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El norte de Siria vive una "situación de emergencia" por la falta de agua potable

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    Mujeres desplazadas cargan un bidón de agua proporcionado por MSF en el noroeste de Siria. (Imagen: MSF/ABDURZAQ ALSHAMI)
ABB

La falta de agua potable ha provocado una "situación de emergencia" en la zona norte de Siria, con "enormes carencias" que están empezando ya a afectar a la salud de cientos de miles de personas y a las que las organizaciones humanitarias apenas pueden hacer frente por los recortes presupuestarios, según la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF).

Más de tres millones de personas están amenazadas por esta escasez, exacerbada en los últimos meses y que afecta especialmente a desplazados por el conflicto. La guerra, iniciada en marzo de 2011, ha dejado prácticamente destruidas o inutilizables la mayor parte de las infraestructuras de agua y saneamiento.

El promotor de salud de MSF en el noroeste de Siria, Ibrahim Mughlaj, ha señalado que "incluso en aquellos casos en los que sí hay agua, muchas veces esta se encuentra contaminada", lo que se traduce en un aumento de los casos de "diarrea, hepatitis, infecciones cutáneas como sarna y muchos otros problemas médicos".

En julio, los equipos de la ONG observaron un importante aumento de los casos de diarrea en más de 30 campos de la región de Idlib, donde también detectaron numerosos casos de sarna y de otras enfermedades transmitidas por el agua. Más de uno de cada cuatro consultas atendidas por uno de los hospitales apoyados por MSF en esta provincia desde principios de año corresponden a diarrea acuosa aguda.

Solo el 4 por ciento del presupuesto destinado a respuesta humanitaria va dirigido a programas de agua y saneamiento y, en un contexto de recortes, numerosas organizaciones han suspendido actividades de reparto de agua en zonas como campos de desplazados.

En Deir Hassan, por ejemplo, "solo entre mayo y junio de 2021, que es el período en el que se detuvieron algunas de estas actividades, las enfermedades transmitidas por el agua aumentaron en un 47 por ciento", ha apuntado la coordinadora de MSF en Siria, Teresa Graceffa, en un comunicado.

En este sentido, Mohamed el Mutwakil, coordinador de terreno de MSF, ha afirmado que "no es un problema aislado", sino "estructural". "A medida que pasa el tiempo y disminuye la financiación, no hace más que empeorar", ha añadido, al aludir a un contexto que podría ir a peor por las medidas de supervivencia adoptadas por los propios afectados.

Hussain Muhamad vive en un campo de desplazados en Idlib y explica que compra el agua por su cuenta: "Y lo hacemos donde podemos". Si no hay dinero, dependen de las organizaciones humanitarias, y si la ayuda de éstas no llega, se ven abocados a poner ollas a la intemperie para recoger agua de lluvia.

"Los techos y las tiendas de campaña están sucios, y somos conscientes de que el agua acaba por contaminarse. Sabemos que no es seguro beberla o ducharse con ella, pero no me puedo permitir comprar agua embotellada, añade. Su hijo de un año, de hecho, desarrolló una enfermedad renal por su consumo.

MSF intenta paliar esta crisis con una respuesta más integral que duplica el número de campos de Idlib en los que cubre este tipo de actividades. La ONG atiende a 30.000 personas desplazados en unos 90 campos del noroeste y ha incrementado el suministro de agua en Hasaka y la atención a la desnutrición en Raqqa.

Sin embargo, como ha recordado Benjamin Mutiso, coordinador de terreno de MSF, "no son soluciones permanentes". "Además de la falta de fondos, también hemos visto que en ocasiones el suministro de agua se está politizando, lo cual repercute directamente en la salud de las personas. Algo tiene que cambiar", ha reclamado.

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Redacción iAgua

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