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Demoliendo presas

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Al contemplar estos colosos de tierra u hormigón, podemos tener la impresión de que van a estar allí siempre, pero nada más lejos de la realidad.

Todas las infraestructuras envejecen, y tarde o temprano, se quedarán obsoletas. Es el momento de pensar que hacer con ellas; modificarlas o reconvertirlas son algunas opciones, pero en muchos casos simplemente habrá que demolerlas.

Este momento siempre ha parecido lejano, no obstante, la mayoría de las grandes presas se han construido hace relativamente poco, en el siglo XX. Pero estamos ya en el siglo XXI, pasan los años, y los periodos de concesión que tienen muchas de ellas caducan (pueden llegar a los 60-80 años). Esto, unido a la mejora en las políticas de protección del medio ambiente y los avances en materia energética (en especial solar y eólica) pueden “jubilar” algunas de estas infraestructuras antes de lo que preveíamos.

Y no es algo que vaya a ocurrir, es algo que está ocurriendo, y que cada vez ocurrirá con más frecuencia.

Cuando construíamos presas

Aunque es difícil de determinar, parece que fueron los antiguos egipcios, alrededor del año 2770 a. C., los que construyeron la primera presa de la que se tiene constancia histórica. Fue llamada Sad El-Kafara, que en árabe significa “presa de los paganos”.

Desde entonces, hemos construido multitud de presas con diferentes fines, pero la mayoría no han aguantado el paso del tiempo.

Curiosamente, en España tenemos la presa en funcionamiento más antigua del mundo, la presa de Proserpina, en Mérida, que data del año 130 d.C.


Muro escalonado de la presa romana de Proserpina, Mérida.   Fuente.

Pero que una presa funcione durante tanto tiempo es un caso muy raro. Del primer milenio apenas nos quedan 11 presas en pie y funcionando (la mayoría en Japón).

Es en el siglo XX es donde empezamos a construir gran cantidad de presas en todo el mundo, a raíz de dos factores principales: el desarrollo de las técnicas de construcción, y la necesidad de abastecer de energía y agua a una población cada vez mayor.

Se da el pistoletazo de salida a las grandes presas modernas con la presa baja de Asuán, construida por los Británicos en Egipto a principios del siglo XX. Curiosamente, esta presa quedó obsoleta (más bien ya nació así, porque se desbordaba periódicamente) y sus funciones fueron reemplazadas por la archiconocida presa alta de Asuán, cuya fascinante historia ya contamos en este artículo: La presa de Asuán, primera parte: una infraestructura faraónica.


Presa baja de Asuán, al fondo.

Como ejemplo y muestra del auge y la caída de la construcción de presas en los países desarrollados, tenemos a España, noveno país con más grandes presas construidas, con un total de 1063, según la comisión internacional de grandes presas ICOLD.

Como vemos, el boom de las presas se dio sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, desde el 1950 hasta el 2000. Eso quiere decir que 270 grandes presas se construyeron hace más de 70 años, y en 10 años serán 161 más (y así sucesivamente).

Esta cronología es muy parecida a la de otros países desarrollados, por lo que estas circunstancias se están dando en todo el mundo.

¿Por qué una presa puede quedar obsoleta?

Con el mantenimiento adecuado, una presa bien construida puede durar estructuralmente en buen estado muchísimos años. Pero no es sólo ese aspecto el importante.

Una presa, por muy bien diseñada que esté, tiene un impacto medioambiental brutal. Interrumpimos el ciclo natural de un río afectando irremediablemente y en profundidad al entorno natural.

A la hora de construirla, ponemos en una balanza los pros y los contras de la obra, y si ganan los pros: energía, agua para el riego, para abastecimiento, control de avenidas, lugares de recreo, etc.; la construimos.

Pero los pesos de la balanza pueden cambiar, y de hecho cambian irremediablemente con el paso del tiempo.

Para empezar, la componente medioambiental no pesaba tanto como ahora (incluso ni se tenía en cuenta). Por otro lado, hay ocasiones en que los beneficios estaban mal calculados, y ni se almacenaba tanto como decían, o no se produjo tanta electricidad como prometían.

En determinados casos, otras infraestructuras de la zona han suplido en buena medida sus funciones, haciéndolas poco útiles o innecesarias.

Y el desarrollo tecnológico, especialmente el energético, puede hacer que centrales hidroeléctricas, en especial las pequeñas, puedan suplirse con menor impacto y menor coste, por alternativas más sostenibles como la solar o la eólica.

Si esta balanza se desequilibra hacia el otro lado, es hora de hacer algo.

¿Qué podemos hacer?

Podríamos dividir las posibles acciones en 4:

  • Cambio de las normas de explotación. Un posible impacto medioambiental proviene del poco flujo de agua que libera la presa, que no permite a la fauna, en especial a los peces, tener un hábitat adecuado. Algunas presas reducirían su impacto con un simple cambio de las normas de explotación y una mejor regulación de sus caudales.
  • Modificación. En otros casos, pequeños cambios en la infraestructura, como la construcción de escaleras para peces, especialmente útiles en ríos con salmón o trucha, pueden reducir mucho su impacto.

Escalera de peces de Geesthacht, Alemania.

  • Desmantelamiento parcial. Modificando parte de la estructura, podemos cambiar la función de la presa, pero seguir manteniéndola. Como por ejemplo convertir una pequeña central hidroeléctrica, en una presa de laminación, que deje pasar toda el agua que le llega con caudales bajos, pero retenga los caudales más altos para evitar inundaciones aguas abajo.
  • Demolición. Y en otros casos lo mejor es eliminar completamente esa estructura y dejar que el río se vuelva a comportar de forma natural.

Demolición de la presa de Saint Etienne du Vigan.

Proyectos en Estados Unidos

En el mundo existen muchos de estos proyectos, aunque quizá el más conocido, sobre todo por la espectacularidad de las imágenes, es el del río Elwha, en el estado de Washington, EEUU.

En ese proyecto, el mayor de estados unidos hasta la fecha, se demolieron dos presas hidroeléctricas, la presa de Elwha, muy cerca de la desembocadura, y la presa de Glines Canyon, dentro del Olympic National Park.


Antes y después de la demolición de Glines Canyon. Fuente: Nacional Parck Services, USA.

Es sorprendente como puede demolerse una presa de estas características, sin poder hacer un desvío de agua para trabajar en seco.

En esta página de National Geographic hablan sobre el proyecto del renaturalización del río Elwha, e incluyen un espectacular timelapse de su demolición.


Capturas del timelapse de la demolición de la presa de Glines Canyon. Fuente.

Estas presas impedían el paso histórico para desovar de los salmones y una escalera para peces era inviable.

La función de estas presas era la producción hidroeléctrica, pero su capacidad era relativamente baja, igual a la de 3 turbinas de energía eólica, así que se decidió que sus beneficios no compensaban su impacto ambiental, y se demolieron.

Sobre la demolición de presas (centrado en los casos de estados unidos), se realizó en 2014 un documental, DamNation, que habla de estos movimientos que exigen la demolición de algunas presas concretas.

Podéis consultar todas las presas demolidas en EEUU desde 1912 en este enlace.

Proyectos en Europa

En Europa existen movimientos cuya finalidad es registrar todas las barreras presentes en los ríos para poder detectar presas, diques u otros obstáculos, que hayan quedado obsoletos o inútiles, para se eliminen y dejen fluir naturalmente a los ríos. Es el caso de Dam Removal Europe.


Mapa de barreras en los ríos en Europa. Fuente: Dam Removal Europe.

También se registran los casos de presas demolidas y en proceso de demolición de Francia, Suecia, Finlandia, España y Reino Unido. Hasta la fecha se han demolido 4.800 presas sólo en estos 5 países.


Mapa de presas demolidas en Europa. Fuente: Dam Removal Europe.

El río Sélune, Francia

Uno de los proyectos más importantes en la actualidad es la restauración ecológica del río Sélune (Normandía, Francia). Para ello se van a demoler dos presas, Vezins y Roche-Qui-Boi, de 36 y 16 metros de altura respectivamente.


Presa de Vezins, río Sélune, Francia. Iwan Hoving – WFMF

En 2012 la concesión para la generación de energía hidroeléctrica de las presas caducó, y el gobierno francés decidió demolerlas. De los 80 km del río, el 25% estaba sumergido por los embalses, y la comunicación piscícola era imposible.

Este proyecto es muy interesante ya que, aunque no es el primero en realizarse, si es el primero que va a monitorizarse en Francia para poder realizar estudios científicos sobre su impacto.


Estado de demolición a 26 de agosto de 2019. Neil-Grant-ERN.

España

En España hay registradas 205 presas demolidas, azudes en su mayoría.

Entre los casos más notables, podemos destacar la presa de Retuerta, en Ávila, la de Robledo de Chavela, en Madrid, la de La Gotera en León e Inturia, en Guipúzcoa.

¿Cuáles serán las siguientes?

Cada caso particular debe ser muy bien estudiado, se deben analizar y tener en cuenta muchas variables para llegar a la conclusión de que una presa está obsoleta y habría que modificarla o incluso demolerla. Y luego tiene que haber la voluntad por parte de las administraciones de hacerlo, si así lo consideran oportuno.

En España, la Organización No Gubernamental WWF, publicó en 2009 el estudio “Liberando ríos. Propuestas de WWF para el desmantelamiento de presas en España”.

En este estudio se destacan y analizan lo que consideran como las 20 demoliciones prioritarias.

En la lista hay desde un Azud de 3 metros, hasta las presas de El Portillo y S. Clemente, en el río Guadalquivir, de 83 y 84 metros respectivamente. Cada una con las razones por las que consideran que deberían demolerse.

Conclusión

Las presas son unas infraestructuras que han permitido y seguirán permitiendo el desarrollo de nuestra sociedad. Ya sea para conseguir energía renovable, abastecer nuestras ciudades y campos, y evitar muertes y pérdidas económicas por las inundaciones, son imprescindibles en nuestro mundo moderno.

Pero también es verdad que estamos cada vez más concienciados de que el buen estado medioambiental del territorio es algo que debemos valorar y proteger.

Intentar conciliar lo máximo posible ambos aspectos es el reto, y nuestro deber, no dejar de perseguirlo.

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