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Fundación We Are Water

¿Dónde está nuestro río?

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Sobre la Entidad

Fundación We Are Water
La Fundación We Are Water tiene dos objetivos: La sensibilización y la realización de acciones destinadas a paliar los efectos negativos de la falta de agua.
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El río Buriganga se muere y más de cuatro millones de personas de Daca lo necesitan vivo. Su trabajo y su salud dependen de ello. No pueden vivir más junto a unas aguas que los residuos químicos y la falta de saneamiento han convertido en unas de las más contaminadas del mundo.

Deadline

Raihan Ahmmed (Bangladesh)

Micro-documental

Vídeo finalista de la categoría micro-documental de la edición 2013/14 del We Art Water Film Festival. El vencedor en esta categoría fue Saneamiento - Sanitation.

“Antes podíamos pescar en sus aguas, bañarnos y jugar. El agua era potable.
Ahora todo ha cambiado: no puedo bañarme o comer del río. El agua está arruinada. Los peces simplemente se han ido”.  Si el agua se degrada, la vida también.

Los últimos 400 años Daca ha crecido en la ribera norte del río Buriganga, y en las tres últimas décadas los residuos que la propia ciudad ha generado lo han convertido en uno de los más contaminados e insalubres del mundo. Cuatro millones de habitantes, de los casi 30 millones que tiene el área metropolitana de la capital de Bangladés, dependen directamente de las aguas del río Buriganga y centenares de familias viven en embarcaciones amarradas en sus riberas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Buriganga es uno de los ríos más contaminados del mundo. La causa radica en los más de 60.000 metros cúbicos de desechos tóxicos que diariamente la ciudad vierte en sus aguas. Las principales fuentes contaminantes han sido la industria de curtido de pieles, concentrada principalmente en el barrio de Hazaribagh, y los vertidos de aguas residuales de la población que vive exenta de servicios de saneamiento adecuados. Esta población de extrema pobreza aumenta anualmente en 400.000 personas a causa del éxodo rural que experimenta el país, agravando el problema en una ciudad que también está amenazada por la subida del nivel del mar a causa del cambio climático.

Las aguas residuales de las curtidurías contienen ácido sulfúrico, plomo y cloro, contaminantes que afectan también gravemente a los más de 10.000 trabajadores de este sector, muchos de ellos mujeres y niños, que ha sido uno de los más prósperos de la ciudad. El gobierno ha tomado medidas y este mes de abril expira el plazo dado por el  Tribunal Supremo de Bangladés para que las 154 curtidurías de cuero se trasladen y tomen medidas para frenar la contaminación.

Los habitantes de las riberas del Buriganga ven con esperanza esta medida; especialmente los que ven a sus hijos enfermar de diarrea o enfermedades de piel. Sin embargo, para los que han conocido el río de antaño y lo ven ahora moribundo y amenazante, la esperanza es todavía lejana:  “No volverá a ser lo mismo otra vez. Lo que se va nunca vuelve ...
Ahora no hay otro camino que vender nuestras tierras. A veces pensamos en el río que solíamos tener. Ahora, ¿dónde está nuestro río?”.

El Buriganga tiene que volver a renacer. Será un triunfo de los bangladesíes y un ejemplo para el resto del planeta.

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