La ONG Hellen Keller, Premio BBVA de Cooperación al Desarrollo por sus programas agrícolas

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  • Imagen de Hellen Keller International.
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El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cooperación al Desarrollo ha sido concedido a la ONG Helen Keller International (HKI) por sus programas agrícolas para desarrollar cultivos familiares o comunales orientados a una nutrición saludable. “El hambre y una dieta pobre reducen las funciones cognitivas, la capacidad física, la resistencia ante las enfermedades y la esperanza y calidad de vida. Helen Keller International lidera el programa de Producción Familiar de Alimentos, un innovador e interdisciplinar sistema que promueve el desarrollo de una agricultura y unas prácticas nutricionales sinérgicas. Esta aproximación es sobre todo aplicada a comunidades que tienen dificultad de acceso a mercados laborales y de alimentos”, según señala el acta del jurado.

Además, destaca que Helen Keller International, una institución que en 2015 cumple 100 años, “goza de un amplio reconocimiento por desarrollar, contrastar y expandir programas para combatir la malnutrición, la ceguera y la discapacidad a escala global y por su esfuerzo en integrar estrategias basadas en la evidencia en los gobiernos y las comunidades locales para hacerlas sostenibles”. 

Los nominadores han sido el International Food Policy Research Institute y Ángel Gil Hernández, catedrático de la Universidad de Granada y presidente de la Sociedad Española de Nutrición. 

Helen Keller International lidera el programa de Producción Familiar de Alimentos

Helen Keller nació en 1880 en Alabama. A la edad de 19 meses quedó sorda y ciega a consecuencia de una enfermedad. Con siete años fue puesta bajo la tutela de Anne Sullivan, quien le enseñó a leer, escribir y comunicarse. En 1904 se graduó cum laude en el Radcliffe College de Massachusetts y se convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario. 

En 1915 se unió al empresario George Kessler, que había sobrevivido al hundimiento del Lusitania cuando fue torpedeado por un submarino alemán, para crear una institución de ayuda a los soldados que habían quedado ciegos en la I Guerra Mundial por efecto del gas mostaza. 

Ayer, Kathy Spahn, presidenta de Helen Keller International, explicaba así la trayectoria de su organización: “En los años 50 pasamos de tratar a gente ciega a intentar prevenir la ceguera, y eso hizo que nos involucráramos en la deficiencia de vitamina A, la principal causa evitable de ceguera en niños. Después, en los años setenta colaboramos en el estudio de la Facultad de Salud Pública Johns Hopkins, que demostró que la deficiencia de vitamina A está vinculada también a la mortalidad infantil, y eso nos orientó aún más a los suplementos vitamínicos. Pero queríamos un enfoque más completo, y así empezó nuestro programa de Producción Familiar de Alimentos y el enriquecimiento de alimentos con vitaminas y minerales a escala industrial”. 

Helen Keller International es pionera en la distribución eficaz de estos suplementos y, como destaca el acta, su trabajo con agentes locales ha hecho posible “que solo el año pasado 54 millones de niños africanos recibieran los suplementos de vitamina A” que evitan la ceguera. En la actualidad la entidad mantiene activos 180 programas en 21 países de los que se benefician alrededor de 100 millones de personas. 

Según  Spahn, “el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento nos va a dar una gran visibilidad, que es uno de los objetivos que nos habíamos propuesto para conmemorar nuestro centenario”. 

Programa de Producción Familiar de Alimentos

La malnutrición afecta a 2.000 millones de personas en el mundo, y cada año causa la muerte de 6,6 millones de niños menores de cinco años.  El programa de Producción Familiar de Alimentos forma a las comunidades locales con dificultades de acceso al mercado laboral y de alimentos en técnicas de cultivo avanzadas y respetuosas con el medio, que conservan el suelo y las reservas de agua al tiempo que aumentan la producción y permiten obtener cosechas todo el año a base de aumentar el número de especies y rotarlas. Estas técnicas incluyen gestión integrada de plagas, compostaje, rotación de cultivos y abono. Y, sobre todo, introduce una selección más variada de frutas y verduras, en particular de especies ricas en micronutrientes esenciales como la vitamina A y el hierro, garantizando su disponibilidad en la dieta durante todo el año. A ello se añade la cría de aves de corral y animales pequeños de granja. 

En 2012, solo en Bangladesh -donde el primer programa piloto de Producción Familiar de Alimentos arrancó en 1990- esta iniciativa alcanzaba ya a 900.000 hogares y 4,5 millones de personas. Hoy se extiende a Camboya, Indonesia, Nepal y Vietnam, y a cinco países africanos: Burkina Faso, Costa de Marfil, Mozambique, Senegal y Tanzania

La evaluación realizada por Helen Keller International en los cuatro países asiáticos donde el programa lleva más tiempo muestra que los hogares que lo han adoptado cultivan, de media, 45 variedades, frente a las diez de los huertos tradicionales; y en ellos se han reducido significativamente los casos de anemia y de ceguera infantil. El programa incentiva a las familias al mejorar su situación no solo nutricional sino también económica. 

Otro de los rasgos identificadores de su actividad es la evaluación continuada de sus proyectos

Una de las claves del éxito del programa es que involucra a las comunidades locales en su planificación e implementación, impulsa el empoderamiento de la mujer y la reducción de las desigualdades y utiliza, según comenta Norman Loayza,  lead economist en el Grupo de Investigación del Desarrollo –equivalente al Departamento de Investigación- del Banco Mundial, en Washington (Estados Unidos) y secretario del jurado, “una metodología que pone el énfasis en el cambio conductual  de familias y comunidades basado en la evidencia: a través de granjas comunales muestran las técnicas y los resultados que con ellas se obtienen, de modo que los hogares las adoptan por iniciativa propia. Los tres pasos que la institución sigue son: enseñar, demostrar e incentivar”. 

Respecto al papel de la mujer, Spahn explica: “Ella es la que se ocupa de la alimentación y del cuidado de la familia. Cuando tiene los recursos saca a la familia de la pobreza. Pero eso no significa que puedas ignorar a los hombres. Si el varón entiende por qué la nutrición es beneficiosa, ayudará también. En uno de nuestros programas en Bangladesh invitamos a los hombres a las lecciones de cocina, y a participar en la educación, y el resultado fue que ayudaron a las mujeres en los cultivos”. 

Otro de los rasgos identificadores de su actividad es la evaluación continuada de sus proyectos, que les ha llevado a ajustarlos a lo largo del tiempo y a detectar, por ejemplo, que los modelos que han funcionado en Asia pueden no ser trasladables a los países africanos, pues no basta con conocer las prácticas agrícolas locales, sino entender y respetar la cultura local. Por esta razón, Helen Keller International da gran importancia a los programas piloto. 

El objetivo del programa de Producción Familiar de Alimentos se centra en la denominada “ventana de los mil días”, es decir, desde la concepción del niño  hasta que cumple dos años. Por eso, se completa con una imprescindible educación nutricional que beneficia a madre e hijo y que comprende aspectos como la lactancia materna -que se propone como exclusiva durante los seis primeros meses y mantenida, por sus beneficios inmunológicos, hasta los dos años-, la alimentación de la madre durante la gestación y la lactancia, y la introducción adecuada de alimentos a medida que el niño va creciendo, lo que a veces requiere encontrar medios persuasivos de derribar mitos locales sobre alimentación, como la reserva hacia el huevo y el pollo de la cultura nepalí. 

Al ser preguntada por los resultados de los que se la organización se siente más orgullosa, la presidenta recuerda una experiencia personal: “Fuimos a visitar uno de los programas de Producción Familiar de Alimentos en el sur de Nepal. Era un huerto que habíamos iniciado hacía diez años pero que ya no gestionábamos. Y ahí estaba esa pequeña casita, con lo que había sido un pequeño huerto pero que ahora era enorme, lleno de hortalizas magníficas y todo tipo de verduras. Fue emocionante: la matriarca de la familia tenía 101 años de edad y estaba ahí, mirándolo todo... precioso. El proyecto caminaba solo”. 

Jurado internacional

El jurado de esta categoría está presidido por el doctor Pedro Alonso, director del Programa Mundial sobre Paludismo de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra (Suiza), y cuenta como secretario con Norman Loayza, lead economist en el Grupo de Investigación del Desarrollo –equivalente al Departamento de Investigación- del Banco Mundial, en Washington (Estados Unidos). El resto de los miembros son Vicente Larraga, profesor de investigación del Centro de Investigaciones Biológicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), (España); la doctora Clara Menéndez, directora de la Iniciativa de Salud Materna, Infantil y Reproductiv y profesora de investigación en el Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona (España); José García Montalvo, catedrático de Economía en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y profesor investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) (España) y Francisco Pérez, director de investigación del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (España) y catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universitat de València (España).

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