La presa de Asuán, segunda parte: salvando la historia

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En la primera parte de este artículo, La presa de Asuán, primera parte: una infraestructura faraónica, repasamos los momentos convulsos que precedieron a su construcción y conocimos en profundidad esta impresionante presa.

En esta segunda parte nos centraremos en las consecuencias de inundar 5.248 km2 de un territorio milenario con una historia que se remonta 5.000 años atrás.

Un pueblo desahuciado

En concreto, más de 50.000 Nubios (pueblo que habita esa región, al sur de Egipto y norte de Sudán), tuvieron que ser reubicados.


Dos niños en un pueblo de reasentamiento nubio. Foto: Hidrología Sostenible.

Aunque las heridas del traslado aún se sienten entre el pueblo nubio, especialmente entre las personas de más edad, a estas personas se les pudo trasladar y dar nuevas tierras, pero no era lo único que corría peligro con la construcción de la presa.

Un legado mundial, en peligro

En cuanto se conocieron los primeros detalles de la obra, egiptólogos de medio mundo empezaron a dar la voz de alarma sobre el peligro que corrían algunos de los monumentos más antiguos del mundo. Quedarían irremediablemente sumergidos bajo las aguas.

Así que, paralelamente a la construcción de la obra, se comenzó otra empresa colosal, salvar todos los monumentos que se pudieran. Y no sólo de los que ya se conocían, sino que hubo equipos buscando nuevos monumentos (y encontrando). Al fin y al cabo, la mayor parte de los monumentos y tesoros del antiguo Egipto, aún están por descubrir.

Pero ¿cómo se hace eso? No estamos hablando de unos cuadros o unas cuantas estatuas, hablamos de templos enteros de una escala faraónica, nunca mejor dicho.

Propuestas hubo de todos los colores. Incluso se valoró seriamente construir una presa alrededor de los templos más grandes para protegerlos del agua. Pero se tuvo que descartar porque técnicamente resultaba muy complejo.

¿Cuál fue la alternativa? Cortarlos en trozos de no más de 30 toneladas y volverlos a colocar fuera del alcance de las aguas. Así de “simple”.

Y no sólo tenían que mover los templos. En el caso de los de Abu Simbel, construidos dentro de una montaña, decidieron trasladar también la montaña.

El coste fue de 36 millones de dólares de la época. El grueso del dinero se fue principalmente en los tres conjuntos de templos más grandes: Kalabsha, Philae y Abu Simbel.

Kalabsha

Este templo, situado originalmente a 50 km de la actual presa, fue trasladado a un islote a pocos metros de la misma. Construido en el 30 a.C., durante la época de dominio romano, nunca fue terminado.

Templos de Philae

Este conjunto de templos debe su nombre a la isla en la que se situaba, la isla de Philae, File o Filé. Esta isla quedó parcialmente sumergida, y sus templos dañados, con la construcción de la Presa Baja. Quedó casi totalmente sumergida con la construcción de la Presa Alta.


Los templos de Philae, en su ubicación actual. Foto: Hidrología Sostenible

Los templos fueron trasladados a la isla de Agilkia, rebautizada como Philae, que es unos metros más alta. En el complejo hay más de 10 edificaciones distintas, y estaban dedicados a la diosa Isis.

Abu Simbel

Se trata de un conjunto de dos fastuosos templos que el faraón Ramsés II construyó en su propio honor y en el de su esposa Nefertari.


Abu Simbel (Templo de Ramsés II), en su ubicación actual. Foto: Hidrología Sostenible

El conjunto de templos se trasladó muy cerca de su posición original, sólo 200 metros en horizontal y 60 en vertical, lo mínimo imprescindible para ponerlo a salvo del agua.

Es sin duda el símbolo del esfuerzo internacional para la conservación del legado egipcio. Lo que en su construcción requirió del trabajo de 30.000 obreros durante treinta años, había que cortarlo, etiquetarlo, trasladarlo, almacenarlo (ya que lo primero que se quita lo último en colocarse) y reconstruirlo. Y todo a contrarreloj, entre 1964 y 1968.

Pero no sólo había que trasladar el templo en si. Ramsés había construido los templos en el interior de una montaña, por lo que la montaña debía trasladarse con ellos.

Para reducir el trabajo y que técnicamente fuera más segura la reconstrucción, se contruyeron en la nueva ubicación cúpulas de hormigón armado, que serviría de esqueleto a la montaña, aligerándola y protegiendo mejor el templo del agua y los desprendimientos. En el caso del templo de Ramsés II, la cúpula era de 25 metros de alto y 60 metros de ancho.


Cúpula del templo de Ramsés II en Abu Simbel.  

Ayuda internacional

En total hubo propuestas para mover 23 templos, pero sólo se pudieron mover los más importantes y los más pequeños. Aún hoy en día hay templos sumergidos hasta que la técnica y la voluntad humana hagan posible rescatarlos.

Todo esto obviamente no se pudo hacer sin la colaboración de muchos países, tanto financiera como técnicamente. En total 52 países colaboraron de una u otra manera.

En compensación por la ayuda (o por cuestiones históricas y territoriales como el caso de Sudán) se donaron monumentos a distintos países que fueron trasladados y expuestos.

En España recibimos el Templo de Debod, que se instaló en Madrid, muy cerca del Palacio de Oriente. Por si quieres ver un pequeño trozo de Egipto aquí cerca.

Pero si tienes la oportunidad, no dejes de visitar Egipto. Todo lo que hayas podido ver y leer, se queda corto.

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