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"Ante las inundaciones, es clave reconocer el problema, entenderlo y tener voluntad de resolverlo"

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Sobre la Entidad

IIAMA
El IIAMA-UPV se creó en 2001 para impulsar la investigación orientada a la transferencia de tecnología y colaboración con empresas y organismos públicos, promover la docencia y asesoramiento en temas de agua.
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Una inundación es una ocupación de agua en zonas que normalmente están libres de esta, ya sea por lluvias torrenciales, desbordamiento de ríos, subidas de mareas o fenómenos meteorológicos como huracanes o maremotos. El cambio climático agrava sus consecuencias, cambiando los patrones climáticos y ocasionando, en muchos casos, unas inundaciones mucho más frecuentes y torrenciales. Este fenómeno es, además, la catástrofe natural que más daños genera en España.

En iAgua queremos conocer más sobre inundaciones y cómo se gestionan en los diferentes escenarios, y por ello hemos contactado con expertos para que nos den su visión al respecto. Hoy hablamos con Félix Francés, profesor y especialista del IIAMA en materia de inundaciones.

Pregunta: ¿Cómo describiría la situación global que enfrentamos en el ámbito de las inundaciones?

Respuesta: Dentro de los desastres naturales, las inundaciones son los más frecuentes y los que afectan al mayor número de personas en todo el planeta, siendo los daños económicos y las víctimas producidas muy importantes. Esto provoca que en todos los países se tenga, en mayor o menor medida, una sensibilidad especial ante este fenómeno.

Personalmente, creo que la clave está en reconocer el problema, entenderlo y tener voluntad de resolverlo mediante la existencia de normativas específicas. Desde este punto de vista, nos tenemos que sentir privilegiados, ya que desde el año 2007 existe en Europa una Directiva Marco específica para la gestión del riesgo de inundación (Directiva 2007/60/CE), o en el caso de la Comunitat Valenciana, desde el año 2003 se está aplicando nuestro muy conocido y efectivo PATRICOVA.

Otro aspecto interesante de la situación global de las inundaciones lo encontramos si comparamos lo que ocurre en los países desarrollados y en el resto de países: en los primeros el impacto económico puede ser gigantesco, pero el número de víctimas es significativamente menor y asociado en muchos casos al arrastre de vehículos.

Por último, la realidad es que los daños producidos por las inundaciones se han incrementado históricamente de forma sostenida, a pesar de las inversiones que en todos los países desarrollados se han realizado para reducirlos. El motivo principal de esta paradoja es el incremento tanto de la vulnerabilidad de los bienes humanos como de su exposición, debido al mayor desarrollo económico (mayor valor) y al incremento de la población (mayor extensión). Para realmente revertir esta situación, tenemos que entender mejor lo que hay detrás del riesgo de inundación, explorar otras vías de actuación innovadoras (como pueden ser las basadas en la naturaleza), involucrar más a la población y siempre partir de un portfolio de soluciones posibles.

El punto de inflexión es reconocer el problema, entenderlo y tener voluntad de resolverlo

P.- ​¿Qué desafíos considera que enfrentan actualmente las grandes ciudades en relación a las inundaciones?

R.- En realidad todos los relacionados con las inundaciones, ya que la mayor parte de su impacto económico y social se concentra en los núcleos urbanos. En las ciudades las soluciones son más complejas por la falta de espacio, más aún si queremos que las actuaciones sobre los cauces se integren medioambientalmente y no supongan barreras para la ciudad. Es decir, tanto la estimación del riesgo (peligrosidad y vulnerabilidad) como las medidas para su reducción tienen que tener en cuenta especialmente las ciudades. Además, en mi experiencia, si se quiere que las actuaciones que se propongan en los PGRIs tengan aceptación y sean realmente operativas, es necesario involucrar desde el principio a las administraciones locales.

Por otra parte, hay que distinguir entre las inundaciones puramente urbanas, de las inundaciones externas a la ciudad. Las primeras son las que se producen por la lluvia que cae directamente sobre la ciudad, y hay que recordar que no son objeto de la Directiva Marco europea. En cambio, las segundas son producidas por el desbordamiento de ríos que cruzan o son cercanos a la ciudad y cuyas cuencas se encuentran aguas arriba de la misma.

Esta distinción es importante, ya que con los tipos de actuaciones para la reducción del riesgo no son iguales y con frecuencia se confunden. Por ejemplo, es muy recomendable la implantación de las técnicas asociadas a los SUDS (Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible) para la reducción de la peligrosidad de las inundaciones internas, pero su efectividad con inundaciones externas suele ser muy baja o despreciable.

P.- La magnitud y la potencia de las inundaciones parece estar aumentando en los últimos años, ¿cuál es el papel del cambio climático en este fenómeno?

R.- Lo que estamos percibiendo claramente es el incremento de los daños y de las noticias asociadas, es decir, el riesgo. Como he explicado anteriormente, el riesgo ha crecido históricamente y lo sigue haciendo debido fundamentalmente al incremento de la vulnerabilidad y la exposición, y no tanto debido a un incremento de la peligrosidad.

Los modelos climáticos son claros en todo el planeta en el incremento de temperatura generalizado y en los cambios en el régimen de las precipitaciones. Si nos centramos en la peligrosidad de las inundaciones y el cambio climático, lo que te dicen los expertos en modelación climática es que todo apunta a que la intensidad y la frecuencia de las lluvias extremas se incrementarán en el futuro en muchas partes del planeta. Sin embargo, desafortunadamente hoy por hoy la incertidumbre de los resultados de los modelos climáticos es en este aspecto muy elevada. Esto es debido a: i) la mayor incertidumbre en la predicción de la precipitación que en la temperatura; ii) la no existencia o disponibilidad de predicciones con discretización sub-diaria y; iii) la escasa longitud temporal de los resultados que podemos utilizar para estimar cuantiles de medio y alto período de retorno.

Por tanto, es exigible a los modeladores climáticos que tengan en cuenta las necesidades de los hidrólogos respecto de la precipitación y de sus extremos, que estimemos mejor las incertidumbres asociadas e incluirlas en el proceso de toma de decisiones.

Según los expertos en modelación climática, todo apunta a que la intensidad y la frecuencia de las lluvias extremas se incrementarán en el futuro en muchas partes del planeta

P.- La intervención humana en la naturaleza también tiene sus consecuencias negativas, ¿existe una relación entre la evolución urbanística y el incremento de las inundaciones?

R.- Casi los mismos estudios que hemos realizado de impacto del cambio climático, los hemos hecho sobre los cambios de usos del suelo, que por supuesto incluyen el incremento de la urbanización que ha tenido lugar en el pasado y que se producirá en el futuro. Está muy claro que los cambios de usos del suelo de una cuenca modifican su hidrología con carácter general.

En el caso de las crecidas, este efecto puede ser importante para los eventos menores que no tienen que generar necesariamente una inundación, pero se reduce conforme se incrementa la magnitud de la precipitación. Esto es debido a que cuanto mayor es la lluvia antecedente, la cuenca se encuentra más saturada en el momento de producción del pico de la crecida, por lo que hay menos diferencias en las abstracciones hidrológicas entre las superficies urbanas y las naturales o rurales.

Por supuesto que el crecimiento urbano influye en el crecimiento del riesgo, pero no tanto en el caso de la peligrosidad. Al final, en mi experiencia, el crecimiento urbano solo influye significativamente en la peligrosidad de las inundaciones catastróficas de la cuenca en la que se encuentra, en el caso de que ésta sea pequeña o que se trate de una mega-ciudad. En otras palabras, el efecto en la peligrosidad dependerá del porcentaje del cambio respecto de la superficie de la cuenca y la respuesta para un caso concreto sólo se puede dar con una modelación hidrológica adecuada.

P.- A menudo la prevención suele ser clave para evitar daños humanos y estructurales, ¿cómo puede prepararse España para una respuesta correcta ante una catástrofe natural de inundaciones?

R.- Si algo deja claro la Directiva Marco Europea (y dejamos claro en el PATRICOVA anteriormente), es que el objetivo es la reducción del riesgo en una zona de inundación. Para ello hay que “atacar” todos sus componentes (peligrosidad, vulnerabilidad y exposición) con todas las “herramientas” disponibles, y la prevención es sólo un subconjunto de ellas. Creo que desde este punto de vista lo mejor es visitar mi entrada blog en iAgua “Las inundaciones en España: ¿podemos hacer algo más?”.

P.- Los planes de gestión del riesgo de inundación (PGRIs) son una herramienta básica para la disminución de los daños que producen las inundaciones. ¿En qué sentido pueden las confederaciones hidrográficas prevenir o reducir el impacto ante las inundaciones?

R.- En Europa son la herramienta fundamental para la reducción del riesgo y han sido impuestos por la Directiva Marco. En realidad, la Directiva Marco establece tres etapas: evaluación preliminar del riesgo, elaboración de los estudios y cartografía de detalle para las zonas de mayor riesgo y los propios PGRIs. Para mejorar, actualizar y/o ampliar las tres etapas la Directiva Marco obliga a repetir este proceso cada 6 años y, de hecho, ahora estamos de pleno en el segundo ciclo.

En la transposición de la Directiva Marco, España adjudicó a los Organismos de Cuenca el protagonismo de este proceso. En general se están haciendo bien los estudios necesarios y el planteamiento de las actuaciones estructurales. Sin embargo, es claramente mejorable todo lo que tiene que ver con las actuaciones no estructurales para la disminución del riesgo. Entre ellas, cabría destacar: la mejora en los sistemas de predicción de las inundaciones en tiempo real, la coordinación con las autonomías y ayuntamientos en lo que respecta a sus competencias como son la gestión territorial y la adecuación de la edificación y, por último, la información y educación de la población afectada. Esperemos que en este segundo ciclo se mejoren estos aspectos, pero no es sólo una cuestión de voluntad y conocimiento, sino también de presupuesto.

Los daños producidos por las inundaciones se han incrementado históricamente de forma sostenida, a pesar de las inversiones que en todos los países desarrollados se han realizado para reducirlos

P.- Para acabar, ¿considera que se investiga lo suficiente en materia de inundaciones?

R.- El impacto social y económico de las inundaciones y la magnitud de las inversiones que con frecuencia se plantean para reducir su impacto, deberían traducirse en la máxima exigencia de calidad en los estudios y planes que se realicen y a una inversión en investigación muy superior a la actual.

Actualmente, dentro de mi grupo de investigación estoy dirigiendo tres tesis doctorales relacionadas con las inundaciones: estimación de la incertidumbre predictiva con nuevos modelos de error, evaluación del riesgo de arrastre de coches y colapso de puentes, y nuevas metodologías para la evaluación de la peligrosidad de inundación incluyendo el cambio climático. Mi financiación para estos temas es insuficiente y solo me es posible llevarlos adelante gracias a que dos de los doctorandos disponen de becas de su país de origen y el tercero, que trabaja en una ingeniería escocesa, le dejan tiempo suficiente para avanzar en la tesis.

La financiación en investigación es escasa, dispersa y con poco apoyo administrativo. Esto se traduce en una inestabilidad de los objetivos a largo plazo, en una menor eficiencia laboral y una dedicación excesiva de nuestro tiempo a tareas puramente administrativas. Sólo trabajando mucho más allá de las horas que marca la ley se pueden cumplir los objetivos docentes y de investigación con un mínimo de calidad.

Si queremos que las universidades de este país realicen una investigación de excelencia de forma generalizada, se necesitaría doblar su financiación en total, incrementar el presupuesto de los proyectos aprobados y reducir drásticamente el papeleo administrativo que tenemos que hacer los investigadores hoy en día.

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