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Andrés del Campo: "En España somos un referente internacional en regadío modernizado"

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  • Andrés Campo: " España somos referente internacional regadío modernizado"
    Fotografías: Pablo González-Cebrián/iAgua.
  • Las comunidades de regantes son un elemento fundamental en la gestión del agua en nuestro país. Fenacore analiza los retos y desafíos a los que se enfrentan hoy en día.

Sobre la Entidad

FENACORE
FENACORE es una asociación sin ánimo de lucro e independiente políticamente, creada en 1955, que agrupa a más de 700.000 regantes y más de dos millones de hectáreas, es decir, más del 80% del regadío nacional.

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El regadío se organiza históricamente a través de comunidades de regantes. Estas constituyen un papel clave para el sistema de gobernanza del agua en España, y son ejemplo de éxito de reconocido prestigio internacional basado en la planificación, participación pública y desarrollo tecnológico.

Fenacore es la asociación española de comunidades de regantes de referencia con más de 70 años de historia y representa a más de 700.000 regantes que gestionan 2,5 millones de hectáreas.

Entrevistamos a su presidente desde 1996, Andrés del Campo. Ingeniero Agrónomo de formación, agricultor de profesión y uno de los mejores conocedores de la realidad del campo español.

Pregunta: ¿Cuál es el impacto económico de la agricultura en España?

Respuesta: Estamos ante un sector estratégico que representa algo más del 2% del PIB, pero que concentra más del 15% si tenemos en cuenta toda la industria agroalimentaria asociada. Además, da empleo a más de un 4% de la población activa, sin tener en cuenta la población ocupada en el sector agroindustrial y de servicios agrarios.

P.- ¿Qué porcentaje de cultivo en España es regadío y qué ventajas presenta frente al secano?

R.- En España, el regadío representa algo menos del 15% de la superficie agraria útil. Sin embargo, aporta el 65% de la producción final agraria, ocupando una superficie total ligeramente superior a 3,7 millones de hectáreas. Con respecto a sus ventajas, produce hasta seis veces más que el secano. Es más: una hectárea de regadío intensivo puede producir el equivalente a 40 hectáreas de secano. Por lo tanto, es el garante del abastecimiento de alimentos de primera necesidad para una población mundial creciente. Si el incremento de la producción de alimentos a nivel mundial se hiciese a través de cultivos de secano, supondría una disminución de selvas y bosques, lo que desde el punto de vista medioambiental resultaría inadmisible.

Andrés del Campo, Fenacore

P.- ¿Cuánta agua se destina a la agricultura en España?

R.- En las últimas décadas, la modernización ha permitido que la demanda de agua para uso neto agrario se haya reducido de un modo importante y se sitúe por debajo de los 15.000 hectómetros cúbicos anuales. Las cifras hablan por sí solas: ahora se produce más y mejor con menos agua.

P.- ¿Qué áreas son las mayores consumidoras de agua?

R.- No es una cuestión de quien consume más o menos. España se divide en un territorio húmedo, que ocupa el 11% de la superficie, una franja estrecha del norte que recorre Galicia, el Cantábrico y los Pirineos, y que recibe el 40% de las precipitaciones del país; y uno seco, en la que incluye a Canarias y Baleares, que recibe el otro 60% restante, que se hace disponible gracias a las infraestructura de regulación y transporte.

P.- ¿Qué papel tienen los trasvases en el cumplimiento de las demandas? ¿Y el agua desalada y regenerada?

R.- La regulación resulta vital en nuestro país. De hecho, podemos disponer de agua en España gracias a las obras de regulación. Lo explico de una manera muy gráfica: si los más de 46 millones de habitantes que hay en España dependieran para su abastecimiento exclusivamente del agua de los ríos y no existiesen estas infraestructuras para su regulación, solo se podrían atender, con los ratios de consumo actuales durante los meses de máximo estiaje, las necesidades de no más de cuatro millones de habitantes. Sin embargo, durante el verano existen más de 70 millones de habitantes considerando la población flotante procedente de otros países.

La solución parece clara: si se quieren satisfacer las diferentes demandas de un modo racional y equitativo, hay que comenzar primero solucionando los déficits existentes en las diferentes cuencas hidrográficas a través de obras hidráulicas previstas en sus respectivos planes de cuenca. Este tipo de medidas son soluciones a medio y largo plazo, pues han de tenerse en cuenta todos los condicionantes medioambientales, sociales y económicos. Por otro lado, y de forma complementaria, hay que seguir avanzando en la puesta en marcha de medidas de gestión de la demanda, como por ejemplo: terminar con la modernización de regadíos; mejorar en lo posible la gobernanza del agua; el uso de otras fuentes complementarias y no convencionales como la reutilización y desalación siempre y cuando los costes resulten asumibles para el sector agrario; así como la gestión conjunta de aguas superficiales y subterráneas.

P.- La incidencia del cambio climático es cada vez mayor. ¿Cómo afronta la agricultura los escenarios que se prevén con menor disponibilidad de los recursos hídricos y mayor variabilidad inter e intraanual?

R.- Afrontar el cambio climático pasa por aumentar la capacidad de los embalses, que en España podría incrementarse, de acuerdo a los estudios técnicos existentes, al menos en un 25%.

Precisamente, la regulación de las cuencas va a ser ahora más necesaria que nunca para mitigar los efectos negativos del cambio climático. Los estudios coinciden en que en los países con climas áridos y semiáridos (Mediterráneo), las lluvias podrán ser torrenciales con cada vez más frecuencia, pudiendo provocar inundaciones de carácter grave. De igual modo, también se darán episodios de sequía más prolongados y extremos, por lo que la regulación de las cuencas se torna un requisito indispensable a la hora de poder mitigar los posibles daños ocasionados por ambos efectos.

Ahora bien, el complemento a estas medidas serían unos sistemas de regadío muy tecnificados y, sin duda, el desarrollo de la biotecnología. Hoy ya se puede disponer de cultivos con menores necesidades de agua, y también de fertilizantes y fitosanitarios por ser resistentes a plagas y enfermedades que son a su vez más productivos. Con menos agua se podría producir más y mejor.

P.- ¿Cuál es el precio medio del agua en España para riego?

R.- El precio medio del agua en España para riego es muy variable. Hablar de un precio medio no tiene sentido, ya que se establece en función de los costes asociados que lleva el agua desde su origen hasta la aplicación en parcela. Por un lado, está el importe que las comunidades de regantes deben satisfacer al organismo de cuenca (Confederación Hidrográfica) por disponer del agua en cada zona regable y que viene publicado en el BOE como Canon de Regulación y Tarifa de Utilización del Agua.

Una vez que esa agua está “a la entrada de la comunidad”, hay que distribuirla entre los regantes, por lo que hay otra serie de costes adicionales (almacenamiento, bombeos, filtrado, infraestructura, costes de personal, etc.) que se deben satisfacer, y que forman parte del coste del agua para riego. Además, otro coste adicional a los anteriores sería la distribución del agua en la parcela regada, que ese ya lo asume el agricultor directamente. La suma de estos costes adicionales determinaría el precio que realmente paga el agricultor por disponer del agua en su cultivo, muy variable y diferente en cada zona regable.

Por hablar del precio más frecuente podría oscilar entre 10-30 céntimos de €/m3.

P.- ¿Cómo varía este precio en función de la fuente que proceda?

R.- Por poner un par de ejemplos relacionados con la pregunta anterior, no tiene nada que ver el precio de un riego por gravedad de un sistema cuyo origen del agua es superficial y llega por presión natural (gravedad), que podría estar en torno a los 2-3 céntimos de €/m3; que un riego modernizado con presión (bombeo) y que además el origen de esa agua es desalada, pudiendo alcanzar los 40 o 50 céntimos de €/m3, lo que resultaría inviable para la mayor parte de las zonas regables de España.

P.- ¿Qué peso tiene la energía en la factura del agua para regar?

R.- Ahora mismo, la luz supone para nosotros cerca del 40% de los costes relacionados con el agua, y lo que es peor, los costes fijos o costes regulados que se pagan mensualmente aunque no estén en marcha los motores de riego suponen de media alrededor del 60% de los costes totales anuales de energía. Esto dispara los costes de producción, sobre todo en los regadíos más sensibles, que son los del interior de la Península, ya que están limitados por el clima a producir unos cultivos muy dependientes de la Política Agraria Común (PAC) y con menores ingresos brutos por hectárea.

P.- ¿Qué porcentaje de regadío está modernizado en España? ¿En qué regiones hay más déficits?

R.- En España somos un referente internacional en regadío modernizado. Tenemos más de la mitad de nuestra superficie regada dotada con sistemas de riego localizado, que está considerado el más eficiente. Además, hay un 23% del riego por aspersión, lo que supone que un total de más del 75% de la superficie de riego existente en España se encuentre ya modernizada. Comparando estas cifras a nivel mundial, de los más de 330 millones de hectáreas de superficie regable en todo el mundo, apenas un 6% cuenta con sistemas de riego localizado.

Tradicionalmente, las cuencas del Júcar y del Segura y en general en todo el levante español son las zonas que tienen clima más árido y, por la benignidad del clima, predominan los cultivos hortícolas y frutícolas con mayor valor añadido, lo que genera una combinación de factores que provocan la existencia de un mayor déficit de recursos hídricos.

P.- ¿Cómo ha influido la revolución tecnológica en la gestión del agua para agricultura?

R.- La modernización y la incorporación de tecnología para hacer un uso más eficiente del agua nos ha permitido producir más con menos agua, pero con un mayor coste de energía al tener que utilizar métodos de riego de presión. Se ha dado un giro de 180 grados en la gestión del agua. Eso sí, por el aumento del consumo de energía y por el incremento de las tarifas eléctricas, se han disparado los costes energéticos. Desde 2008, el aumento medio de la factura total de la luz para el regadío ha sido superior al 110%.

P.- ¿Es suficiente el marco legal español para una correcta gestión del agua para la agricultura? ¿Promueve un uso eficiente de los recursos hídricos para la agricultura?

R.- En España tenemos un marco legal muy sólido en este sentido. De hecho, en materia de agua la legislación española es un referente en Europa y en el mundo. Con respecto al uso eficiente, estamos ante un marco legal que puede considerarse más o menos adecuado. El Plan Nacional de Regadíos es un ejemplo muy claro que promueve la utilización eficiente de los recursos hídricos. No tengo duda de que, aplicando la legislación española de aguas actualmente existente, se pueden conseguir los objetivos de la Directiva Marco de Aguas de la UE, como se está demostrando por la mejora de la calidad de las masas de agua.

P.- Las administraciones públicas españolas, ¿están llevando a cabo políticas agrarias acordes al tiempo en que vivimos?

R.- La Administración empieza a ser consciente de que el objetivo de la modernización de regadíos ya no es solo ahorrar agua, sino también energía. El hecho de que se haya derogado el peaje de respaldo (impuesto al sol), por ejemplo, es una muestra de que existe la voluntad política de proteger la competitividad del sector.

P.- Venimos de semanas con una intensa agenda electoral. Desde Fenacore, ¿qué les pide a los nuevos gobernantes?

Una de nuestras principales peticiones está relacionada con la propia gestión y gobernanza del agua. Consiste en que las competencias sobre el agua, hoy Dirección General del Agua, pasen a depender del Ministerio de Transición Ecológica al Ministerio de Fomento, donde ya estuvieron el siglo pasado. Hoy por hoy, el principal objetivo de la política de aguas debe ser culminar la planificación hidrológica y que se ejecuten las actuaciones de los diferentes planes de cuenca en los que se incluyen no solo obras de regulación, sino también de modernización y medidas complementarias de gestión de la demanda para optimizar el uso, así como finalizar con un Plan Hidrológico Nacional. Este planteamiento requiere de un ministerio con músculo inversor, propio del responsable de la construcción y gestión de las grandes infraestructuras nacionales. De igual forma que ha habido grandes planes estatales de carreteras o de infraestructuras ferroviarias para hacer frente al aumento de las demandas, es momento ahora de ejecutar una planificación hidrológica adecuada que consolide a España como un país maduro hidráulicamente y preparado para mitigar los efectos negativos del cambio climático.

Consideramos que este cambio de ministerio otorgaría más independencia a la política de aguas. De esta forma, aunque el Ministerio de Transición Ecológica mantuviese las competencias sobre la evaluación ambiental de las actuaciones relacionadas con el agua, las de su impulso y desarrollo deberían corresponder a Fomento. Si ambas competencias comparten cartera como ocurre actualmente, son a la vez juez y parte, lo que resulta un poco incongruente.

Otra de nuestras peticiones es que se desarrolle el reglamento que permita aplicar la Ley 1/2018, publicada en el BOE desde el 6 de marzo del año pasado y en el que se añaden una serie de disposiciones finales relativas, entre otras cuestiones, a los contratos de distribución eléctrica para regadíos. Concretamente, esta ley contempla la posibilidad de que los regantes podamos firmar un contrato de temporada para los meses de máximo consumo y otro con una potencia mínima el resto del año para el mantenimiento de los equipos. Esta medida es vital porque nos evitará pagar todo el año por un servicio que solo utilizamos durante la campaña de riego, lo que incrementa injusta e innecesariamente el coste eléctrico. De este modo, se incentivaría la modernización de regadíos.

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30/06/2019 · Agro · 136 5

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