Los suelos secos incrementan la probabilidad de tormentas

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(Cordis) El agua es el principal componente químico del organismo humano y supone cerca de un 60 % de su peso. Todos los sistemas del organismo dependen de ella, pues transporta los nutrientes hacia las células y se lleva las toxinas de las mismas. Sin ella la vida sería imposible.

La función del agua en la Tierra es similar, su ciclo global desempeña una labor fundamental en la circulación atmosférica planetaria, el control del ciclo energético (mediante el calor latente) y a través de los ciclos del carbono, los nutrientes y los sedimentos.

Ahora una investigación apunta a que allí donde los suelos están cuarteados es más probable que se produzcan tormentas vespertinas. El estudio recibió fondos del proyecto WATCH («Agua y cambio global»), financiado a su vez con 9,9 millones de euros mediante el área temática «Desarrollo sostenible, cambio planetario y ecosistemas» del Sexto Programa Marco (6PM) de la Unión Europea.

En el equipo de investigación participaron científicos de distintos países de la Unión Europea, como Francia, Países Bajos, Austria y Reino Unido, bajo la dirección del Dr. Chris Taylor, perteneciente al Centro de Ecología e Hidrología del Consejo Nacional de Investigación del Entorno Natural del Reino Unido (NERC). En su investigación, publicada en Nature, se estudiaron distintos procesos hidrológicos en en todos los continentes.

Los resultados obtenidos por el equipo de investigación influirán en gran medida en la mejora de los modelos climáticos y meteorológicos globales actuales, que posiblemente estén simulando en la actualidad una cantidad excesiva de sequías. Los científicos estudiaron imágenes de satélites meteorológicos capaces de registrar la formación de nubes de tormenta en todo el planeta. A continuación establecieron relaciones entre la ubicación de estos fenómenos tormentosos e imágenes que indicaban el grado de humedad del suelo. Los resultados fueron sorprendentes.

El Dr. Taylor los explicó en los siguientes términos: «Habíamos analizado tormentas en África y sabíamos que las nubes que portan lluvia solían acumularse en zonas en las que no había llovido en varios días. La sorpresa llegó al observar un patrón similar en otras regiones del planeta como en Estados Unidos o en la Europa continental. Esperábamos que en estos climas menos extremos, con más cubierta vegetal, el efecto de la humedad del suelo fuese demasiado leve como para poder detectarlo.»

Los investigadores compararon sus observaciones con seis modelos globales climáticos y meteorológicos utilizados para simular el cambio climático y descubrieron que los modelos climáticos actuales calculan el efecto contrario y predicen lluvias sobre suelos más húmedos. Esto implica que es más probable que los modelos vigentes indiquen un círculo vicioso en el que los suelos secos dan lugar a menos lluvias y por tanto una mayor sequía y así sucesivamente. El artículo concluye que la solución de este problema debería ser una prioridad para los científicos dedicados a los modelos climáticos.

El Dr. Taylor añadió: «Tanto el calor como la humedad son dos componentes básicos que dan lugar a la acumulación de nubes de lluvia por la tarde. En un día soleado el suelo calienta el aire y crea una columna térmica que se eleva varios kilómetros en la atmósfera. Si el suelo está seco estas columnas son más intensas. Nuestra investigación muestra que este fenómeno aumenta la probabilidad de que se produzcan precipitaciones.»

La Dra. Françoise Guichard del CNRM-GAME (CNRS y Meteo-France) incidió sobre la necesidad de «mejorar los modelos climáticos para comprender mejor la influencia del cambio climático global a escalas regionales menores sobre la superficie terrestre».

El proyecto WATCH reunió a expertos en hidrología, recursos hídricos y climatología para analizar, medir y predecir los componentes de los ciclos del agua globales actuales y futuros y el estado de los recursos hídricos relacionados. Además se evaluaron las incertidumbres existentes y se aclararon distintos aspectos sobre la vulnerabilidad de los recursos hídricos globales en relación a los principales sectores económicos y colectivos sociales.

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