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Rosa Sáenz: "Desde el trabajo que hacemos en Nicaragua esperamos inspirar a otras mujeres"

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Sobre la Entidad

ONGAWA
ONG de Desarrollo cuya misión es poner la tecnología al servicio del desarrollo humano, para construir una sociedad más justa y solidaria.

Rosa Sáenz, representante de ONGAWA en Nicaragua, se suma a la iniciativa 'Mujeres y Agua' compartiendo su valiosa experiencia en proyectos de agua y saneamiento en el país centroamericano.

Pregunta - En primer lugar, nos gustaría conocer en detalle su trayectoria profesional hasta el puesto que ocupa actualmente.

Respuesta - Soy Licenciada en Administración de Empresas, con maestría en Administración y Dirección de empresas, y postgrado en Género y Desarrollo Económico. Inicié mi vida profesional en el sector privado, primero en el área de crédito agrícola, como gestora de crédito, y más tarde como vicegerente de una empresa pequeña exportadora de café, y de ahí me incorporé al sector de cooperación donde llevo ya 20 años.

Mi trabajo con ONGAWA se centra en la línea de agua y saneamiento con Enfoque de Derechos Humanos, principalmente en zonas rurales del país

Durante estos años trabajando en cooperación, he desempeñado funciones de técnica y coordinadora de proyectos y programas en diversas organizaciones. Desde hace ocho años soy Coordinadora de País en Nicaragua de ONGAWA. A lo largo de todos estos años he tenido la oportunidad de trabajar en diferentes líneas: medios de vida sostenibles, fortalecimiento de capacidades de organizaciones locales, desarrollo económico con énfasis en empoderamiento económico de las mujeres… Mi trabajo con ONGAWA se centra en la línea de agua y saneamiento con Enfoque de Derechos Humanos, principalmente en zonas rurales del país.

P. - En el sector del agua persiste una importante brecha de género. ¿A qué cree que se debe este problema?

R. - Se dice que el agua es un asunto de mujeres, que es una necesidad práctica de éstas, pero cuando se hace un análisis de los roles y responsabilidades de hombres y mujeres en la gestión comunitaria del agua, por ejemplo en las zonas rurales de Nicaragua, se identifican importantes desigualdades en el trabajo para conseguir llevar el agua, en la participación en estructuras comunitarias que gestionan y toman decisiones sobre el recurso.

ONGAWA en coordinación con otros actores nacionales y españoles en Nicaragua, ha realizado un esfuerzo importante por identificar estas brechas. La primera brecha es el resultado de la división sexual del trabajo, en la que básicamente se excluye a las mujeres de las tareas más valoradas en términos económicos y sociales.

En la vida profesional toca estar en diferentes espacios donde no siempre habrá equidad de género en las relaciones de poder

La segunda brecha que se identifica es en el ámbito de participación en espacios de poder. Por ejemplo, las mujeres participan en menor proporción que los hombres en las estructuras comunitarias que gestionan el agua, y lo hacen con poco poder de toma de decisión. Y una tercera brecha está vinculada a las pautas culturales: es socialmente aceptado que cuando el acceso al agua se consigue por medios precarios es asunto de mujeres, pero la construcción de un sistema comunitario y su gestión es tareas de hombres.

Hay diferentes factores que inciden en este reparto de responsabilidades en torno al agua: la asignación de tareas por sexo, la titularidad de la vivienda, que en la mayoría de los casos favorece a los hombres, la participación laboral femenina, reducida al ámbito doméstico con largas jornadas y sin remuneración, lo que limita su participación en espacios públicos, y la exclusión en la toma de decisión en lo relativo al sistema de agua. Otro factor importante es la falta de acceso a educación, que en muchos casos no es una cuestión de no tener la oportunidad de contar con un centro de estudio, sino de que se niega a las niñas la posibilidad de asistir, porque se valora que para la asignaciones de roles por ser mujer, no lo necesitarán.

P. - ¿Cuenta ONGAWA con programas y/o herramientas que fomenten la igualdad y se encaminen a cerrar dicha brecha?

R. - El haber identificado las brechas de género en la gestión comunitaria del agua nos ha permitido definir con mayor claridad y asertividad las acciones para la disminución de las mismas. Por tanto desde el momento de la identificación, en el diseño y la ejecución del proyecto se valoran todas estas brechas y se definen acciones, ya sea de forma transversal o específicas, que contribuyan la reducción de las mimas.

Un gran desafío es lograr que hombres y mujeres compartan tanto las tareas domésticas como el control sobre los recursos

En ONGAWA hemos desarrollado estrategias que implican: formación de nuestros equipos de apoyo como facilitadores con enfoque de género, formación de capacidades de las mujeres para que estas asuman de forma efectiva las funciones en las estructuras comunitarias a las que pertenecen, esto a través de talleres y escuelas de liderazgo, visibilizando y poniendo en valor la aportación de las mujeres en la gestión comunitaria del agua, tanto por su trabajo en las estructuras comunitarias como a través de las tareas que realiza en el ámbito doméstico, y finalmente educando en nuevas masculinidades a los hombres que están en las estructuras comunitarias vinculadas a la gestión del agua.

P. - ¿Qué otras medidas serían, en su opinión, efectivas para alcanzar la paridad en el sector del agua?

R. - Es importante que los programas de educación de las nuevas generaciones hagan un esfuerzo por formar hombres y mujeres dentro de una cultura de equidad de género, para no tener luego que invertir recursos y esfuerzos en la desconstrucción de estereotipos y pautas culturales que promueven la inequidad de género. Deconstruir ideas y creencias muy arraigadas es más difícil y lleva más tiempo que construir nuevas formas de convivencias en equidad entre hombres y mujeres.

Otro aspecto al que también hemos estado aportando pero que sin duda requiere más atención, es el desarrollo de capacidades de los gobiernos locales para que incorporen el enfoque de equidad de género en los diferentes proyectos que se ejecutan. Esto pasa primero por la voluntad política y la asignación de recursos de los gobiernos locales para que se haga efectiva la aplicación del enfoque.

Es un reto trabajar para que se identifique y reconozca la violencia de género como un factor que está limitando la participación de las mujeres en la gestión comunitaria del agua

P. - Hablando en primera persona, ¿qué dificultades ha enfrentado a lo largo de su carrera por el hecho de ser mujer?

R. - Es una tarea difícil y constante, nunca termina porque en la vida profesional toca estar en diferentes espacios donde no siempre habrá equidad de género en las relaciones de poder. Para ocupar un puesto de trabajo que culturalmente está aceptado que es de hombres y no de mujeres, nos toca transgredir, y como es de esperar esto trae consigo sufrimiento, sacrificio, enojos, tener que estar demostrando que sí podemos… Pero tengo que reconocerlo: también siento mucha satisfacción porque desde el trabajo que hacemos esperamos inspirar a otras mujeres, además tenemos la oportunidad de poder incidir con ideas y acciones que cambien la situación de otras mujeres, especialmente las que habitan en zonas rurales.

P. - ¿Qué otros desafíos cree que es prioritario abordar en el sector?

R. - Hay un desafío que no solo está vinculado con el sector de agua, sino con todo el desarrollo económico y social, y es el de lograr que hombres y mujeres compartan tanto las tareas domésticas como el control sobre los recursos. Si no se da esta corresponsabilidad en lo doméstico, la participación de las mujeres en las esferas públicas de toma de decisión seguirá limitada o implicará dobles jornadas de trabajo para ellas, que terminan abandonando el espacio y por ende dejan de incidir en el desarrollo del bienestar de la familia y la comunidad. En el corto plazo, en el sector nos deberíamos plantear como meta, el lograr que se asuma que la decisiones sobre la gestión del agua comunitaria, debe de estar con prioridad en manos de quienes utilizan el agua como insumo de su trabajo cotidiano, si logramos esto habremos dado un gran paso hacia el gran desafío planteado anteriormente.

Otro reto es trabajar para que se identifique y reconozca la violencia de género, como un factor que está limitando la participación de las mujeres en la gestión comunitaria del agua. En el sector de agua, el tema de violencia contra las mujeres se ha visto como un hecho aislado que no incide o no nos toca abordar, pero si el objetivo es la equidad de género, estamos llamados para analizar el cómo abordar la problemática de violencia de género desde la gestión comunitaria del agua.

P. - En contraposición, ¿cuáles cree que son los mayores logros alcanzados en el sector?

R. - Haber identificado las brechas de género y los momentos precisos del ciclo de un proyecto de agua y saneamiento en los que se debe de fomentar la participación de las mujeres ha permitido mejorar las estrategias de intervención.

Estamos llamados para analizar el cómo abordar la problemática de violencia de género desde la gestión comunitaria del agua

Se ha mejorado la participación de las mujeres en las estructuras comunitarias y para garantizar que una a participación activa de las mismas, se ha diseñado e implementado una escuela de lideresas de mujeres, que ha venido a fortalecer sus capacidades para asumir funciones en los órganos de gestión del agua.

Se dispone de cartillas metodológicas que facilitan la reflexión en talleres con mujeres, hombres y mixtos, sobre la desigualdad de género.

El ejercicio de incorporación del enfoque de equidad de género en la gestión comunitaria del agua ha facilitado la implementación del enfoque en las otras líneas de trabajo de la organización.

La divulgación de los aprendizajes en el abordaje de la incorporación del enfoque de equidad de género con otros actores, ha permitido que otras organizaciones incorporen mejoras en las estrategias de intervención.

Las alianzas con otras organizaciones españolas y nicaragüense han sido importantes para conocer buenas prácticas e enriquecer las estrategias de intervención para el abordaje del enfoque de equidad de género en la gestión comunitaria del agua. 

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