Connecting Waterpeople

La planificación como elemento de superación de conflictos

5
228
  • planificación como elemento superación conflictos

Sobre la Entidad

Grupo INCLAM
Grupo internacional, dentro del Mercado Alternativo Bursátil, que se dedica al sector de la ingeniería del agua y el cambio climático. Gracias a su expansión dispone de delegaciones en Latinoamérica y Caribe, España, África Subsahariana y Asia.
· 228
5

Nunca llueve a gusto de todos. Esta sencilla frase de la cultura popular esconde una de las principales problemáticas que afecta a toda la sociedad: la gestión del agua y los conflictos que ésta puede generar. En el origen de la frase se interpreta que van a existir diferencias de criterio entre, por ejemplo, un hotelero de costa y un agricultor de cuándo y cuánto debe llover. Los dos tendrán intereses distintos y difícilmente compatibles por lo que la lluvia dejará insatisfecho a uno de los dos (o incluso a ambos a la vez). Si llevamos la frase a un sentido más amplio y asimilamos lluvia con agua, podremos ver que también habrá diferencias de criterio entre los dos en cómo se debe disponer –y gestionar– el agua. La lluvia no la controlamos, por lo que si no nos gusta como llueve, la única opción que nos queda es clamar al cielo. En contrapartida, la gestión del agua está en nuestras manos y es cuando hay diferencias de criterio que, puede aparecer el conflicto.

Evitar el conflicto no siempre es posible, por no decir que siempre existirá, aunque sea en un grado limitado. España es un país con un sistema de gestión hidrológica avanzado. Hace ya muchos años que ha asimilado el concepto de unidad de cuenca y gestión multisectorial, siendo un país pionero en la aplicación de estos conceptos, abriendo el proceso de planificación y gestión a los usuarios y a la sociedad. Se han creado diversidad de foros y en la mesa de la gestión del agua se sientan y participan los principales actores. Podemos pensar que, con esta experiencia y los mecanismos establecidos, el conflicto en la gestión del agua en España está controlado. En buena parte de los casos es así, pero con sólo verbalizar algunos conceptos pueden aparecer de nuevo las diferencias. Pronunciemos la palabra “trasvase” en España y se puede garantizar que la gestión hídrica pasará a primera plana de la prensa y se convocarán manifestaciones, tanto a favor como en contra.

Tenemos que ser conscientes de que siempre existirá cierto grado de conflicto en la gestión hídrica, ya sea un conflicto permanente o un conflicto latente que sólo se activa al aparecer ciertas palabras clave. Pero también tenemos que ser conscientes de que nuestra obligación es intentar minimizarlo. En muchos países hace décadas que se trabaja en esta línea y en muchos otros se están empezando a dar los primeros pasos, pero el camino a seguir está claro.

El “mix” de herramientas para la gestión del conflicto del agua es variado y dependerá del lugar y del momento, pero siempre debe contener y empezar por un proceso de planificación

El “mix” de herramientas para la gestión del conflicto del agua es variado y dependerá del lugar y del momento, pero siempre debe contener y empezar por un proceso de planificación. El inicio, invariablemente, debe ser un ejercicio de análisis y abstracción de dónde estamos y a dónde debemos llegar. Esto, que puede parecer una obviedad, realmente se trata de un cambio de paradigma que aún no se ha acabado de asumir en muchos sitios. Sólo hay que analizar cómo se actúa ante una situación de un evento extremo. En la mayoría de los casos, la respuesta es reactiva, es decir, las medidas se estudian y se ponen en marcha mientras se produce el evento o, incluso, una vez se haya producido. Nos enfrentamos a las crisis pero no las anticipamos ni las preparamos. Como un claro ejemplo de esta reactividad, la declaración de un episodio de sequía en un territorio es sinónimo del lanzamiento de un conjunto de medidas y actuaciones (perforación de nuevos pozos, interconexión de redes, aplicación de restricciones a usuarios, etc.) que seguramente no estarán bien analizadas, no responderán a las expectativas, serán caras y con una elevada probabilidad de que esas medidas no entren en funcionamiento a tiempo y que la crisis se solucione por causas naturales, es decir, porque llueva antes. Esta manera de actuar no dejará satisfecho a nadie y plantará la semilla del conflicto

.

La gestión del conflicto, por tanto, debe partir de una planificación inicial, la cual para que se oriente con un objetivo de minimización del mismo, se debe basar en cuatro valores
principales: transparencia, empatía, responsabilidad y resiliencia.

Las medidas que salgan de una planificación deben establecerse, en la medida de lo posible, en premisas objetivas y transparentes. La planificación hidrológica debe responder a un conjunto de preguntas (¿cuánta agua tengo?, ¿cuánta necesito?, ¿con qué calidad?, ¿en qué momento?, ¿cuánto cuesta?, etc.) y a medida que la respuesta se base en criterios transparentes, técnicos y objetivos, su aceptación y validez por los actores y la sociedad aumentará. El acceso a los datos, las normas e hipótesis de partidas claras y preestablecidas, la aplicación de la legislación y normatividad vigente y el uso de herramientas técnicas es la base de una planificación adecuada y aceptada. En este sentido, una de las herramientas más válidas es el uso de modelos numéricos, ya que son herramientas que pueden cuantificar el impacto de ciertas medidas y objetivizar la idoneidad de su aplicación. La ciencia y la técnica es un aliado básico a la hora de proponer y tomar decisiones consensuadas y aceptadas por todos.

La planificación, como elemento de contención del conflicto, no puede obviar la participación de todos los actores involucrados. El primer reto que debe afrontar un proceso de planificación es conseguir sentar a todos los actores en una mesa. Sin cumplir este objetivo, la planificación está condenada al fracaso porque no será posible confrontar visiones, necesidades y demandas y buscar elementos comunes de partida que faciliten la superación de las diferencias. Es decir, los distintos actores deben conocer y comprender las necesidades de los otros para buscar ese consenso necesario. Debemos asumir la empatía como un valor necesario para alcanzar los objetivos con la obligación de conseguir que exista un foro de integración y de participación y que, a su vez, permita ser el punto de encuentro y superación de las diferencias.

Uno de los mayores retos a los que se enfrenta un proceso de planificación es que sea un documento vinculante y asumido por todos. Es decir, los actores deben conocer, aceptar y ejercer sus derechos y responsabilidades. Para ello, la planificación debe asumir un carácter normativo y vinculante pero, sobre todo, todos los actores deben asumir su responsabilidad completa. Sólo con que exista un actor que no asuma sus deberes y obligaciones y siga actuando de por libre, podemos asegurar que el conflicto aparecerá inevitablemente de alguna u otra manera. Ese quizás es el principal reto de una planificación del agua. Conseguir la vinculación y responsabilidad de todos los actores y que ésta se mantenga durante todo el proceso y principalmente, durante la implementación de la planificación.

Y finalmente la resiliencia, un valor asociado a la capacidad de respuesta ante situaciones de crisis y la necesidad de anticipar las crisis y no enfrentarlas directamente, como ya se ha comentado anteriormente. Conceptos como la seguridad hídrica, que incorpora visiones dinámicas de adaptación superando visiones más estáticas como son el concepto de garantía, añaden capacidad de análisis de los distintos escenarios y la capacidad de respuesta, lo que permite analizar y optimizar la solidez y respuesta de una planificación hídrica.

La experiencia nos muestra que la existencia de un proceso de planificación no elimina la existencia de conflictos entre los actores, pero la ausencia de planificación sí garantiza la existencia de estos conflictos. Aun así, también hay que considerar que no cualquier proceso de planificación es válido y que éste, para que sea exitoso, debe incorporar un proceso participativo amplio, adecuado y basarse en cuatro valores básicos: transparencia, empatía, responsabilidad y resiliencia.

La experiencia de INCLAM, con alrededor de 80 proyectos en  más de 15 países en el desarrollo de planificación, es muy amplia y abarca los principales conceptos en gestión del agua (planificación hidrológica, planificación de cuenca, planes maestros, planes de sequías, planes de riesgo de inundación, etc.) en los que, como concepto principal, se incorporan procesos de participación de los actores involucrados para alcanzar la vinculación de todos ellos y los mejores resultados posibles.

La redacción recomienda

16/05/2019 · Digitalización · 274 3

El binomio agua-energía en la gestión del agua en las ciudades