¿Cómo hacen frente al cambio climático leñadores, arquitectos y carpinteros?

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  • ¿Cómo hacen frente al cambio climático leñadores, arquitectos y carpinteros?
    Trabajo en una carpintería en Kinshasa
  • Un nuevo informe de la FAO analiza el papel los productos madereros en el almacenamiento de carbono en los bosques.

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Alcanzar la seguridad alimentaria para todos y asegurar que las personas tengan acceso a alimentos de buena calidad que les permitan llevar una vida activa y saludable es la esencia de las actividades de la FAO.
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Para proteger los bosques, no hay que olvidarse de los árboles. Los bosques tienen un papel reconocido como sumideros de carbono, necesario para hacer frente al cambio climático. Pero es menos conocido que esta contribución puede prolongarse incluso después de que un árbol haya sido talado.

Una nueva publicación de la FAOSilvicultura para un futuro bajo en carbono: Integrar los bosques y los productos madereros en las estrategias frente al cambio climático, ofrece ideas sobre cómo catalizar un "círculo virtuoso" que explota el ciclo de vida de los productos madereros -que van desde los muebles para el hogar a los pellets de madera que usan como combustible- para mejorar e incluso multiplicar la conocida capacidad de los bosques para captar y almacenar carbono de la atmósfera.

"Los bosques son un eje central en la transición hacia economías de bajas emisiones de carbono", aseguró René Castro Salazar, Director General Adjunto de la FAO al frente del Departamento Forestal, "no sólo debido a su doble papel como sumidero y fuente de emisiones, sino también gracias a un uso más amplio de productos madereros para desplazar a productos derivados de los combustibles fósiles".

"Los bosques son un eje central en la transición hacia economías de bajas emisiones de carbono", aseguró René Castro Salazar, Director General Adjunto de la FAO al frente del Departamento Forestal

Los bosques hacen un trabajo hercúleo para retener dióxido de carbono en hojas, ramas y suelos, mientras que la deforestación y la degradación forestal son responsables de hasta un 12 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo. La relativa velocidad y rentabilidad con las que los bosques hacen notar su presencia -o ausencia- es una de las razones clave para que ocupen un lugar destacado en los planes de los países para cumplir con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

El informe, diseñado básicamente para responsables de las políticas y expertos -pero de interés también para arquitectos y la industria energética- examina cómo los bosques pueden ser aprovechados para hacer frente el desafío del cambio climático global. El estudio es fruto de una colaboración innovadora en la que han participado más de cien profesionales.

Su mensaje principal es que un aprovechamiento adecuado del ciclo de vida del carbono de los árboles y productos madereros permite que, a largo plazo, los bosques explotados de manera sostenible complementen e incluso mejoren los beneficios de mitigación del clima que proporcionan los bosques naturales conservados.

Usar árboles para reducir la huella de carbono

Gracias a los avances tecnológicos y a métodos más limpios y ecológicos de procesado, el uso industrial de la madera puede contribuir a reducir la huella de carbono, en comparación con el uso de combustibles fósiles.

La madera es el principal biocombustible sólido, ya que supone el 69 por ciento del suministro de energía renovable del mundo y es el principal combustible doméstico para cerca de 2 400 millones de personas. El uso de cocinas más eficientes podría reducir los casi 2 000 millones de toneladas de emisiones anuales de dióxido de carbono que proceden de preparar los alimentos y potabilizar agua.

Un aprovechamiento adecuado del ciclo de vida del carbono de los árboles y productos madereros permite que, a largo plazo, los bosques explotados de manera sostenible complementen e incluso mejoren los beneficios de mitigación del clima

Al mismo tiempo, allí donde los bosques son gestionados de manera sostenible y son relativamente abundantes, la biomasa leñosa -por lo general en forma de pellets, elaborados a menudo a partir de productos reciclados o de desecho- puede servir como una fuente de energía a gran escala. 

Promover la madera como fuente de energía renovable puede parecer contradictorio, pero 1 860 millones de metros cúbicos de madera -más de la mitad de la producción maderera del mundo- se utilizan ya para ese fin, poniendo de relieve los beneficios potenciales de una gestión más sostenible.

De manera aún más directa, cuando la madera se transforma en muebles, suelos, puertas o vigas que se usan en la construcción, no se oxida al instante, sino que continúa almacenando carbono. La FAO calcula que el almacenamiento de carbono en los productos madereros, compensa de hecho casi en su totalidad las emisiones de gases de efecto invernadero que conlleva su fabricación.

La huella de emisión neta de un escritorio de madera -sobre todo si es antiguo- es menor que la de los muebles de oficina modernos hechos de acero y materiales plásticos con un menor número de opciones de eliminación al final de su vida. Lo mismo ocurre en general con muchos materiales de construcción a base de madera cuando se analiza su ciclo vital.

Fomentar el aprovechamiento de la biomasa “en cascada" -por ejemplo, usando madera reciclada para fabricar muebles o embalajes y luego usarla de nuevo como fuente de energía- podría reducir las emisiones de carbono en hasta 135 millones de toneladas, así como disminuir la necesidad de vertederos.

Existe hoy en día una creciente evidencia de que los productos derivados de la madera son altamente competitivos con los materiales de construcción alternativos. El balance de carbono de un edificio con armazón de madera es sólo la mitad comparado con los que tienen una estructura de hormigón.

Mientras que la madera tiene una larga historia como material de construcción ecológico en los países con bosques boreales -más del 80 por ciento de las casas en los Estados Unidos y los países escandinavos tienen una estructura de madera, frente a sólo el cuatro por ciento en Francia- su aceptación podría crecer más rápidamente empujada por las política adecuadas. 

Los mecanismos de pago por las emisiones de carbono, los planes de estudios universitarios, las políticas de contratación pública e incluso las normas de las aseguradoras son cruciales para aliviar la “dependencia tecnológica" de los sistemas tradicionales basados en ladrillos, cemento y acero, según el estudio de la FAO.

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