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Teresa Ribera: "El agua es uno de los elementos críticos en escenarios de cambio climático"

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  • Teresa Ribera: " agua es elementos críticos escenarios cambio climático"
  • Fotografías: Pablo González-Cebrián/iAgua.

Sobre la Entidad

IDDRI
El Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI) es un instituto de investigación independiente dedicado a fomentar la transición al desarrollo sostenible y la prosperidad para todos.

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Personalidades

No es habitual encontrar en España expertos en cambio climático al nivel de Teresa Ribera (Madrid, 1969). Su conocimiento de los mecanismos de actuación frente al fenómeno la ha convertido en una voz indiscutible en los foros internacionales; es de hecho la actual directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) con sede en París desde junio de 2014.

Por otro lado, su trayectoria política le ha dotado de una visión trasversal de los entresijos de la política climática española, en la que ejerció durante los años más críticos del Gobierno del PSOE (2008-2011).

En esta entrevista nos desvela las claves que contribuirán a una lucha efectiva contra el calentamiento global, además de analizar la situación actual de España en esta materia.

Pregunta: Sra. Ribera, a lo largo de su vida laboral ha ocupado diversos cargos relacionados con el cambio climático. ¿Cómo se ha desarrollado su trayectoria profesional en este sentido?

Respuesta: Llegué al cambio climático por casualidad y aquí me quedé. Soy funcionaria por vocación, convencida de que desde las administraciones se puede mejorar la vida de las personas. Me pidieron que participara en el grupo de trabajo europeo sobre el régimen de cumplimiento del Protocolo de Kioto, y a partir de ahí fui descubriendo la trascendencia que el cambio climático tiene en nuestras vidas y los enormes desafíos que tenemos por delante. Después trabajé en muchos aspectos técnicos en la Oficina de Cambio Climático, tuve el privilegio de ser su primera Directora General y posteriormente Secretaria de Estado de Cambio Climático. Todos esos años me permitieron entender bien la dinámica internacional y doméstica, las conexiones entre actores y con otras agendas como la energética, la científica, la biodiversidad, la económica y empresarial, la social... Ahora hace cuatro años que trabajo como directora de un think tank francés especializado en desarrollo sostenible, dedicado a reflexionar y proponer cómo seguir avanzando en asuntos tan importantes como clima y cambio de modelo energético, protección de la biodiversidad y promoción de sistemas agrícolas sostenibles, océanos y gobernanza de la sostenibilidad. Mi función es acompañar a los equipos en la selección y análisis de los temas y perspectivas más relevantes y contribuir a la divulgación de las propuestas.

P.- Sus años como Secretaria de Estado de Cambio Climático en el Gobierno socialista coincidieron con una grave sequía en España, similar a la que atraviesa el país hoy en día. ¿Qué lecciones aprendidas destacaría de aquella época? ¿Cuáles diría que fueron las mayores dificultades a las que se enfrentó el Gobierno de entonces?

R.- Hay dos lecciones clave: la primera es que no se puede hacer demagogia con el agua; y la segunda es anticipar, anticipar y anticipar.

Creo que fueron los años en los que se hizo patente el inmenso error que supone hacer demagogia política con el agua. Es un bien escaso y precioso y considerar que la oferta de agua ha de ser gestionada para satisfacer una demanda sin límite es irreal. Los problemas del agua son muchos y variados, algunos asociados a los impactos del cambio climático, los más a malas prácticas, a abusos, a deficiencias y pérdidas en las infraestructuras de transporte. Mis colegas intentaron cumplir con los requerimientos de la Directiva Marco del Agua, pensar en términos ecológicos y de gestión de la demanda, asegurar la posibilidad de tener aportaciones adicionales vía desaladoras e impulsar los planes de saneamiento, depuración y eficiencia en el regadío. No siempre todos veíamos las cosas del mismo modo y no siempre era fácil llegar a una conclusión compartida.

Nada es perfecto todavía y algunas cosas han empeorado. Las presiones para lograr mayores volúmenes de trasvases, el atractivo de obras con poco sentido o la poca racionalidad con la que se abordan muchos de estos debates siguen siendo dificultades importantes por resolver. Confío en que el mensaje principal haya llegado a todas partes y no cometamos el error de volver a creer ingenuamente en el crecimiento ilimitado del consumo.

España debe contar con escenarios hidroclimáticos; debemos esforzarnos por evaluar y planificar correctamente, por mantener su valor ecológico, reducir drásticamente las aportaciones de contaminantes, hacer un uso eficiente, depurar y reciclar adecuadamente, mejorar su política de precios y recuperación de costes y asegurar, a través de técnicas como la desalación, la posibilidad de disponer aportaciones extraordinarias para supuestos de necesidad.

P.- La ministra Tejerina ha afirmado que la sequía va a complicar el decrecimiento de emisiones de CO2 en España. ¿Cree que es incompatible la reducción de emisiones con la falta de agua?

R.- Por supuesto que no. El nexo agua, energía y alimentos es capital. No sé qué quiere decir la ministra Tejerina, pero me parece que esta frase refleja más el pasado que el futuro. Supongo que traslada la visión que tiene de este asunto su colega el ministro Nadal, para quien la energía se resume en térmicas, nuclear e hidráulica y defiende un sistema eléctrico como coto reservado para grandes empresas tradicionales.

Hay quien todavía piensa que si no hay agua, no queda más remedio que quemar carbón. Se olvida que, si no hay agua, no es posible refrigerar centrales térmicas y que, a la inversa, necesitamos energía para obtener agua cuando no la hay. Afortunadamente, la realidad tecnológica y social ha cambiado mucho en poco tiempo. España debe mirar al futuro y pensar en su progreso, no en la consolidación y protección a ultranza de modelos obsoletos. La generación hidroeléctrica cambiará con respecto a los patrones tradicionales, pero también cambiará el resto de los aspectos que perfilan nuestra relación con la energía: apostaremos por aumentar al máximo nuestra inversión en eficiencia, en las alternativas energéticas descentralizadas que coexistirán con las grandes plantas de generación y la generalización de otras opciones renovables de muy diferente escala. La revolución digital ayudará a ello. La ministra Tejerina tiene en sus manos ser ambiciosa y coherente en las medidas estructurales que el cambio climático obliga a adoptar en sectores incluidos en su cartera: observación del clima, agua, biodiversidad, agricultura y ganadería, calidad del aire e impacto ambiental, costas y recursos marinos... Y podría erigirse en el referente político capaz de orientar las decisiones de sus colegas en materia de infraestructuras, movilidad, fiscalidad, agenda urbana o energía, todas ellas fundamentales y enormemente afectadas por el Acuerdo de París. Yo confío en que ésta sea su apuesta.

P.- Actualmente, el Gobierno se encuentra en pleno proceso de elaboración de una Ley de Cambio Climático. ¿Por qué es necesaria esta ley y, en su opinión, qué fundamentos debería recoger este texto?

R.- Porque necesitamos dotarnos de un marco que multiplique y acelere nuestro potencial de acción, que facilite las sinergias entre todos los actores y la mayor coherencia entre políticas fiscales, de infraestructuras, energéticas, financieras... Porque necesitamos entender qué nos jugamos y sentar las bases de un proyecto en común para las próximas décadas, y porque necesitamos un marco público que facilite opciones a quienes pueden sufrir como consecuencia del cambio climático o de la revolución industrial, financiera y energética que lo acompaña. Necesitamos una ley que favorezca la reducción de emisiones, la construcción de resiliencia y la capacidad de adaptación. Una ley que ofrezca soluciones solidarias a los colectivos más vulnerables; que muestre el riesgo al que se enfrentan nuestros actores económicos y nuestra economía, que integre en cada decisión sectorial la variable climática... Una ley que ofrezca de forma transparente y clara marcos de participación y evaluación de políticas, una ley comprometida que permita alcanzar el objetivo de contar con emisiones próximas a cero en el entorno de 2050 y dé señales a la industria y a los inversores sobre dónde destinar recursos y por qué debemos abandonar otros.

El "mercado" puede resolver muchas cosas pero no garantiza ni que llegue a tiempo ni que lo haga de manera justa. Un marco normativo que facilite el cambio y ofrezca medidas de apoyo a los más vulnerables facilita las cosas.

P.- Con la vista puesta en el futuro, ¿cuáles cree que deberían ser las prioridades políticas, económicas y sociales de nuestro país para poder afrontar con garantías un futuro climático incierto?

R.- El cambio de modelo energético, la buena gestión del agua -en términos cualitativos y cuantitativos, prestando máxima atención a la depuración y reutilización, a la eficiencia y a la calidad de los ecosistemas hídricos, a la prevención de inundaciones y sequías...-, la fiscalidad ecológica, la transparencia y el reporte de riesgos ambientales de las empresas cotizadas, la coherencia en la contratación pública y en el sistema de financiación de CCAA y EELL, el reconocimiento de la contribución ambiental y social de las comunidades rurales y la solidaridad con los colectivos vulnerables al cambio climático y la regulación que las políticas para afrontarlo.

P.- Agua, energía, ciudades, movilidad, marco fiscal... Prepararnos para entender realidades complejas e interdependientes, para trabajar juntos y desarrollar capacidad de anticipación.

R.- ¡Claro! De eso se trata... de entender y anticipar, sabiendo que el mundo es complejo e interdependiente y que la relación entre los distintos actores es mucho más estrecha de lo que solía ser.

P.- Uno de los problemas más acusados a los que se enfrenta la adaptación y la lucha contra el cambio climático es la búsqueda de financiación. ¿Cuáles son las alternativas para asegurar la inversión en este sentido?

R.- Financiar el incremento del coste inicial que supone hacer las cosas bien es relativamente sencillo y sale a cuenta. En nuestro entorno es un problema de ordenación correcta de prioridades y marcos regulatorios coherentes y bien aplicados.

Es algo distinto en países en desarrollo, en los que la premisa anterior sigue siendo válida pero la necesidad de recursos es mayor y la vulnerabilidad aumenta como consecuencia de la fragilidad económica y social (mayor dependencia del sector primario, infraestructuras vulnerables, menor implantación de sistemas de cobertura de riesgos...), acompañada, en determinadas zonas, de los mayores riesgos físicos que acarrea el cambio climático.

Financiar resiliencia y adaptación corresponde tanto al sector privado (si planea bien su inversión) como al sector público, pero requiere una combinación mucho más inteligente de ambas. ¿Cómo reducir el riesgo para hacer atractiva la inversión?, ¿qué aspectos de interés general y de equidad deben ser priorizados por el presupuesto público? Son debates que se plantean ya en los bancos de desarrollo y en la industria del seguro, en los responsables de los presupuestos públicos y las políticas sectoriales. No tienen una respuesta única pero exigen atención inmediata, cada cual a su nivel.

P.- Usted participa activamente en los foros internacionales sobre el clima. ¿Qué herramientas son más efectivas para abordar los desafíos climáticos?

R- Las señales más importantes que pueden facilitar las instituciones públicas son las fiscales (incentivando y gravando correctamente beneficios y daños), las regulatorias en torno a la energía (marcando escenarios de salida de los hidrocarburos de la cesta energética... carbón de forma inmediata, y en la década de los 20, petróleo en la década de los 30 y gas en la de los 40), transparencia y entendimiento de riesgos financieros (facilitando así la inversión responsable), vigilancia y anticipación para poder identificar los riesgos y facilitar la adaptación temprana, y solidaridad, mucha solidaridad con quien, siendo vulnerable, siente este proceso como una gran amenaza.

Con respecto a las empresas y la sociedad creo que el mensaje de alerta es fundamental: se trata de un desafío para la sociedad y para cada uno de nosotros. Es imprescindible que cada uno analicemos con rigor e inteligencia la información de la que disponemos para hacer una evaluación del entorno en el que se desarrollará nuestra vida y nuestro negocio y favorezcamos la toma de decisión coherente y constructiva para hacer frente a la nueva realidad que tenemos delante. No hay desarrollo, ni crecimiento, ni beneficio en entornos de cambio climático intenso. No es posible un retorno al modelo tradicional de crecimiento; es simplemente inviable.

P.- Hablemos del sector del agua. ¿Cuáles son los efectos del calentamiento global más preocupantes sobre el ciclo del agua y qué medidas podrían atenuarlos?

R.- El agua es uno de los elementos críticos en escenarios de cambio climático, tanto por lo que afecta a la disponibilidad del recurso en sí mismo, en calidad y cantidad; como por la incidencia indirecta que ejerce en otros muchos aspectos: impactos en ecosistemas, en sistemas agrarios, en infraestructuras construidas...

Genera un efecto en cadena: físico y químico en primer lugar; en los ecosistemas a continuación y en las estructuras económicas y sociales inmediatamente después.

Todavía no sabemos bien cómo puede afectar el cambio climático al régimen de lluvias. ¿Lloverá menos o lloverá más? Sí sabemos que puede llover más o menos lo mismo en promedio pero repartido de forma distinta... lluvias torrenciales seguidas de grandes sequías, por ejemplo. Sabemos también que el incremento de la temperatura altera las variables de evaporación y de consumo. Sabemos que puede verse afectada la disponibilidad y la demanda y sabemos que pueden producirse tensiones en torno al acceso al agua o grandes catástrofes consecuencia de inundaciones o grandes tormentas. Por tanto, nos conviene entender, observar y anticipar; preparar las infraestructuras adecuadas para un uso eficiente, para resistir parámetros climáticos distintos, a veces extremos.

P.- Por último, ¿cómo ve su futuro profesional, quizá ligado a temas ambientales de nuevo en política?

R. - Me veo trabajando por el desarrollo sostenible. Hay muchos modos y sitios para trabajar en ello y donde estoy ahora es un espacio excelente.