A la espera del monzón de la vida

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    ©UN Photo John Isaac

Sobre la Entidad

Fundación We Are Water
La Fundación We Are Water tiene dos objetivos; La sensibilización y la realización de acciones destinadas a paliar los efectos negativos de la falta de agua.

En India, millones de campesinos esperan un verano lluvioso para sobrevivir. De junio a septiembre el país vive pendiente de un monzón más necesario que nunca después de la desastrosa sequía del pasado año. El mundo agrícola mira a India como un referente en la lucha contra una aridez que amenaza con devorar la vida de los más pobres.

© Carlos Garriga/ FWAW

Los agricultores indios miran el cielo esperanzados. La época del monzón, que se extiende de junio a septiembre, será decisiva para la subsistencia de los más 330 millones de campesinos (la mitad de la población de Europa) que se vieron afectados el pasado año con la peor sequía registrada en el país desde finales del siglo XIX. Según el India Meteorological Department (IMD), los monzones alcanzarán esta estación el 98% de la media, aunque algunas previsiones aseguran que la superarán. Son datos esperanzadores para una tierra sedienta, especialmente la del centro y sur del país, donde más que la cuantía, es la distribución de las precipitaciones el factor más decisivo para la subsistencia agrícola y ganadera.

Una presión insoportable para los campesinos

Desde hacía 140 años, India no vivía una sequía tan intensa como la de 2016. Lo peor ha sido que este mal año ha venido después un periodo de precipitaciones por debajo de la media que ha tenido efectos devastadores. Ha sido la causa de la ruina de muchos campesinos que, acuciados por las deudas, se han visto obligados a malvender sus tierras y emigrar a las grandes ciudades donde la mayoría han acabado hacinados en tugurios sin las mínimas condiciones para una vida digna.

Desde hacía 140 años, India no vivía una sequía tan intensa como la de 2016

Buena parte del dinero de créditos y préstamos lo destinaron a comprar un agua que ha sido insuficiente para paliar el daño en las cosechas y la inversión se ha malgastado. Muchos no han podido soportarlo y se han quitado la vida: en las últimas tres décadas, en todo el país, 300.000 campesinos se han suicidado al perderlo todo.

En India el área cultivable total es de aproximadamente 183 millones de hectáreas, más del 55 % de la superficie total del país. Estas tierras absorben el 91 % del agua total extraída en el país, muy por encima de la media mundial que es del 69%. Las zonas que más agua necesitan son las que tienen el clima subtropical seco y semiárido, las del centro, el sudeste y el noroeste. Allí la falta de precipitaciones se suma a la sobreexplotación de los acuíferos causando que la capa freática haya descendido hasta una profundidad de más de 26 metros de media, lejos del alcance de las bombas de que dispone la mayoría de los campesinos.

Daños irreversibles en muchos cultivos

El descenso de las precipitaciones del monzón de verano de 2016 ha oscilado entre el 14 y el 40 %. Esta última tasa se registró en el estado de Maharashtra, situado en el centro-oeste del país, creando una situación devastadora para los cultivos de arroz y mijo, que son los que más dependen de las lluvias del monzón, así como el del forraje para el ganado. El Gobierno del país ha reaccionado y está enviando ayuda a las zonas damnificadas, principalmente en forma de trenes cargados con millones de litros de agua.

Una de las zonas que muestran con mayor claridad la situación más dramática de los agricultores es la del distrito de Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, en el que el más de la mitad de su superficie está destinada a la agricultura y tan sólo un 14 % de los cultivos cuenta con algún tipo de sistema de riego. Anantapur es el segundo distrito en India que menos agua de lluvia recibe, 553 mm de media anual, y un 70 % de ésta se concentra en la temporada de los monzones.

© FVF

En Anantapur, la sequía de los últimos años ha causado estragos: el 40 % de los pozos de uso agrícola se han secado y los campesinos ven con impotencia como el nivel del agua subterránea desciende año tras año. Cada vez falta más agua y muchos daños en cultivos vitales son ya irreversibles. Es el caso del árbol del mango, que en muchas zonas del distrito ha sustituido al cacahuete. Ramamurthy, técnico de ecología de la Fundación Vicente Ferrer señala los estragos que la sequía ha causado en el pequeño pueblo de Buchaiahgaripalli: “La peor sequía en el último siglo ha matado a 10.000 de los 35.000 mangos de la aldea y el resto, aunque siguen vivos, llevan años sin dar frutos debido a la falta de agua”.

Un árbol de mango necesita 210 litros de agua tres veces al mes y la Fundación Vicente Ferrer está facilitando tanques de 5.000 litros de agua diarios para paliar la escasez tanto para el consumo humano como para la agricultura. Pero además es necesario reducir al máximo las pérdidas en los sistemas de riego; en este sentido, la adopción de técnicas de riego por goteo, como las que se desarrollan en los proyectos en los que la Fundación We Are Water colabora con la Fundación Vicente Ferrer, son un factor fundamental para aprovechar cada litro de agua.

Pero este aporte sigue sin ser suficiente para evitar una de las peores consecuencias de la ruina económica de esta terrible sequía: la migración a las ciudades, un proceso que acaba con la dignidad  de los campesinos que se ven abocados a vivir en tugurios, perdiendo sus raíces culturales y sufriendo las consecuencias de la falta de saneamiento, otro de los grandes problemas a los que se enfrenta India.

Agua y empoderamiento para los campesinos

© Fundación Vicente Ferrer

Es imprescindible actuar proporcionando infraestructuras para la recogida de agua y proporcionar a los campesinos técnicas y conocimientos que les permitan combatir la sequía. Sobre todo, si se cumplen las previsiones de los climatólogos que apuntan a que las necesitadas lluvias de verano irán a la baja y aumentarán su irregularidad en el futuro a causa del cambio climático.

© Fundación Vicente Ferrer

La Fundación We Are Water está desarrollando conjuntamente con la Fundación Vicente Ferrer varios proyectos que muestran algunos de los ejes que debe seguir la adaptación de la India rural a la incertidumbre de los monzones: la captación de agua de lluvia y la recuperación de los acuíferos mediante la construcción de infraestructuras adecuadas es fundamental para los agricultores y ganaderos, así como la reducción del consumo de agua y el aumento de la eficiencia de los cultivos mediante la adopción de sistemas de riego por goteo con bombas alimentadas por energía solar.

©Juan Alonso / FVF

No se puede vislumbrar la sostenibilidad de cualquier proyecto sin contar con estos factores clave. El mundo agrícola mira a India como un referente: su lucha contra la sequía aporta esperanza y dará soluciones a millones de campesinos que se debaten en la aridez.

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