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Fundación We Are Water

Mar de Aral: el difícil retorno del agua

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  • Mar Aral: difícil retorno agua
    © Arian Zwegers Moynaq.

Sobre la Entidad

Fundación We Are Water
La Fundación We Are Water tiene dos objetivos: La sensibilización y la realización de acciones destinadas a paliar los efectos negativos de la falta de agua.
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10 años después del documental rodado por Isabel Coixet, el mar de Aral sigue siendo un paradigma de los errores que desencadenan un desastre medioambiental de nefastas consecuencias humanitarias. Los planes de recuperación han dado algunos resultados, pero la recuperación total del gran lago asiático sigue estando muy lejos.

En septiembre de 2009, la Fundación We Are Water presentó el documental Aral, el mar perdido en Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La realización fue el fruto de una propuesta de la Fundación a la cineasta Isabel Coixet: crear un documental que reflejara la importancia del agua en la vida de las personas, en la economía y en el equilibrio medioambiental. La realización de la directora de cine española mostró la terrible realidad de un desastre provocado por el hombre hasta entonces poco conocido internacionalmente.

Aral, el mar perdido, (2009) de Isabel Coixet, narrado por Sir Ben Kingsley.

Un paradigma de lo que no se debe hacer con el agua

En la década de 1950, el mar de Aral era, con más de 67.300 km2, el cuarto lago de más grande del mundo por detrás del mar Caspio, el lago Superior y el lago Victoria. Era especialmente rico en pesca: suministraba una sexta parte de todo el pescado que se consumía en la Unión Soviética y sus fábricas de conservas exportaban a todo el mundo.


A la izquierda, el mar de Aral en 1989; a la derecha, en 2014. © Earth Observatory, NASA.

Los dos países que se reparten sus costas, Kazajstán y Uzbekistán, pertenecían por entonces a la extinta Unión Soviética. Las vastas estepas que rodeaban el lago dieron la idea al Gobierno para desarrollar masivamente la agricultura, en especial el cultivo del algodón. Eran tierras poco aptas para ello, debido a su grado de aridez y falta de infraestructuras hidráulicas para el regadío; por esta razón los ingenieros soviéticos planearon utilizar el agua de los principales ríos que desembocaban en el mar de Aral, en especial la proveniente del Amu Daria y del Sir Daria. El proyecto impulsó un enorme plan de infraestructuras cuyo eje fue la construcción, en 1960, de un canal de 500 km de longitud que tomaría un tercio del agua de los ríos para inundar arrozales y regar los campos de algodón, uno de los cultivos que más agua precisan. Los cálculos erróneos, el pésimo mantenimiento de las infraestructuras y los sistemas de riego poco eficientes causaron un constante incremento de la cantidad de agua extraída a los ríos y los acuíferos. 

A principios de la década de 1980, cuando los ingenieros se dieron cuenta de que el agua que llegaba al gran lago era tan sólo un 10% del caudal de 1960, fue demasiado tarde. Gran parte de su superficie se había secado y el resto se encontraba en un acelerado proceso de desaparición; en 1989, el gran cuerpo de agua se partió en dos, dejando una masa al norte y otra al sur, que pasaron a denominarse mar de Aral del Norte y mar de Aral del Sur.

En 2009, cuando Isabel Coixet rodó el documental, el lago había perdido la mitad de su superficie original, (equivalente a la isla de Irlanda) y su volumen se había reducido a una cuarta parte. El 95% de los embalses y humedales cercanos se habían convertido en desiertos y más de 50 lagos de los deltas, las zonas más fértiles, con una superficie de 60.000 hectáreas, estaban secos. Actualmente, la situación poco ha cambiado.

Desastres en efecto dominó

La pérdida del agua desencadenó una cadena de desastres. La evaporación se aceleró, ya que los lagos menos profundos son más fáciles de calentar, por lo que el gran lago entró en un bucle de retroalimentación negativa: a más evaporación, menos profundidad, a menos profundidad, más evaporación … El mar de Aral no sólo disminuyó de tamaño, sino que la evaporación disparó la salinidad lo que causó la muerte de casi todos los peces.

Para contener la salinidad, se incrementó la extracción de aguas freáticas, lo que hizo disminuir el nivel de los acuíferos de 53 a 36 metros. El consumo humano se vio afectado: amplios sectores de la población quedaron sin acceso a agua potable y la que quedó estaba altamente contaminada por los fertilizantes y pesticidas utilizados en los cultivos de algodón.

La pesca se arruinó. El puerto de Aralsk perdió el agua en 1970 y sus habitantes  vieron como el mar se alejaba día a día. Los barcos quedaron varados en un desierto de arena salada, en una imagen que se convirtió en el icono del desastre.


Isabel Coixet en el mar de Aral en el rodaje de Aral, el mar perdido @ Jordi Azategui.

Por otra parte, mar de Aral perdió su capacidad de regular el clima: los inviernos y los veranos se hicieron más duros y ​​las tormentas de polvo comenzaron a devastar las regiones ribereñas, arrastrando la sal del antiguo fondo marino. Las consecuencias para la salud fueron nefastas: enfermedades como el cáncer linfático, de hígado y de garganta, la anemia, la bronquitis crónica, la tuberculosis, la fiebre tifoidea, la hepatitis y el asma se dispararon. La mortalidad infantil alcanzó una tasa de 7,5 fallecimientos de cada 100; más de la mitad de esos niños murieron de enfermedades respiratorias debido a la sal y los minerales existentes en polvo que respiraban.

Las tormentas de sal y la disminución de los acuíferos acabaron con el 40% de la vegetación de las tierras circundantes y la agricultura de supervivencia se hizo imposible. Todo ello provocó un gran éxodo migratorio hacia zonas más prósperas que causó un desequilibrio demográfico, y problemas transfronterizos cuando desapareció la Unión Soviética, y Kazajstán y Uzbekistán lograron su independencia en 1991.

La sal y el polvo viajaron más lejos, hasta 200 km, alcanzando amplias tierras de cultivo en Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán y otros países, disminuyendo la productividad agrícola. La sal también llegó a las cimas de las montañas de Kirguistán, causando el derretimiento de los glaciares que ya se había iniciado a causa del cambio climático.

 ¿Volverá el agua?


En algunas zonas del mar de Aral de sur el agua está retornando lentamente ©Mark Pitcher.

Recuperar la totalidad del antiguo cuerpo de agua del lago requiere la cooperación de todos los países por donde transcurren los ríos que lo alimentan. La mala relación política existente entre muchos de ellos ha sido un obstáculo insalvable para vertebrar un proyecto con las mínimas garantías de éxito. Kazajistán y Uzbekistán están enfrentados con Kirguizistán y Tayikistán, repúblicas por donde fluyen el Amu Daria y el Sir Daria, tras la caída de la Unión Soviética.

Los intentos por recuperar el mar de Aral comenzaron en 1996 cuando se levantó un dique para retener el agua del Sir Daria, río que desemboca en el norte del mar de Aral, para regular el nivel del agua en esta zona del lago y regar las tierras circundantes. La idea era sacrificar el mar de Aral del Sur para que el mar de Aral del Norte pudiera salvarse. Pero la presa, construida rudimentariamente con arena, barro y palos, se rompió a los pocos años.

En 2004 se construyó otro dique de 13 km de longitud y diversas instalaciones hidráulicas en el cauce del río que contaron con la financiación del Banco Mundial. El mar de Aral del Norte aumentó su nivel casi cuatro metros en seis meses, y en un año logró aumentar de tamaño en un tercio y recuperar parte de su fauna acuática. Lo más esperanzador fue que parte del agua comenzó a fluir tímidamente hacia el mar del Aral del Sur.

La recuperación de la zona norte del lago se ha visto favorecida por la propia naturaleza, que ha invertido la retroalimentación negativa de la evaporación: el agua disminuye hasta un volumen determinado con alta salinidad, lo que frena la evaporación estabilizando el proceso.

El agua, que una vez estuvo a 50 km de la ciudad de Aralsk, ahora está a solo 15 km. La recuperación del lago está aún lejos, pero hay síntomas de que está en marcha. En el mar de Aral del Norte, está renaciendo pesca y la agricultura es más fácil. La salubridad ha mejorado notablemente, disminuyendo la anemia en un 65% debido a una mejor nutrición.

Sin embargo, los expertos alertan de que la recuperación total sigue siendo muy difícil, ya que persisten muchos de los factores que desencadenaron los desastres. El mar de Aral del Sur sigue sin soluciones a corto plazo y la crisis climática amenaza con más sequías.

Concienciación local e internacional ante un desafío planetario


El antiguo fondo del mar de Aral es ahora un desierto polvoriento ©Phillip Capper/2011.

La desaparición del mar de Aral es la tragedia que afortunadamente ha trascendido los últimos años las fronteras nacionales y regionales. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) impulsó en Tashkent, la capital de Uzbekistán, una conferencia internacional sobre el tema "Acciones conjuntas para mitigar las consecuencias de la catástrofe de Aral: nuevos enfoques, soluciones innovadoras, inversiones”. En la reunión, un equipo multidisciplinario de expertos expuso varias ideas para atraer inversión y tecnologías a la región y proponer las mejores soluciones prácticas para el Gobierno de Uzbekistán. Las conclusiones de la conferencia tuvieron su continuidad el pasado octubre en Nukus (Uzbekistán) con la Conferencia Internacional de Alto Nivel titulada “Área del Mar de Aral - Zona de Innovaciones y Tecnologías Ambientales”. Por primera vez, el presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev, ha planteado la idea de transformar el mar en una zona de innovaciones y tecnologías ambientales. Durante lo que ha sido un auténtica cumbre de jefes de estado para crear un fondo internacional para recuperar el mar, Mirziyoyev ha hecho un llamamiento para realizar esfuerzos comunes para atraer inversión internacional con la finalidad de desarrollar tecnologías amigables con el medio ambiente, implementar la economía verde y lograr el ahorro de energía y agua. La reunión concluyó con la propuesta de organizar una conferencia especial el próximo año con el apoyo del PNUD, el Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial.

En plena lucha contra la crisis climática, debemos aprender de la que es una de las mayores catástrofes ambientales causadas por las actividades humanas. Las consecuencias ambientales, climáticas, económicas y humanitarias derivadas de la mala gestión del agua son la peor amenaza para el ecosistema planetario y para la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6. El caso del mar de Aral debería ser materia de estudio en todos los programas escolares.