Cuando la tierra vuelve a brotar

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En 2012, las inundaciones que se produjeron en el departamento de Loreto, en Perú, una región que ocupa parte de la Amazonía peruana, dejaron a más de 14.000 familias sin sustento. Perdieron sus cultivos, sus semillas para la próxima siembra, sus casas, se vieron obligados a vivir literalmente dentro del río, con el agua hasta la cintura durante semanas, meses, en algunos casos.

En aquel momento, era necesario reactivar lo antes posible los medios de vida, enfatizar en intervenciones que promovieran comunidades saludables en comunidades que no estuvieran recibiendo ayuda, las que fueran las más vulnerables, y que a su vez tuvieran capacidades para reforzar y prevenir riesgos futuros, promoviendo sistemas eficientes de almacenamiento de semillas y una mejor productividad de las cosechas.

Cruz Roja Peruana, con la colaboración de Cruz Roja Española y fondos provenientes de donaciones de ciudadanos europeos, canalizados a través de ECHO (Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea), han llevado a 46 de estas comunidades un proyecto que tenía como fin mantener su medio de vida, un medio de vida que las propias comunidades defienden y solamente quieren mantener y mejorar.

Hemos apoyado la recuperación de los cultivos con capacitación y distribución de semillas, mejorado la salud de sus familias y su resiliencia. Esta buena gente que vive en la orilla de los ríos Marañón y Amazonas nos cuenta a través de sus testimonios, qué pasó con la “creciente” del 2012 y qué repercusión ha tenido la ayuda que han recibido en sus vidas. El hilo conductor de todas estas historias amazónicas es, el Río.

Pesca y agricultura, “donde nace el Amazonas”

Amanece en el río Amazonas desde un mirador que se asoma a los ríos Ucayali y Marañón, padres del Río. Nos aproximamos a la localidad de Grau. Hemos llegado al despuntar el sol, ganándole la carrera a los rayos que ya asoman. Queríamos sorprenderle con nuestras cámaras y, después de un pequeño despiste en la todavía oscuridad, hemos conseguido llegar a tiempo al mirador de Grau, desde donde se ve ese parto inconmensurable de agua, que es el nacimiento del Amazonas.

La lancha nos lleva hacia algún lugar del río, allí, un pescador va a buscar lo que ha atrapado su trampa ese día. Ese pescador es Milton Pisco, quien ha pescado unos cuatro peces hoy. No es mucho, por eso Milton también es agricultor y recoge una tonelada de arroz cada año en el terreno que tiene a la orilla del Amazonas, con esto tiene para comer y para vender: “En tiempo de creciente sufrimos de muchas tormentas, la de anoche, me sacó de mi cama. Mejor que haya lluvia mansa, que no viento, que rompe las plantas. La inundación del año pasado fue enorme, todo afectó a nuestros viveros, afectó a toda nuestra vida”, nos comenta Milton mientras arrastra su red.

 “Nos han dado mucho arroz, y de calidad, no tenemos desconfianza. Aprendimos mucho de los talleres, ahora estamos mejor, tengo mi semilla embotellada y bien almacenada. Antes no sabíamos ni cómo tratar el agua y cuando viene la creciente, no tener letrina es un peligro para la salud”.

En Grau, donde nace el Amazonas, la crecida de 2012 dejó los mayores destrozos que se recuerdan en muchos años

Se escuchan los sonidos de la selva y del río: grillos, chicharras, aves increíbles solo vistas por los afortunados que se han adentrado en esta selva de ensueño pero también infernal. Una comunidad despierta, se enciende una radio, una voz nos trae consejos sobre salud: “vecina, mi hijo ya no se enferma”. Esto es ya es un gran logro, teniendo en cuenta de que estamos en comunidades en las que no hay agua corriente ni tendido eléctrico. En Grau, donde nace el Amazonas, la crecida de 2012 dejó los mayores destrozos que se recuerdan en muchos años. Maruja Ríos, ama de casa y esposa de Milton, nos comenta, mientras prepara el pescado del día, que “lo mejor han sido la salud, y las semillas, y sobre todo, saber cómo cuidarlas. El proyecto de Cruz Roja es un buen proyecto, y yo siempre estoy pendiente de las semillas, pero necesitamos más semillas de arroz, de maíz. Si se pone conservante, el maíz se malogra, ese maíz debe estar seco. El arroz tiene que ser soleado. Nos han dado mucho arroz, y de calidad, no tenemos desconfianza. Aprendimos mucho de los talleres, ahora estamos mejor, tengo mi semilla embotellada y bien almacenada. Antes no sabíamos ni cómo tratar el agua y cuando viene la creciente, no tener letrina es un peligro para la salud”.

Luis López Cubas, secretario técnico de INDECI (Instituto de Defensa Civil de Perú) es la voz institucional que confirma la dureza de las inundaciones de 2012 y la coordinación que hubo entre las instituciones para ayudar a las comunidades afectadas por las inundaciones: “El año pasado hubo unas inundaciones inusuales, porque fueron más altas, hubo más daños porque no había previsión, y por tanto, no había capacidad de respuesta. Hicimos traslados, el agua arrasó colegios, hubo tres comunidades desaparecidas. Tardamos cuatro meses en volver a la normalidad. Gracias a la Cruz Roja hemos podido apoyarles después de la inundación, hemos podido apoyar a las comunidades con las semillas ya que ellos no cuentan con capacidad para adquirirlas. Las semillas han sido certificadas, y eso ha hecho que se haya guardado una parte para siembra”.

La inundación nos dejó como si no fuéramos agricultores

Evenezer Mariño, apu -alcalde- de San Martín, comunidad situada a unas tres horas de Grau, río arriba en bote, es un verdadero agricultor que dice trabajar de forma empírica y tiene enorme ilusión por avanzar en métodos y cuidados innovadores de los cultivos. Evenezer ha estudiado las cartillas de Cruz Roja y está contento con los resultados de su experimentación, ya que ha conseguido una producción de unas dos toneladas de arroz.

Con 25 kg de semillas es capaz de producir tonelada y media, y con una botella de plástico llena de semillas, hasta una hectárea. Por eso es muy importante guardar bien las semillas, con conocimientos técnicos adecuados: “La herramientas nos han sido muy útiles. Nosotros trabajamos empíricamente, siguiendo los pasos de la cartilla de Cruz Roja, y así es como vamos a producir mucho. Estamos en una nueva era, vamos cambiando técnicas y vamos mejorando nuestro trabajo y nuestra producción. Nosotros estamos previniendo, guardamos las semillas, guardamos para nuestro alimento. El año pasado casi nadie salvó las semillas. Si pasa otra vez, es mejor prevenir, necesitamos reforzar. Gracias a lo que aprendemos estamos cambiando”.

 “Estamos en una nueva era, vamos cambiando técnicas y vamos mejorando nuestro trabajo y nuestra producción. Nosotros estamos previniendo, guardamos las semillas, guardamos para nuestro alimento. El año pasado casi nadie salvó las semillas. Si pasa otra vez, es mejor prevenir, necesitamos reforzar. Gracias a lo que aprendemos estamos cambiando”.

A veces nos empeñamos en cambiar las vidas de las personas, pensando que lo que necesitan es vivir como los demás, sin embargo, a Evenezer le gusta estar aquí : “A mí me gusta vivir aquí, me gusta el campo las plantas. Yo no me quiero ir de aquí”.

Las inundaciones anuales ayudan a mejorar los suelos, con unos nutrientes exquisitos que hacen fértil a una tierra en la que el arroz, el maíz, los frijoles y todo lo que se cultiva es orgánico. Aquí no se utilizan fertilizantes, solamente herbicidas para el control de la maleza. La naturaleza, unida al modo de cultivo y a la calidad de las semillas, está dando cosechas aceptables.

El Río marca de nuevo nuestra ruta y nos lleva a conocer a otras familias de la Amazonía. El Amazonas se bifurca y entramos en el río Marañón (río que para muchos es ya el Amazonas en sí mismo). En San Jacinto, a una hora y media San Martín, río abajo, y viajando en bote, Robby Caro, técnico de la Agencia Agraria, nos invita a profundizar en el mundo eminentemente agrícola de estas comunidades, a las que ahora afecta el cambio climático: “Antes, las inundaciones no eran tan fuertes. Hacía cincuenta años que no llovía así y nos dejó como si no fuéramos agricultores, nos dejó sin nada. La población migra a centros más poblados, más cercanos a la ciudad de Nauta. Hay una invasión en Nauta por las inundaciones y un problema social ligado al empleo, pero después vuelven, porque aquí es más fácil sobrevivir”.

Pedro Macuyama es agricultor 100%, de la comunidad 23 de junio, a una hora y media río arriba desde Grau, y nos habla sobre las herramientas que la Cruz Roja les ha entregado, cómo han facilitado el trabajo y cómo ha podido mejorar la producción. Dos vecinos le acompañan hasta su parcela y allí nos enseña su arroz, que ya está muy crecido: “Las semillas de Cruz Roja las sembramos en agosto, ahora me queda un mes más para cosechar. Nos han ayudado, estamos fumigando. Y ahora ya podemos excavar, antes era muy duro porque el tiempo que empleábamos en excavar era muy largo y lo perdíamos para otra cosa, ahora podemos fumigar, antes, cortábamos la hierba, ahora es más cómodo con la mochila de fumigar”, nos cuenta Pedro.

Cómo controlar las enfermedades que nos deja el agua

La salud de estas comunidades es muy vulnerable cuando hay inundaciones

La salud de estas comunidades es muy vulnerable cuando hay inundaciones. En zonas de selva e inundables todos los años, los índices de enfermedades diarreicas se disparan si no se toman medidas de higiene y proliferan las enfermedades respiratorias, al estar constantemente en contacto con el agua. La salud es uno de los pilares sobre los que hay que sustentar la respuesta a comunidades de zonas vulnerables cuando hay inundaciones, es una contribución más para recuperar sus medios de vida.

Roy Beder, técnico sanitario del Ministerio de Salud de Perú, trabaja en “la posta”, que es como llaman en la zona a los centros de salud. Roy corrobora con datos que la salud de la comunidad ha mejorado después de los esfuerzos que la comunidad ha invertido al poner en práctica medidas de higiene que desconocían, y nos habla de los casos de enfermedades intestinales que atiende ahora en relación al año pasado: “El año pasado, teníamos unos 15 casos semanales de diarrea, ahora son 1 ó 2, la población ha tomado conciencia de que hay que cuidar la salud. Con la llegada de los promotores de la Cruz Roja saben cómo prevenir. Lo más importante es cómo se ha concienciado en cloración de agua, aseo personal, limpieza de casas. Ya no vamos a volver al punto anterior , para que esto sea sostenible hay que seguir apoyando para que no se olvide Y seguir motivando a la población”.

 “Hay épocas, tanto en la vaciante como en la creciente, de enfermedades prolongadas. Neumonías, por ejemplo, y ellos no saben cómo afrontarlas. Por eso, el proyecto de Cruz Roja es muy novedoso”.

 En la comunidad de San Jacinto, unos 45 vecinos se reúnen en un salón comunal, para asistir a un taller sobre prevención de las EDAS (Enfermedades Diarreicas Agudas), todos son campesinos, y por vivir junto al río, y a veces, dentro de él, no les queda más remedio que pescar también para complementar su dieta. Carlos Santillán, promotor de salud de Cruz Roja Peruana, ha pasado la noche durmiendo en una lancha, arribada en la orilla del Marañón. La lancha, a pesar de estar flotando en el agua es un sitio seguro para dormir, más que tierra adentro. Lo que pasa también es que a Carlos le encanta su labor en las comunidades, y ha sido formado como agente de salud para trabajar en este área: “Hay épocas, tanto en la vaciante como en la creciente, de enfermedades prolongadas. Neumonías, por ejemplo, y ellos no saben cómo afrontarlas. Por eso, el proyecto de Cruz Roja es muy novedoso, porque enseñamos a que ellos solucionen sus propios problemas de salud con hábitos higiénicos”.

Prueba de estas mejoras está también lo que nos cuenta Delia Cárdenas, maestra del colegio de la comunidad de 23 de Junio. Nos habla sobre la comunidad en la que vive y trabaja, cómo progresa la comunidad y cómo han disminuido las enfermedades de los niños, que ahora faltan menos a la escuela: “Ya no hay niños que se enfermen. Había demasiada deserción escolar porque muchos niños tenían fiebre, diarrea, se quedaban acostados en la hamaca de su casa, ahora casi no hay eso. Antes, venían 8 ó 12 niños a la escuela, ahora asisten todos, aunque siempre falta uno o dos”. Delia lleva 10 años en esta comunidad, se casó y vino a vivir aquí. “Cuando yo llegué aquí la gente era muy descuidada, todo eso ha ido cambiando, se han ido dando cuenta, ellos siempre se lavan las manos, y nunca se enferman, a mis hijos no les ha dado varicela, ni diarrea”.

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