La llegada de la almeja asiática amenaza la diversidad del río Júcar

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Esta especie de bivalvo se descubrió el 26 de septiembre 2011 durante una investigación cercana al municipio valenciano de Antella. Su nombre científico es “Corbicula fluminea” y hasta ahora no se habían encontrado ejemplares de este molusco en la cuenca del Júcar. Esta especie exótica invasora tiene una fuerte capacidad colonizadora y produce alteraciones al ecosistema tan graves como las del mejillón cebra.

El equipo investigador integraba personal de la Universidad de Valencia, de la Consellería de Medi Ambient de la Generalitat Valenciana y de la Oficina Devesa-Albufera del Ayuntamiento de Valencia. Los científicos responsables del hallazgo son: E. Gómez, J. Rueda, J.M. Benavent, F. Collado, C. Peña, J.M. Rabasa, V. Sanz y A. Sebastián. Uno de los investigadores, Juan Rueda, especialista en invertebrados acuáticos, explica porqué este descubrimiento es noticia. Se trata de la primera cita de un organismo cuya presencia se desconocía hasta la fecha en la cuenca del río Júcar. En segundo lugar, es una especie exótica invasora procedente del sudeste de China, Corea y del sudeste de Rusia, que perjudica el ecosistema al competir con otros organismos.

La morfología de esta especie es similar a la de un berberecho. Este bivalvo puede alcanzar los cincuenta milímetros, tiene un color pardo verdoso y presenta unos pliegues salientes concéntricos sobre su concha. Entre las posibles causas de su presencia en el Júcar, el biólogo baraja dos opciones: las actuaciones de acuariófilos desaprensivos o con las embarcaciones ligadas a la pesca deportiva. ¿Cómo llega a colonizar una especie exótica invasora un espacio que no es el suyo? En el caso concreto de esta especie, como en otras muchas, es el hombre quien está directamente implicado en su aparición en un ambiente que no es el suyo. Su gran capacidad oportunista le proporciona todas las posibilidades de éxito.

Este descubrimiento implica un importante trastorno ecológico. El bivalvo compite con las especies autóctonas que tengan las exigencias alimenticias similares. Debido a su mayor capacidad de reproducción frente a las especies del lugar, se asegura su supervivencia. Juan Rueda afirma que puede convertirse en una plaga, de hecho ya lo es el lugar del descubrimiento.

Desplaza sus competidores al reproducirse de forma masiva. Aumenta la turbidez de las aguas, lo que disminuye el acceso de la luz solar y dificulta la fotosíntesis de las plantas acuáticas. Los daños podrían ser tan nefastos como los producidos por el mejillón zebra en otras cuencas hidrográficas. Cuando se pregunta cómo se adaptarán las especies autóctonas a esta invasora, responde que “no se adaptan, sufren las consecuencias y desaparecerán porque esta especie le quita sus recursos”. Supondrá una pérdida de diversidad al competir directamente por el alimento disponible en el agua.

Según el biólogo, se puede limitar o controlar su población con recogidas periódicas de ejemplares. En ningún caso, se podrá erradicar completamente esta especie exótica. Todo esto implicaría un gran esfuerzo económico que puede llegar a ser importante si no se actúa con rapidez. En este caso, recalca, el tiempo juega en contra.

Fuente.- DYCIT

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