Andrés del Campo: "La puesta en marcha del Plan Hidrológico Nacional está más cerca"

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FENACORE
FENACORE es una asociación sin ánimo de lucro e independiente políticamente, creada en 1955, que agrupa a más de 700.000 regantes y más de dos millones de hectáreas, es decir, más del 80% del regadío nacional.

Personalidades

  • Andrés del Campo, presidente de Fenacore
  • Fenacore afirma que cuadrar los 25 planes de cuenca ha sido misión “casi imposible”

El presidente de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (FENACORE), Andrés del Campo, afirmó que “hoy es un buen día para los regantes” pues la puesta en marcha de un Plan Hidrológico Nacional está ya más cerca, después de que el Consejo de Ministros diera esta tarde luz verde a los dos últimos planes de cuenca pendientes y a dos de los más polémicos como son los del Júcar y el Segura.

Para Fenacore la principal razón del retraso en la planificación es la contaminación política del agua

Del Campo recordó que si bien la Directiva Marco del Agua (DMA) fijaba diciembre de 2009 como fecha máxima para tener listos todos los planes hidrológicos de cuenca, lo cierto es que hemos tardado casi cinco años en ver culminada la planificación hidrológica, lo que nos puede ocasionar cuantiosas sanciones de Bruselas por incumplimiento de los plazos previstos.

Para la Federación, la principal razón de este retraso no es otra que la contaminación política del agua o, lo que es lo mismo, los continuos enfrentamientos entre las distintas comunidades autónomas que, inmiscuidas en el proceso de planificación, han generado una ‘auténtica torre de babel’ donde cada territorio habla su propio lenguaje del agua, estableciendo su reparto en función de intereses políticos y no técnicos como correspondería.

El presidente de Fenacore afirmó que en estos años estamos pagando las consecuencias del grave error político que supuso ‘territorializar’ los ríos al haber permitido a las autonomías saltar por encima de la Constitución y apropiarse, a través de sus estatutos de autonomía, de competencias que eran exclusivas del Estado.

Además de la contaminación política del agua, otro de los obstáculos ha sido también la complejidad de los propios planes de cuenca españoles, donde se especifica de forma exhaustiva la cuantificación de las demandas, obligando a reflejar muchos más datos de los requeridos por la normativa europea, como ha ocurrido con los planes de las cuencas de otros países de la Unión Europa, mucho más simplificados.

Del Campo también se refirió a la enorme dificultad que ha implicado coordinar el reparto de agua de las 25 demarcaciones hidrográficas con las que España cuenta en la actualidad, más del doble que el resto de países de nuestro entorno para un número similar de ríos.

Fenacore recuerda que la política hidrológica de países como Alemania, Francia o Portugal es “infinitamente más sencilla”, ya que al organizar la gestión del agua bajo el paraguas de los ríos de mayor tamaño, simplifican el número de demarcaciones, consiguiendo que exista una mejor coordinación al organizar los recursos hídricos. 

Asimismo, el diseño de una política hidrológica cortoplacista que depende muchas veces del Gobierno de turno tampoco ha ayudado a agilizar la aprobación de los planes. Para Fenacore, lo deseable hubiera sido un consenso entre los partidos mayoritarios para que los planes que se proyectan en una legislatura –con un horizonte mínimo de seis años vista-, se ejecuten durante el ciclo político que corresponda sin depender de las prioridades de quien gobierne entonces, como ha venido ocurriendo hasta ahora.

Según Del Campo, “si se hubiera priorizado en la planificación española el interés general de los ciudadanos en lugar de el interés localista de las comunidades autónomas, seguro que la planificación hidrológica se resolvería en su plazo y sin dificultad ni recursos entre las Administraciones intervinientes en cada plan de cuenca”.

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