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Aprovechar el poder de los humedales para hacer frente al cambio climático

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Sobre la Entidad

Ramsar
La Convención sobre los Humedales, llamada Convención de Ramsar, es un tratado intergubernamental que sirve de marco para la acción nacional y la cooperación internacional en pro de la conservación y el uso racional de los humedales y sus recursos.
Almar Water Solutions
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Es posible y necesario aprovechar mejor el poder de los sumideros de carbono más eficaces del planeta – los humedales – en los esfuerzos nacionales y mundiales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, afirma la Convención de Ramsar sobre los Humedales al celebrar el Día Mundial de los Humedales el 2 de febrero.

En un contexto en el que queda poco tiempo para reducir las emisiones mundiales de carbono en un 45 % antes de 2030 y limitar el calentamiento global a un nivel muy por debajo de los 2 °C, los humedales constituyen una solución natural para hacer que este gran reto sea más factible.

Wetlands and carbon

Los humedales como las turberas y marismas así como las zonas costeras y marinas como los estuarios, las lagunas litorales, los manglares y los arrecifes de coral son esenciales para regular el clima mundial junto con los bosques y océanos.

Las turberas, que solo cubren un tres por ciento de la superficie terrestre del planeta, almacenan el 30 por ciento del carbono de esta. Esto representa el doble que todos los bosques de la Tierra según el informe Perspectiva Mundial sobre los Humedales, publicado por la Convención de Ramsar.

Los humedales costeros y marinos, tales como las marismas saladas, los manglares y las praderas marinas, también son almacenes de carbono fundamentales.

El Acuerdo de París sobre el clima reconoce la función que desempeñan los humedales al limitar la cantidad de carbono presente en la atmósfera. Sin embargo, los humedales están desapareciendo tres veces más rápido que los bosques. Entre 1970 y 2015 se perdió aproximadamente el 35 % de los humedales del mundo debido a cambios en el uso de la tierra, el crecimiento urbano y el incremento de la agricultura, así como el desvío de agua de los humedales y el desarrollo de infraestructuras.

La pérdida de los humedales hace que estos sumideros naturales de carbono se conviertan en fuentes de emisiones que contribuyen al cambio climático. Las emisiones anuales de dióxido de carbono (CO2), el gas de efecto invernadero más importante, crecieron en torno a un 80 por ciento entre 1970 y 2004. Actualmente, las emisiones de CO2 resultantes del drenaje o la quema de turberas representan el 10 % de todas las emisiones anuales de combustibles fósiles.

Los humedales no son solo esenciales para el almacenamiento de carbono; también son fundamentales para la mitigación de los efectos de los desastres naturales, la adaptación a estos y el desarrollo de resiliencia frente a ellos. Cuando ocurre una catástrofe, normalmente se manifiesta a través del agua. Las inundaciones, los corrimientos de tierra, los tsunamis, las tormentas, las olas de calor y las sequías se están volviendo cada vez más frecuentes e intensos. Según la Organización Meteorológica Mundial, estos fenómenos se han duplicado en los últimos 35 años.

Los humedales costeros, como los manglares y los arrecifes de coral, amortiguan y reducen el impacto de las mareas de tempestad y los tsunamis en las comunidades costeras. Los arrecifes de coral saludables, de los cuales se prevé que morirá el 90 por ciento con un calentamiento global de 1,5 °C, aportan el doble de protección que los arrecifes muertos.

Los humedales continentales son esponjas naturales, ya que absorben el agua de lluvia, reducen las inundaciones y retrasan el inicio de las sequías, absorbiendo el exceso de agua.

“No estamos indefensos para luchar contra el cambio climático en el poco tiempo que tenemos. Las soluciones las tenemos justo delante y los humedales son una de ellas. Pero el mundo tiene que entender plenamente la relación entre los humedales y el cambio climático. Debemos empezar poniendo fin a la destrucción y degradación de los humedales y restaurando los que se han perdido”, insta Martha Rojas Urrego, Secretaria General de la Convención de Ramsar sobre los Humedales.

Los beneficios de adoptar este enfoque son claros y pluridimensionales. Por ejemplo, al restaurar 10.000 de las 45.000 hectáreas de manglares que habían desaparecido en el Senegal, el país almacenará medio millón de toneladas de CO2 a lo largo de 20 años. El mayor programa mundial de reforestación de manglares también protegerá a 200.000 personas de las tormentas y reforzará su seguridad alimentaria al incrementar la producción de arroz y pescado.

Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia están llevando a cabo una intenso esfuerzo de restauración de las turberas nórdico-bálticas en el marco de sus iniciativas para regular el cambio climático. El drenaje del 45 % de estas turberas es responsable de casi un 25 % de las emisiones anuales de CO2 de la región.

Querer es poder. Con los humedales tenemos una manera de salvar a nuestro planeta

En Asia, se calcula que el beneficio de los manglares del sur de Tailandia en materia de protección frente a las tormentas equivale a 10.821 dólares de los EE. UU. por hectárea. Se están restaurando los manglares en el estuario del río Krabi para proteger a las comunidades costeras de las tormentas tropicales, e Indonesia se ha comprometido a restaurar dos millones de hectáreas de turberas en respuesta a los devastadores incendios de 2015-2016, causados por la sequía y el drenaje de las turberas.

Se necesitan iniciativas como estas y de otro tipo a una escala mucho mayor en todo el mundo. Cada esfuerzo conjunto realizado a partir de ahora para proteger, restaurar y utilizar los humedales de forma racional será importante, y cada iniciativa multiplicará los avances hacia la limitación del calentamiento global a un nivel inferior a los 2 ºC.

Estos esfuerzos se ampliarán en gran medida si se incluyen los humedales y los múltiples beneficios que estos brindan en las políticas nacionales sobre el cambio climático y se garantiza la disponibilidad de financiación para la conservación de los humedales.

En la 13ª reunión de la Conferencia, celebrada en noviembre de 2018, las Partes en la Convención de Ramsar acordaron medidas para proteger, restaurar y gestionar sosteniblemente las turberas y los ecosistemas costeros, reconociendo que estos humedales tienen un peso muy superior a su tamaño en la ecuación del cambio climático.

“La tarea a la que se enfrenta el mundo es colosal pero no imposible. Querer es poder. Con los humedales tenemos una manera de salvar a nuestro planeta”, afirma la Secretaria General.

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