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Gari Villa-Landa: "Los servicios del agua se están trasformando en biofactorías"

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El grupo de trabajo Agua y Economía Circular de Conama, formado por expertos en agua, innovación y medio ambiente, ha elaborado el informe Agua y Economía Circular, un documento en el que se explica la relación entre ambos conceptos, los proyectos en marcha en este ámbito y las barreras a la que se enfrentan (falta de una regulación adecuada, la financiación y la aceptación social).

Para profundizar en dicho documento, en iAgua entrevistamos a los componentes del grupo. Hablamos con Gari Villa-Landa, Responsable de Asuntos Internacionales en la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS).

Pregunta - ¿Cuáles son las principales conclusiones del informe Agua y Economía Circular en el ámbito del ciclo urbano del agua?

Respuesta - El agua y los servicios del agua, han sido, y son, circulares, mucho antes de que apareciera el concepto de economía circular. Por una parte, está el ciclo natural del agua y, por otra, el ciclo integral del agua urbana. De este modo, el sector del agua resulta ejemplar en materia de economía circular. Pero además, por la transversalidad del sector, la circularidad del agua juega un papel importante en la circularidad de otros sectores y de la economía.

En este sentido, la principal conclusión a la que se llegó en las reuniones del Grupo de Trabajo de Agua y Economía Circular de CONAMA, es que cuando se habla de agua y economía circular hay que hacerlo más allá de la reutilización del agua. Los servicios del agua se están trasformando en biofactorías donde, además de agua regenerada, se produce energía y se recuperan nutrientes.

Otra de las principales conclusiones, que a la vez es uno de los objetivos del Grupo de Trabajo, es la necesidad de una definición de la economía circular que sea integradora y que no atienda sólo al cierre de ciclos, sino que se base, además de en la eficiencia, en la reducción de las dependencias de recursos naturales que presentan los modelos lineales, así como en la protección y restitución del capital natural y sus servicios ambientales, minimizando de este modo las afecciones ambientales, a la vez que se incrementan los beneficios para la sociedad y la economía.

El agua y los servicios del agua, han sido, y son, circulares, mucho antes de que apareciera el concepto de economía circular

El desarrollo y la implementación de los planes y estrategias de economía circular requieren de un marco normativo que facilite y fomente la economía circular, a la vez que establezca los requisitos que garanticen la seguridad de las personas y el medio ambiente.

La evaluación de la viabilidad y la sostenibilidad de los proyectos de economía circular debe basarse en análisis coste-beneficio, que incluyan no sólo los costes y beneficios económicos, sino también los sociales y los medioambientales, así como el coste de la no acción.

La complejidad de los retos del agua y de la economía circular requiere nuevas soluciones innovadoras, no solo relacionadas con la tecnología, sino con nuevas interrelaciones, nuevos modelos de negocio, políticas innovadoras del recurso y de financiación, nuevas formas de gobernanza, que deben ser integradas y contar con la participación, implicación y compromiso de todos las partes interesadas, así como nuevas estrategias de comunicación.

Una mayor implementación de proyectos de economía circular requiere, entre otros, modelos de financiación y modelos de negocio innovadores, que contemplen tanto la financiación pública como la privada, así como la colaboración con otros sectores, el desarrollo de sistemas de incentivos/desincentivos económicos y/o financieros o el desarrollo de mecanismos que permitan activar sus mercados, por ejemplo, a través de la compra pública.

La innovación tecnológica juega un papel clave en el desarrollo del sector del agua. Sin embargo, el principal reto no es tecnológico, sino su financiación. Es necesario mejorar las condiciones de acceso a financiación para la innovación.

La aceptación y la implicación de todos las partes interesadas son cruciales para el éxito de los proyectos de economía circular, siendo uno de los principales desafíos identificados. Por ello, la transparencia y la comunicación son aspectos clave para generar confianza y lograr la aceptación social y el compromiso de los actores implicados.

La circularidad del agua juega un papel importante en la circularidad de otros sectores y de la economía

Por último, pero no por ello menos importante, dado que no se puede evaluar lo que no se puede medir, es necesario desarrollar un marco de indicadores que permitan medir tanto la economía circular, y sus impactos, como el papel del agua en la circularidad de la economía.

P. - ¿Hay voluntad política para aplicar los principios de la Economía Circular a la gestión del agua en las ciudades?

R. - Tal como reflejan los Informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, el cambio climático afecta principalmente a los recursos hídricos, tanto en términos de cantidad como de calidad.

La economía circular debe entenderse como un medio para abordar los retos que ponen en peligro el desarrollo sostenible, siendo el cambio climático el que mayor impacto tiene.

Las ciudades son importantes impulsores del desarrollo sostenible en sus tres dimensiones: económica, ambiental y social. Según la Comisión Europea[1] (CE), más del 70% de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) viven en zonas urbanas, mientras que alrededor del 85% del PIB de la UE se genera en las ciudades. Sin embargo, las ciudades son cada vez más vulnerables debido a desafíos como la alta concentración de actividades económicas o la creciente urbanización y población (se prevé que la proporción de la población urbana en Europa supere el 80% en 2050[2]), lo que puede conducir a desigualdades sociales y a la degradación y contaminación medioambiental. Además, todos estos desafíos se ven agravados por el cambio climático y el aumento de eventos climáticos extremos. Las ciudades son particularmente vulnerables al cambio climático y a los impactos de los desastres naturales.

Por ello, el camino hacia ciudades resilientes debe abordar los crecientes desafíos en la sociedad, la economía y el medio ambiente mediante la adopción de modelos de economía circular.

La complejidad de los retos del agua y de la economía circular requiere nuevas soluciones innovadoras

La Estrategia Española de Economía Circular lleva parada desde que terminó la fase de consulta pública en marzo de 2018. Sin embargo, son numerosas las Comunidades Autónomas que han adoptado estrategias regionales en los últimos dos años, o que están emprendiendo este camino.

Asimismo, las ciudades están adoptando un papel clave y activo en relación con la economía circular. En este sentido, cabe destacar la “DECLARACIÓN DE SEVILLA: el compromiso de las ciudades por la economía circular”, lanzada en 2017 y a la que ya se han adherido alrededor de 230 municipios.

Otro ejemplo de cómo los niveles locales se están implicando en la inclusión de la economía circular en los modelos de desarrollo, es la guía de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) “Estrategia Local de Economía Circular: hacia una Estrategia Local de Desarrollo Sostenible”, que pretende ser una herramienta para llevar a cabo un análisis y posterior diagnóstico sobre el estado de desarrollo de la economía circular en los municipios, identificando aspectos prioritarios sobre los cuales será necesario actuar, que permitan definir y desarrollar un Plan de Acción.

Todo ello parece indicar que hay voluntad política por parte de las ciudades, y de las comunidades autónomas, de convertirse en impulsores y actores activos en la implementación de políticas basadas en la economía circular, en las que, sin embargo, se debe potenciar el papel del agua.

La economía circular debe entenderse como un medio para abordar los retos que ponen en peligro el desarrollo sostenible

P. - Desde Europa, ¿qué iniciativas se están promoviendo en este sentido?

R. - En diciembre 2015 se aprobó la Comunicación de la CE “Cerrar el círculo: un plan de acción para la economía circular”, que en su versión final acabó incluyendo en su capítulo 4 la reutilización del agua, y que pretendía facilitar el reconocimiento de los fertilizantes orgánicos y los generados a partir de residuos.

A raíz de esta Comunicación de la CE, nació la Iniciativa Europea sobre Reutilización del Agua, para establecer un nuevo marco legislativo comunitario de reutilización del agua. En este sentido, tras varios años de intenso trabajo, el futuro Reglamento relativo a los requisitos mínimos para la reutilización del agua (solo para el uso de agua regenerada en riego agrícola), está a punto de ser aprobado. El 21 de enero de 2020 el Comité de Medio Ambiente del Parlamento Europeo votó a favor de apoyar el texto acordado tras las fases de diálogos tripartitos, de modo que solo falta la aprobación en el plenario del Parlamento. Tras esta aprobación, y considerando el tiempo necesario para revisar el texto por parte de los servicios jurídicos, parece probable que el Reglamento se publique a finales de marzo.

Otra de las iniciativas que se enmarcaron dentro del Paquete de la Economía Circular fue la revisión del Reglamento de Fertilizantes, que finalmente se aprobó en mayo de 2019. Lamentablemente, el Reglamento excluye la posibilidad de que los lodos jueguen un papel en la recuperación de nutrientes (fósforo), al excluirlos como material de base para las categoría de materiales componentes (CMC) nº 3 (Compost) y nº 5 (Digerido distinto del digerido de cultivos energéticos), aunque deja la posibilidad de su uso en los mercados nacionales, si así lo contempla la legislación nacional. A pesar de que se ha dejado la puerta abierta a que se incluyan nuevas categorías de materiales componentes mediante actos delegados de la CE, entre los que podrían estar productos como la estruvita y las cenizas de los lodos, la exclusión de los lodos de aguas residuales del material de entrada para compost y digestato, envía una señal negativa hacia la utilización de lodos de aguas residuales y puede dañar seriamente las prácticas de reciclaje sostenible, al deteriorar la imagen de los fertilizantes donde los lodos de aguas residuales se utilizan como materia prima en la actualidad.

La Estrategia Española de Economía Circular lleva parada desde que terminó la fase de consulta pública en marzo de 2018

La CE presentó en diciembre de 2019 el “Pacto Verde Europeo” como respuesta a los desafíos en materia de clima y medio ambiente que enfrenta la UE. Tal como indica la Comunicación, el pacto es “una nueva estrategia de crecimiento destinada a transformar la UE en una sociedad equitativa y próspera, con una economía moderna, eficiente en el uso de los recursos y competitiva, en la que no habrá emisiones netas de gases de efecto invernadero en 2050 y el crecimiento económico estará disociado del uso de los recursos” y que “aspira también a proteger, mantener y mejorar el capital natural de la UE, así como a proteger la salud y el bienestar de los ciudadanos frente a los riesgos y efectos medioambientales”.

Entre las diversas medidas que recoge el Pacto, se establece que la CE deberá adoptar un nuevo plan de acción de la economía circular. En este sentido, se publicó a finales de diciembre de 2019 la hoja de ruta de este nuevo plan de acción, donde se define su alcance. El nuevo plan de acción pretende impulsar la transición de la UE hacia una economía circula, fortaleciendo la industria europea, contribuyendo a la lucha contra el cambio climático y preservando el medio ambiente.

Sin embargo, a pesar de los objetivos que establecen, es decepcionante que el Pacto Verde apenas mencione el agua (solo se menciona en relación con el plan de acción “contaminación cero” para el aire, el suelo y el agua y la necesidad de restablecer las funciones naturales de las aguas superficiales y subterráneas; aspectos que se recogen en las directivas europeas del agua y las revisiones que se están llevando a cabo de las mismas), y es tremendamente preocupante que la hoja de ruta del Nuevo Plan de Acción de la Economía Circular ni siquiera la mencione.

Como ya he mencionado antes, la transición a una economía circular requiere de marcos normativos que la fomenten en vez de frenarla. Considerando el papel que el agua juega en la economía circular, por si misma y como dinamizadora para otros sectores, resulta fundamental que los nuevos marcos normativos y estratégicos de la UE en materia de economía circular incluyan al agua.

P. - ¿Cuáles cree que son los principales retos a los que se enfrentan las ciudades en este sentido?

R. - La economía circular ofrece un enorme potencial para una contribución positiva de las ciudades, y del sector del agua, para abordar y superar desafíos como el cambio climático, una sociedad neutra respecto a la generación de residuos o el cumplimiento de los ODS. Sin embargo, hay algunos elementos clave que deben abordarse para lograr el éxito de la economía circular en el sector del agua y en las ciudades.

Hay voluntad política por parte de las ciudades, y de las comunidades autónomas, de convertirse en impulsores y actores activos en la implementación de políticas basadas en la economía circular

Se necesita un cambio de mentalidad para pasar de los modelos lineales a los circulares, que permita entender que la economía circular debe considerarse como un medio para lograr un desarrollo sostenible y objetivos globales como los ODS, y no con un fin en sí mismo.

Este cambio de mentalidad debe ir ligado, por una parte, a la voluntad política y el compromiso a largo plazo de las autoridades competentes y, por otra, con la necesidad de sensibilizar a todos los actores implicados, incluidos los ciudadanos, lo que requiere estrategias de comunicación activas, específicas y adaptadas, para lograr la aceptación social. En este sentido, la transparencia es esencial.

La economía circular implica un enfoque holístico y sistémico, en el que todos los sectores deben implicarse. Pero además de la coordinación y la coherencia en las políticas de los diferentes sectores, se necesitan mecanismos de coordinación entre todos los niveles de gobierno. Asimismo, es importante fomentar la formación de los profesionales de las autoridades competentes con un enfoque en economía circular.

Una implementación efectiva de modelos basados en economía circular requiere cerrar las brechas entre la investigación, los servicios públicos y los gobiernos. En definitiva, se necesita fortalecer la gobernanza para la economía circular, buscando la participación y el compromiso de todos las partes interesadas.

En relación con la financiación y los impulsores económicos para que los proyectos de economía circular sean de éxito, debemos ser conscientes del coste de la no acción y del valor del agua, y esto requiere establecer el precio correcto para los servicios de agua, a fin de hacer posible la recuperación de costes establecida por la Directiva Marco del Agua, y lograr servicios públicos de agua eficaces, eficientes y resilientes.

La CE presentó en diciembre de 2019 el “Pacto Verde Europeo” como respuesta a los desafíos en materia de clima y medio ambiente que enfrenta la UE

Por último, como ya mencioné antes, se debe empezar a pensar en innovación no solo relacionada con la tecnología, dado que el “business as usual” no permitirá un desarrollo sostenible. Por ejemplo, si se quiere fomentar la generación y la recuperación de energía en el sector de agua, es esencial reducir o eliminar las cargas fiscales de la cogeneración en las estaciones depuradoras de aguas residuales, así como reducir las cargas administrativas y las presiones fiscales en el resto de energías renovables susceptibles de ser utilizadas en el ciclo urbano del agua.

P. - ¿Y cuáles los mayores logros alcanzados?

R. - Creo que el mayor logrado alcanzado hasta hora, y que es el fundamental para abordar los retos que presenta la transición hacia la economía circular, es que las ciudades han entendido su papel clave como dinamizadores del cambio necesario para que la economía circular sea usada como el medio para lograr ciudades resilientes y adaptadas al desarrollo sostenible.

P. - ¿Qué ciudades españolas cree que han logrado integrar la gestión del ciclo del agua en la senda de la economía circular, o están en el camino de hacerlo?

R. - Es difícil mencionar todas las ciudades que se han embarcado en el camino hacia la economía circular.

Un buen ejemplo, son las casi 230 ciudades adheridas a la Declaración de Sevilla[3].

La OCDE ha desarrollado un Programa de Economía Circular en Ciudades y Regiones, en el que han participado dos ciudades españolas, Valladolid y Granada, que también son signatarias de la Declaración de Sevilla.

Resulta evidente que las ciudades españolas están tomando la senda de la economía circular.

Redacción iAgua

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