiento, Jorge introduce una cuestión que, sin ser intuitiva, resulta esencial: “Conviene recordar que incluso teniendo una depuradora no está garantizada la depuración de las aguas residuales. Simplemente se dispone de un instrumento que habría que operar y mantener convenientemente, y eso supone contar con recursos humanos cualificados y, por supuesto, con disponibilidad económica”.

Gonzalo Delacámara, del Instituto IMDEA Agua, amplía el planteamiento:Hablamos de cuestiones que son muy importantes, como la recuperación de costes, la necesidad de reponer activos, el modelo de gestión; sin embargo, ignoramos problemas que están más asociados a la gestión del recurso que a la gestión del servicio. Por ejemplo, confiamos a las depuradoras todo el reto de depurar las aguas, olvidándonos de que hay procesos que se pueden realizar en los propios ríos y de que este país tiene un desafío importante en la restauración de los ecosistemas acuáticos. Se han dispuestos incentivos para construir infraestructuras pero, curiosamente, no hemos articulado apoyos para conservar el agua que da sentido a esas infraestructuras”. Por otra parte, continúa Gonzalo, “hay un déficit de legitimidad que debemos superar, no somos suficientemente didácticos a la hora de presentar el vínculo entre los servicios y el recurso, se debe trasladar al ciudadano que las inversiones no se acometen para beneficiar a los operadores, sino para resolver un problema a la sociedad y mejorar nuestro entorno. Por ilustrarlo de alguna manera, cuando se mejora la capacidad en la depuración, se están logrando importantes objetivos ambientales, y la adaptación al cambio climático es una exigencia inmediata, urgente”. En este sentido, Jorge Chamorro, también alerta sobre la lejanía entre el usuario y el servicio: “La percepción de los servicios urbanos por parte de los clientes es buena, hay pocas quejas de los ciudadanos, solo se acuerdan de los operadores cuando hay cortes de suministro, porque no conocen los problemas reales. A lo mejor es culpa también del sector, por no transmitir a la sociedad que las necesidades actuales están cubiertas, pero que estamos perdiendo capacidad de inversión para garantizar las necesidades futuras”. Fernando Morcillo, asevera: “No estamos explicando a la sociedad la importancia de la renovación de infraestructuras, tenemos un déficit que empieza a ser muy importante en el alcantarillado, que está muy deteriorado, y son muchas las depuradoras de grandes ciudades que están al final de su vida útil”.

Gestión e infraestructuras, de bien en peor

Francisco Cubillo, Canal de Isabel II, comparte una positiva reflexión: “En general, estamos todos convencidos de que lo hacemos bien, pero no sé si objetivamente eso sería demostrable. Desde mi percepción subjetiva, creo que sí lo hacemos mucho mejor que la media pero, dicho esto, sería necesario que tuviéramos criterios de valoración de nuestra gestión, no solo de la cobertura, que es fácil de medir; sino de la calidad de los servicios que prestamos. Deberíamos preguntarnos, para empezar, si es mucha el agua no registrada o si está dentro de los límites económicos de intervención; porque estamos descubriendo que las pérdidas reales son menos de las que imaginábamos, ya que hay más fraude del que se pensaba y que nuestros contadores quizá estén dejando de medir consumos que realmente se producen”.

“El agua es un bien público y son los ayuntamientos los responsables últimos, de los servicios de abastecimiento y saneamiento. En España tenemos un equilibrio muy saludable entre la gestión pública y la privada, cada uno de los modelos procura incorporar las mejoras en el servicio que aplica el otro. Prácticamente el 50% de la población está servida con gestión pública, y el otro 50% con gestión privada; pero también hay que recordar que el 90% de la gestión pública está configurada sobre un modelo empresarial. Realmente, hay contadas experiencias de gestión directa municipal y, por descontado, en ningún caso en grandes ciudades, porque estos servicios requieren mucho conocimiento y tecnología y, por lo tanto, una elevada cualificación tanto de los cuadros como del personal”, expone, cartesiano, Fernando Morcillo. “Efectivamente, una remunicipalización plena que internalice la totalidad de la gestión del abastecimiento y del saneamiento no sería viable; dentro del sector solo pensamos en gestión eficiente, la dicotomía entre modelo de gestión público o privado no es real para nosotros. Para los operadores lo importante es prestar un servicio de calidad, esa es la cuestión”, sentencia con firmeza Lucas Díaz. Para Jorge Chamorro “la gobernanza público-privada es una cuestión meramente ideológica, hay gente que prefiere una empresa municipal, mientras que otros se decantan por empresas privadas”. En su opinión, “el coste para el usuario debería ser el mismo en ambos supuestos”.

Si ponemos el foco en las infraestructuras que soportan los servicios, Lucas Díaz considera “de vital importancia informar a la sociedad sobre la necesidad de ir modernizando las infraestructuras para garantizar la calidad en la gestión de los servicios y, también, para salvaguardar el modelo medioambiental” y considera que “tendría que haber políticas e incentivos para avanzar en estas necesidades de inversión”. Gonzalo Delacámara aporta conformidad con la mirada y abunda: “También tendría que haber seguridad jurídica para estas inversiones, reglas de juego claras”. “Hoy en España no tenemos la seguridad jurídica necesaria para establecer inversiones a quince o veinte años”, reivindica Rubén Ruiz. Por otra parte, retoma Gonzalo, “con la infraestructura tampoco resuelves completamente el problema, se precisa una entidad que aporte la adecuada gestión; como ya ha comentado Jorge, una depuradora no siempre será sinónimo de buena depuración, igual que un tanque de tormenta no te asegura la gestión de pluviales y una red de abastecimiento tampoco te garantiza cobertura universal”. Lucas Díaz se lamenta: “Se da muchas veces que la Comunidad Autónoma o la Administración central pone en marcha una depuradora, pero luego el ayuntamiento no tiene recursos para gestionarla”. “Claro”, gesticula Gonzalo, y verbaliza: “El agua debería ser un tema de Estado, pero también los servicios de abastecimiento y de depuración deberían ser un cuestión de Estado, porque exigen inversiones y políticas a largo plazo… cada vez que tenemos un problema, intentamos establecer una nueva ley en lugar de hacer política, verdadera política; falta coraje”.

Fernando Morcillo, con el respaldo del caudal de información que recibe desde todas las vertientes geográficas, expone:El problema de la falta de capacidades económicas está también relacionado con la inercia que tienen nuestras infraestructuras, porque una tubería puede estar muy mal… ¡pero!, como sigue pasando el agua, no se prioriza su sustitución; y eso no es una buena gestión, porque al final se va a romper con total seguridad y además, ocurrirá en el momento más inoportuno”. Y advierte pausado: “Soportamos un déficit que empieza a ser muy importante en renovación, pero también en obra nueva, aparecen, por exponer una necesidad concreta, nuevos micro contaminantes que habría que tratar”.

Gonzalo Delacámara lo hace, advierte de que el Rey está desnudo: “Necesitaríamos más inversión y no la tenemos, ¿de dónde va a venir? Los fondos de cohesión y estructurales de la Unión Europea se van trasladando, de manera justa, hacia países con renta per cápita más baja. Las restricciones financieras van a ser cada vez más severas, tenemos que empezar a reflexionar sobre qué haremos frente a este amenazador, pero cierto, escenario”. Francisco Cubillo aporta la única solución posible en situaciones de carestía: “Se precisa una inversión bien orientada, conjugar inversión y gestión, que los criterios de renovación no solo tengan en cuenta la vida útil, sino la probabilidad de que fallen y sus consecuencias. Se trata de preocuparse de la prestación de servicio más allá de la ingeniería porque, a veces, tenemos una tubería pequeñita que cuesta poco renovar, pero que cada vez que la tienes que reparar tienes que cortar el suministro a un polígono inmenso y afectar, para una reparación pequeña, a una población grande. Se trata, en definitiva, de tener en cuenta consideraciones de riesgo, probabilidad e impacto a la hora de decidir dónde asignas tu capacidad limitada para invertir”. Rubén Ruiz exclama “¡Efectivamente!” y se rasga las vestiduras: “Pero para ello hace falta una visión a medio y largo plazo que incorpore todos los costes, no solo los de construcción, sino también los de operación, renovación e, incluso, los de deconstrucción. Esa visión no se tiene, porque construye una Administración, opera otra diferente y, en ocasiones, hay una tercera Administración que recibe y luego cede la infraestructura”. Francisco Cubillo, confirma el mal e ilustra sus consecuencias: “Claro, no tenemos a nadie que tenga esa visión global desde el punto de vista de las Administraciones, con óptica de país. Por lo tanto, cada Administración ve sólo una parte y tenemos que una mala operación deteriora un activo, baja el costo de la operación a base de minorar ese precio del activo; por ahorrarse un 10% en la operación, se cargan en diez años un activo que hubiera podido servir para cuarenta”.

Regulación y tarifa, un cascabel para 8.000 gatos

“No hay un modelo inversor a nivel local y esto tendría que regularse para que los ayuntamientos se vieran sujetos a destinar la tarifa del agua a las necesidades e infraestructuras propias del abastecimiento y del saneamiento, aunque les pudiera parecer inversiones con escaso rédito político” sentencia Lucas Díaz. En la misma línea, asiente y complementa Gonzalo: “Pero incluso cuando se rediseñan unas tarifas condicionadas por la recuperación de costes, no se están teniendo en cuenta los desafíos futuros ni la seguridad hídrica; hay que tender a que el consumidor no solo sustente el servicio inmediato”. Rubén Ruiz, constata quelas tarifas están muy desequilibradas, en el centro y norte de España están todas por debajo de la media y, si bien son sitios donde el coste del agua es inferior, no lo son los procesos de depuración, especialmente porque son muy numerosos y dispersos los pequeños núcleos de población”. Jorge Chamorro declara con claridad que es absolutamente “partidario de fijar tarifa única para todo el Estado” porque está convencido de que “este es el nudo gordiano al que nos estamos enfrentando. A tres euros por metro cúbico, en Madrid está a dos y en Barcelona a dos y pico, generaríamos nueve mil millones de euros anuales” y, con idéntica sinceridad, considera que “el precio de la tarifa es un tema muy sensible para el político local de turno y sería más viable que viniera definido por un ente administrativo de rango superior”. Gonzalo Delacámara considera prioritario “evolucionar hacia una estructura de tarifa única, que no significa precio único final; sino una estructura en la que estuvieran contemplados todos los componentes del coste final de los servicios” y Rubén Ruiz, aporta un dato esclarecedor: “El agua representa el 0,8% del gasto de las familias españolas, según datos del INE, no es un problema pagar el agua doméstica y, en los casos extremos que esto ocurre, no se interrumpe el suministro cuando, realmente, existe esa imposibilidad de las familias para afrontar el gasto”.

Fernando Morcillo recuerda a la mesa lo que sólo nos resulta obvio “de grifos hacia adentro”: “En realidad, los operadores no estamos aportando únicamente agua al ciudadano, les estamos ofreciendo unos servicios de suministro de agua en perfectas condiciones para su consumo, con todos los procesos que esto conlleva desde la captación, pasado por el transporte, la potabilización y la distribución, hasta llegar a cada domicilio. Y los servicios de saneamiento, que suponen un recorrido inverso del agua usada, con fases especialmente complejas como es la depuración, hasta que se devuelve el recurso a los ríos en condiciones óptimas. Obviamente, todo esto hay que mantenerlo”.

“Pero como cada municipio, sea grande, pequeño o mediano, se ha convertido en mayor o menor medida en regulador” musita Rubén contrariado. “Exactamente”, le corrobora Fernando Morcillo, “son 8.122 municipios, con 2.500 sistemas diferentes. Sería deseable un órgano independiente, que ofreciera metodologías de análisis técnico para definir marcos de necesidades, parámetros de calidad, indicadores de gestión de activos, pautas para el mantenimiento y la modernización de infraestructuras, procedimientos e indicadores de gestión, asesoramientos, capacitaciones y, por supuesto, recomendaciones tarifarias que, sin merma de las competencias municipales, facilitarían notablemente la planificación y el desarrollo de los ciclos urbanos del agua”. Ilusionado, tan sólo con imaginar la posibilidad de que algún día se materializara este deseo, Lucas Díaz, añade: “Un órgano que vigile y evalúe con criterios técnicos, que sirva también para orientar la perspectiva política en las diferentes Administraciones; pero hablamos de la política con mayúsculas, de aquella que se centra en los problemas reales de los ciudadanos, para encontrar soluciones fiables y duraderas, procurando las mejores opciones, conjugando variables económicas, técnicas y medioambientales”. Sin duda, Jorge Chamorro, motiva la idoneidad de dicha instancia porque, denuncia: “Muchos municipios no cuentan siquiera con un interlocutor técnico, un ente técnico regulador podría suplir estas carencias”. Fernando Morcillo muestra cuál sería el itinerario para retomar la senda del progreso en abastecimiento y saneamiento: “Nos gustaría que el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente trabajara con rigor en sus competencias puras, que son el agua en alta y el control de la calidad de los vertidos que se aportan a los cauces, y que, para ello, modificara el régimen económico financiero de la Ley de aguas, y de esta manera atender convenientemente tanto al recurso como al medio ambiente. Y que, por otro lado, se articulara un pacto por el ciclo urbano del agua entre el resto de ministerios implicados en la materia y la Federación Española de Municipios y Provincias, de tal forma que, por la vía del convencimiento, y siempre a través de convenios, los ayuntamientos que no estén concienciados de las bondades de un ente armonizador, comprendieran que, sin perder ninguna de sus competencias, podrían optimizar sus servicios de abastecimiento y saneamiento, tanto desde la perspectiva económica como desde el prisma medio ambiental, y así, ofrecer unos servicios con mayores ratios de calidad y eficiencia, porque esa es nuestra verdadera aspiración”.

Comentarios

La redacción recomienda

07/07/2017

La colaboración público-privada, una fórmula magistral

21/03/2017

Vertidos controvertidos, conceptos invertidos y vecinos inadvertidos

17/01/2017
Futuro Perfecto